ANÁLISIS: 13 DE AGOSTO: EL TRIUNFO DEL PARO DEL PUEBLO FRENTE AL ODIO Y LA DERROTA DEL CORREÍSMO* Por: Alfredo Espinosa Rodríguez**

20  de Octubre 2015

El presente trabajo, lejos de responder a purismos malintencionados o dogmatismos ideológicos, presenta a los lectores una visión crítica sobre el papel de los movimientos y organizaciones sociales ante el gobierno de la Revolución Ciudadana en un nuevo escenario de confrontación, donde está en juego la estructuración de un pueblo con cierta autonomía frente a un Estado conspirador.

Introducción:

El Paro del Pueblo, convocado el pasado 13 de agosto de 2015 por los dirigentes de los movimientos y organizaciones sociales no cooptados por el gobierno de Correa, fue un éxito. Sin embargo, luego de esta medida de carácter popular, surgieron varias críticas elaboradas por los intelectuales orgánicos del régimen, las cuales merecen respuesta, pues distan de la honestidad intelectual y se encasillan en fijaciones dogmáticas e incluso purismos ultraizquierdistas. Para Lenin (1918), esto era la sintomatología de “la enfermedad infantil del izquierdismo”.

Por ello, en este polémico ensayo planteo tres puntos a discutir: el primero, sobre los verdaderos beneficiarios de la Revolución Ciudadana; el segundo tiene que ver propiamente con el debate de los métodos de deslegitimación de los otros y; finalmente, la disputa por la constitución de un nuevo tipo de pueblo, que se gesta en las calles y que permite mantener vigente la utopía de un postcorreísmo que no abrace el pasado neoliberal.

Los ricos no comen mierda…

La movilización de las organizaciones sociales no cooptadas por el gobierno de Correa (FUT, Conaie, Ecuarunari, entre otras) que partió desde Tundayme (provincia de Zamora) el pasado 2 de agosto y llegó a Quito el 13 del mismo mes representó un nuevo intento de estos sectores sociales por exteriorizar en las calles su rechazo a la política antiobrera, clientelar, de confrontación y represión que promueve la Revolución Ciudadana; hecho que se posicionó por encima de las demandas de la clase media, relacionadas a las leyes de herencias y plusvalía.

En este sentido, la ausencia de narrativas elaboradas por los intelectuales orgánicos del correísmo sobre el manifiesto de Tundayme evidenció -parafraseando a Enrique Dussel- el encubrimiento de los otros como la patología congénita de la cual adolece el gobierno. Precisamente, el discurso y las acciones de la Revolución Ciudadana para defender la modernización del capital[1] son una muestra irrefutable de cómo el aparato estatal busca fagocitar toda forma de alteridad, entre ellas -desde luego- el sumak kawsay.

Pero también evidencia que los ricos en este país no comen mierda, a diferencia de lo que manifestó la presidenta de la Asamblea Nacional, Gabriela Rivadeneira, en su discurso durante el debate sobre la explotación del Yasuní. ¿Quiénes se benefician con la modernización capitalista en tiempos de Revolución Ciudadana? Los más ricos, según lo demuestra el ranking de los conglomerados empresariales que publicó el Servicio de Rentas Internas con fecha de corte al 18 de junio de 2015. En total, son 125 los principales grupos económicos del Ecuador que aumentaron sus ingresos durante el 2014 en un 6,81%, lo cual les permitió alcanzar una cifra nada despreciable de USD 48.400 millones.

Entre los grupos económicos que sobresalen se encuentran: el Banco Pichincha, el Consorcio Petrolero OCP Ecuador, la Corporación Favorita (Supermaxi o Megamaxi), los almacenes Juan Eljuri, el Banco Guayaquil (de Guillermo Lasso, líder del movimiento CREO), Produbanco, Holdingdine, General Motors, Corporación El Rosado (Mi Comisariato), entre otros que no sienten -hasta la fecha- los estragos de la crisis económica internacional (Expreso 2015).

