LA SONRISA VERTICAL DEL POPULISMO. Por Tomas Rodríguez León

“La obediencia en las sociedades modernas es un vicio repugnante más que una virtud cristiana. Todas las atrocidades de la guerra son consecuencia directa de alguien que obedeció en lugar de pensar” Buenaventura Durruti

Todo empezó con los imaginarios que grafican la vigencia de lo horizontal, criticando el pasado vertical con la gracia placentera del poder.  La forma constante de la gesticulación incansable del verbo y la amplia sonrisa de  oreja a oreja, de este a oeste, se tomaron plazas y balcones, avenidas, idas y venidas.

La ironía y el sarcasmo de alegre apariencia se fue matizando de insultos e improperios con dosis de amargura cuando el gran timonel enfrentó las demandas ciudadanas  que  desdibujaron  sus sonrisa.   Sobre todo la neurosis se puso en evidencia  ante las manifestaciones  callejeras,  las malas conductas de los adolescentes y la rebeldía de las mujeres, fueron acontecimientos insoportables, insufribles. Nacieron y crecieron las amenazas hacia medios de comunicación, algunos proyectos de leyes se suscitaron y otros  abortaron  o fueron malparidos  (COIP, código laboral, Libertad de Expresión,  penalización del aborto hasta por violación, ley de aguas etc.)

La nueva expresión de verticalidad no solo se manifestó en la sonrisa: las manos se alzaron verticalmente en la asamblea  gobiernista, y desde arriba se fueron generando todos los edictos, hasta las disposiciones de dialogar o callar. Las verticales condiciones nada divertidas, redundaron sobre todo cuando el  pueblo trabajador se atrevía a pensar y a movilizarse por su cuenta, y la sonrisa cada vez más fingida se fue haciendo vertical.

La verticalidad del poder  intensificado, se fue  implicando seriamente  en un modelo de gobierno  piramidal nada risueño, que busco que todos acepten que quien manda está arriba y debe continuar allá arriba por secula seculorum, y así el altísimo creyó que ese posicionamiento haría del ciudadano sujeto obediente que el soberano era él  y no el pueblo llano, ‘ver mejor’ desde arriba , para vigilar y castigar seria la nueva carcajada donde  quien manda no pregunta, impone.

Verticalidad democrática que modificó dramáticamente  los sueños de quienes creyeron en Montecristi , y que recuperó la arquitectura gobernante de la vieja derecha con más autoritarismo. Omisión a la actuación del  pueblo que podrá  votar, pero no cuestionar al mandatario. Y una nueva convicción: ya no hay gobernantes elegidos.

El consejo de Maquiavelo – el Príncipe puede tomar una decisión, con tal de que sea capaz de ‘justificarlo’ – se hizo parte de la agenda post mortem de la fatalidad dada, al tiempo que también se recuperó la vieja consigna de la” partidocracia”:  ni un paso atrás (cuando la patria perdió Twinza) si de decisiones  se trataba.

Pero la capacidad crítica se multiplicó cuando el emulo de  Bismarck hizo suya la frase: el político piensa en las próximas elecciones; el estadista, en las próximas generaciones.  Y como tal se propuso reelegirse indefinidamente conjuntando la condición de político y estadista mesiánico a la vez. Somos un pueblo ingrato, gracias a Dios, que repite siempre “el muerto y el arrimado después de tres días apesta”.  Un pueblo al que no le gustan los indefinidos mal puede gustarle las reelecciones indefinidas.

¿Política o clínicamente? No está bien un indicador cuando se constata que el  salvador debe  descender del Cielo del poder y participar con el hombre en la tarea de redención, porque  el pueblo no puede ni debe ser actor de su propia salvación. Descender en auxilio del desvalido, del olvidado, del que nadie antes hizo nada por él, de la víctima del pecado original, es misión pastoral.  Y como Dios, premia y castiga, claro, no soporta  a los desobedientes, y dialoga solo con los congregados en  su  templo.

Pero los ‘desvalidos’, semianalfabetos, saben caminar  y caminan escuchando canciones  e himnos y su marcha de gigantes ya no se detendrá

….se le cuaja la risa en una máscara…

Foto: Nick Thompson CNN