LA MARCA DE HUÁSCAR Y ATAHUALPA. Por Santiago Ortiz Crespo

25 de Agosto 2015

«La guerra fratricida fue ya inevitable. Las gentes pacíficas vieron con dolor este alistamiento para una lucha que había de ser cruentísima, motivada por pasiones tan violentas y odios tan encarnizados; y hubieron de llorar amargamente cuando las músicas militares anunciaron la salida de las tropas por la amplia vía abierta hacia el Norte, en dirección al Chinchasuyo: un respetuoso silencio los despedía, como fatal augurio de grandes calamidades». Horacio H. Urteaga, El fin del Imperio, 1935, 93

Ahora que comenzó el proceso de erupción del Cotopaxi, recordé a Huáscar y Atahualpa, dos incas hermanos que se fajaron a muerte mientras el gran nevado botaba fuego y rocas en 1532. Mientras los indígenas combatían, los oficiales y soldados españoles aprovecharon la guerra intestina y los conquistaron.

Hoy, cinco siglos después, la historia se repite: mientras el Cotopaxi erupciona   trabajadores e indígenas se pelean a muerte con el gobierno nacionalista de la Revolución Ciudadana, con su militancia obrera, indígena y popular, entre los shuar, los ashuar y los arutam, con lanzas de por medio, y la escala de agresión física y verbal se eleva progresivamente.

Mientras tanto, los jefes de la pelucolandia -Noboa, Nebot y Lasso- apoyan hábilmente las acciones de la izquierda social contra el gobierno, los agentes del Imperio neocolonial, se restriegan las manos, azuzando la bronca tras bambalinas y los medios de comunicación coinvierten el conflicto en exhibición.

Así fue y así vuelve a ser. ¡Buen espectáculo! ¡La naturaleza se enfurece y los conflictos estallan! ¡Los indígenas se pelean con los indígenas! ¡Los trabajadores con los trabajadores! ¡La izquierda se disputa con la izquierda!

Cotopaxi¿Qué pasó para que lleguemos a esta situación? ¿Cuál fue la causa de esta fractura que se profundiza hasta el punto de que es imposible razonar, dialogar, argumentar? Por qué se ha llegado a ese nivel de revanchismo y odio, entre dos polos que antes estuvieron juntos en la lucha contra la deuda externa, los marines yanquis, las trasnacionales? ¿Cuándo se construyó esta torre de Babel donde reina la confusión?

Hay varias pistas para explicarlo. Un indicio nos dan las redes sociales con sus altos niveles de agresividad: los unos acusan al gobierno de autoritario, los otros les acusan a los indígenas del paro de golpistas. Los unos niegan el carácter de izquierda al gobierno, los otros les tratan de ecologistas infantiles! ¡Se extiende el galimatías! ¡Viva el desconcierto! ¡Viva la intransigencia! ¡Insultos, ofensas, piedrazos, son los pasos previos para un ataque inmisercorde!.

La explicación de esa lucha fratricida no parece ser racional. Veamos. ¿Están de acuerdo ambos polos de izquierda en impedir las bases norteamericanas en nuestro territorio? Están de acuerdo el limitar las ganancias de las compañías petroleras y mineras? ¿Están de acuerdo en reducir el pago de la deuda externa? ¿Están de acuerdo en mantener las empresas estratégicas en manos del Estado? ¿Están de acuerdo en utilizar los recursos nacionales en inversión en educación, salud, vias de comunicación y crédito?   ¿Creen que es importante que haya un salario mínimo que reconozca los gastos de la canasta familiar? ¿Están de acuerdo en impulsar la producción nacional? ¿Creen que es importante sostener una política internacional soberana junto a los países hermanos? ¿es necesario impulsar una democratización de los medios de comunicación y evitar el monopolio mediático de las elites del país?

En todos esos puntos los militantes de ambos bandos seguramente están de acuerdo. De hecho respaldaron la Constitución donde se trazó la cancha del nuevo periodo. Es más, las dos fuerzas de izquierda tratarían de evitar que las elites dominantes del Ecuador, vuelvan a tener las riendas del poder y abran las puertas a las bases extranjeras, a los bancos y trasnacionales, se distancien de los países hermanos!

Pero en los hechos no se ponen de acuerdo. La furia y la ceguera no permite valorar la historia ni mirar la realidad. Inclusive se escriben artículos y libros arrebatados para ocultar lo poco o lo mucho que han hecho los movimientos sociales para desplazar al neoliberalismo y el gobierno para realizar reformas que le han permitido sostener el apoyo de la población. Yo no soy de los que considera que el pueblo se deja manipular; por algo será que durante una década el gobierno ha tenido la adhesión de la mayoría de los sectores populares.

Tampoco se ve que en los “dos bandos” haya una conducción política. La Coordinadora plurinacional se ha ido debilitando políticamente hasta casi desaparecer, mientras la Revolucion Ciudadana comete errores unos tras otro en el último año. Pero la tal “autocritica” fuerte palabra inventada por la izquierda no se practica. Ninguno de los polos es capaz de constatar los puntos de acuerdo y trabajar los desacuerdos. Lo importante es negar al otro. La lucha ni siquiera es política, pues hasta bandos en guerra como en Colombia, o entre Cuba y Estados Unidos negocian!

!Pero no nos preocupemos de buscar explicaciones racionales! ¡La lucha no es por razones o por argumentos! ¡La lucha es más profunda! ¡Estamos marcados por el odio fratricida¡

¡Seamos francos: el odio nos enceguece! ¡Serranos contra costeños! ¡Blancos contra longos! ¡Indígenas contra mestizos! ¡Ecuatorianos contra peruanos! ¡Izquierdistas contra izquierdistas!

¡Nos marcó la guerra de Huáscar y Atahualpa! ¡Y bajo la mirada de los conquistadores, de Orellana y Benalcázar que aprovecharon las divergencias!

Y con el fondo del Cotopaxi erupcionando!

¡Divide y vencerás!

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