La deslegitimación de los otros. Algunos puntos para el debate

La política correísta se sustenta en el argumento antidemocrático de Platón, quien sostuvo que esta es “la profesión/saber de los políticos/filósofos, y la no praxis socializada del demos” (Günner 2002, 21). Bajo este criterio, quienes desde el gobierno y Alianza PAIS fungen como doctos de la política -sin serlo- son únicamente aquellos que forman parte de la hegemonía del Estado, a través de las instituciones que dirigen.

De esta manera, como diría Eduardo Grünner, “la imposición de […] la democracia legitima la existencia, en sí misma antidemocrática, de la llamada “clase” política” (2002, 22). Este enfoque, que se convirtió en sentido común debido a su naturalización histórica, pone en evidencia a los integrantes del movimiento de gobierno como una clase política que se encuentra por encima del pueblo, enquistada en la institucionalidad de un Estado que conspira contra las reivindicaciones de los movimientos y organizaciones sociales, pues los considera poco menos que atrasados o premodernos.

Por ello, el gobierno desprestigia sistemáticamente demandas como las del Manifiesto de Tundayme que -producto del consenso entre las bases de los sectores sociales críticos y sus dirigentes- se propuso siete ejes estratégicos para articular la oposición de izquierda:

  1. El archivo de las enmiendas constitucionales;
  2. La reestructuración del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (Cpccs);
  3. La soberanía alimentaria y respeto a los derechos de la naturaleza;
  4. El respeto al derecho a la educación (intercultural, bilingüe, el libre acceso a la educación superior);
  5. La defensa de la biodiversidad y la no explotación del Yasuní;
  6. La derogatoria de los decretos 16 y 813;
  7. La restitución del aporte estatal del 40% a los jubilados y la devolución de los fondos de cesantía a sus legítimos dueños.

Esta fue la línea argumental que permitió a los movimientos y organizaciones sociales plantear la convocatoria para que obreros, indígenas, estudiantes y la ciudadanía en general se sumen al Paro del Pueblo, en el marco de un proceso de acumulación de fuerzas distinto al que planteó la burguesía, tanto en su forma de representación política como de clase. De esta manera, el 13 de agosto los ecuatorianos fueron testigos de la primera respuesta popular frente a la radicalización del proyecto político de Alianza PAIS, cuyo objetivo central es perennizar a Rafael Correa en el Ejecutivo y a su séquito, en la serie de cargos públicos donde hay toma de decisiones (Espinosa 2015).

Otro punto para el debate tiene que ver con la caracterización de la clase media que asistió a las movilizaciones y al Paro del Pueblo. Según dejan entrever los intelectuales orgánicos del correísmo, este grupo estuvo conformado por sujetos pasivos y meros receptores de mensajes fascistas[2]. No obstante, esta forma particular de entender la presencia de los sectores medios de la sociedad en las calles, bajo la simplicidad del modelo conductista (estímulo/respuesta, acción/reacción), desconoce e invisibiliza -por ejemplo- la presencia de ciudadanos mucho más politizados y críticos frente al régimen. Por ello, es un error creer que la clase media es una masa homogénea que puede ser atacada fácilmente y en su totalidad por mensajes fascistas y que su presencia el 13 de agosto respondía únicamente a ese tipo de estímulos reaccionarios, sin antes analizar el contexto de sus reivindicaciones, su papel histórico en las manifestaciones y su heterogeneidad.

¿Por qué motivo varios sectores de la clase media se sumaron a la movilización convocada por las organizaciones sociales críticas al régimen? Porque estos grupos intelectuales, profesionales y gremiales son conscientes de que el Gobierno les impone -con la aprobación de las enmiendas constitucionales en el pleno de la Asamblea Nacional- la desapropiación del derecho a ser consultados, más aún si se trata de un tema tan delicado como la reelección indefinida.

A pesar de las críticas del gobierno y de algunos intelectuales orgánicos de tinte “purista”, el carácter variopinto de la movilización le otorgó mayor legitimidad al Paro del Pueblo sin importar que la Secretaría Nacional de Comunicación (Secom) emitiera “constantes cadenas nacionales -por montos que hasta la fecha la ciudadanía desconoce- para desprestigiar la movilización” (Espinosa 2015); o el papel de Telesur exhibe de manera exclusiva las narrativas prefabricadas de “los partidos, movimientos y actores políticos que ostentan la hegemonía del Estado” (Espinosa 2015).

