FRENTE POLÍTICO SIN CORREA. Por Jorge León T.

Rafael Correa en campaña

15 de Septiembre 2015

La situación de Ecuador, económica y social, debería ser de preocupación urgente de todos/as, en primer término de la élite política. Pero Ecuador parece regresar a sus fantasmas del pasado en que cada uno mantiene sus posiciones y de suplemento rehusa el diálogo y la acción conjunta en alianza con los demás partidos o políticos.

La oposición hace, por momentos, un cuadro catastrófico de la economía, pero es más bien una situación crítica y requiere medidas urgentes no llegar al pasado no lejano en que todo se deterioró y volvió sombrío precisamente porque no se tomaron medidas a tiempo y los afortunados ganaron las decisiones políticas para salvar fortunas sin importarles que el país se hundía. Seguir en el auge de endeudamiento y gasto es camuflar las hechos y rehusar las indispensables modificaciones políticas que Ecuador ahora requiere con urgencia.

Sin embargo, no todo es lo económico, con la misma urgencia se debería enfrentar varias situaciones criticas en lo social que pueden modificar al Ecuador para volver uno de esos países en que la mejor de las propuestas no funciona porque sus relaciones sociales más elementales (aquellas con el vecino próximo o no) se han descompuesto y han cambiado la buena convivencia y confianza por la desconfianza y la inseguridad, encerrándose cada cual en sus muros protectores, materiales o no, que excluyen a los demás. Pues, hacia allá vamos. El narco tráfico, además, sigue implacable infiltrando los poros de la sociedad y corroe valores, principios e instituciones o la elemental dignidad personal. No creamos causa nacional para frenarlo. Este y otros problemas requieren de una sociedad civil activa pero es precisamente la que se sigue destruyendo. Frenar este proceso es indispensable; reconstruir una sociedad civil destruida tomará mucho tiempo y esfuerzos, sin garantía de nada.

La vida política empero sigue su dinámica de disputas y cada cual se centra en la “movida” que le da esperanza de disponer más poder.

Requerimos políticos que asuman causas y en primer lugar que puedan serenamente contrarrestar la crítica situación económica y social que siguen siendo escondidas por la propaganda oficial y sus rencillas primarias contra los contrincantes.

El fraccionamiento político no ayuda a la situación y es notorio que Alianza País ya está de bajada. Su persistencia en seguir en sus posiciones y actitudes le harán perder aún más aceptación en poco tiempo.

Correa además por sus ideas y actitudes le está dando en bandeja el poder a la derecha. Pero es una derecha sin brújula ni proyecto real, actúa prioritariamente por reacción y rechazo al gobierno o resucita ideas que la historia reciente ya debía haberla enseñado que no tienen sentido. Ecuador requiere innovación, construir un proyecto de sociedad, política y economía sustentable, convivial, realmente democrático, participativo y abierto al mundo, que se vuelva patrimonio de todos. Es la tarea que correspondería a las fuerzas políticas del centro a la izquierda.

Pero los que deberían converger se miden y se rechazan. Es entonces necesario iniciativas de la sociedad para crear un gran frente democrático del centro a la izquierda que cree presión pública, formule ideas y vuelva necesaria a esta alianza.

Sin embargo, esa alianza, ante la gravedad de la situación, no puede excluir a AP o a parte de ella. Es indispensable, en cambio, que Correa no esté, siendo el nudo de la discordia, responsable en amplia medida del deterioro socio-económico y político actual que por ética y ley ya debe simplemente terminar su mandato.

Alianza País si quiere pervivir y no ser quien continúa reforzando el deterioro, lo cual le costaría mucho políticamente, debe ampliar sus horizontes para ser parte de una alianza más amplia con un programa nuevo democrático y que permita enfrentar la crítica situación actual.

Posiblemente todo ello no tenga sentido para varios o sea inadmisible incluir a AP, pero ante el fraccionamiento político ecuatoriano, si se quiere mayoría para el ejecutivo y el legislativo, exige acuerdos que queramos o no. Si no, el país regresará claramente a su costumbre de condenar y culpar al otro, contentándose de una minina parcela de poder, sin que eso le de capacidad de acción que es lo que ahora exige la crítica situación ecuatoriana y lo exigirá aún más mañana.

Como las ideas pueden hacer su camino, dentro de poco, ante el deterioro socioeconómico, se comprenderá en la urgencia de aunar esfuerzos y en primer lugar de optar por una posición que no sea la de tener una buena causa y ser simples minoritarios, mientras otros hacen y deshacen el país.

Las fuerzas de izquierda están apeladas a asumir el contexto de una coyuntura crítica para construir un programa adecuado para la circunstancia y para construir poco a poco el post-correismo. Ello exige en primer lugar, recordar que las fuerzas políticas con que este sector cuenta, en votos y organización, son propios a una minoría y que la protesta no se traduce en votos, por lo general. Cierto realismo, por lo mismo, se impone.