¿Qué sucede si Alianza PAIS cumple con su objetivo central, cuáles serían las posibles consecuencias? En primer lugar, que el Gobierno persista en sus intentos por reformar la Constitución de la República a su conveniencia, así como los cuerpos jurídicos de las instituciones del Estado, incluso de aquellas que todavía lucen en el papel como autónomas. En segundo, que la política de conspiración, confrontación y represión hacia los sectores sociales no cooptados por el Gobierno se mantenga; a tal punto que atropellos como el que sufrió Manuela Picq, pareja sentimental del dirigente de la Ecuarunari Carlos Pérez Guartambel, o los veintiséis de Saraguro se vuelvan tan cotidianos como la verborrea y los insultos del presidente de la República. En tercer lugar, que la radicalización del correísmo venga de la mano con una férrea disputa entre sus principales promotores y los integrantes de los movimientos y organizaciones sociales por la constitución de un determinado tipo de pueblo.

¿Qué tipo de pueblo construyó el correísmo durante más de ocho años y qué alternativa plantean los movimientos y organizaciones sociales?

En este punto es necesario recordar que, antes del Gobierno de Correa, el estado de inestabilidad política -producto del neoliberalismo- se tradujo en el derrocamiento de tres presidentes y la crisis del sistema financiero ecuatoriano llegó a su clímax durante esta etapa. Una de las consecuencias más palpables para la endeble democracia del país fue el vertiginoso desprestigio del sistema de partidos y la ebullición de movimientos políticos al escenario electoral. A esto se sumó la presencia cada vez más recurrente de ciudadanos cuasi organizados que, desde la Avenida de los Shyris, golpeaban sus cacerolas vacías como señal de rechazo al gobierno de Lucio Gutiérrez[3], precisamente en el mismo lugar donde protestó la clase media contra Correa.

La crisis de gobernabilidad generó en los ciudadanos lo que René Zavaleta Mercado denominó “sentimientos autoritarios y anhelos de autoridad en las masas” (2006, 33). Los mismos que se enfocaron -por mencionar- en conseguir una relativa estabilidad política y económica, prácticamente a cualquier precio. Este tipo de pueblo, que vivió más de dos décadas de neoliberalismo, es el de las “masas no auto-representables” (Zavaleta 2006, 33-34). Es decir, este era un pueblo que no se representaba a sí mismo ni tampoco se sentía representado por la clase política dominante (la partidocracia).

El ascenso de Correa al poder permitió estructurar todo un sistema clientelar[4] que dio origen a un nuevo tipo de pueblo: el de “las masas de maniobra”[5] (Gramsci 2001). Estas se manifiestan cuando el correísmo requiere demostraciones públicas de lealtad hacia el gobernante y su proyecto de modernización del capital; que dicho sea de paso, se encuentra encubierto en un lenguaje y simbología de izquierda para construir una imagen de un pueblo anclado, pero a la vez subalternizada al régimen.

La alternativa que plantean los movimientos y organizaciones sociales es la construcción de un pueblo con cierta capacidad de autonomía con relación al Estado. Mario Unda (2015) señala que “para el régimen correísta, la destrucción de las posibilidades de autonomía del movimiento popular, es una condición de su subsistencia; y que para el movimiento popular el mantenimiento de su autonomía es también la condición básica de su propia subsistencia”.

¿Cuál es la solución correísta ante este dilema? La aniquilación política, social y simbólica de la autonomía popular, donde confluyen los principales actores de las resistencias sociales de las décadas de los 80 y 90; es decir, los obreros y el movimiento indígena; pero también un sector de la clase media cercano a estos grupos y organizaciones; quienes en su conjunto constituirían una nueva fuerza política respecto al correísmo y la derecha neoliberal[6].

Bibliografía:

CEPY. 2015 “13 de agosto: el odio como argumento y la derrota como celebración”. Consulta: 26 de septiembre. <http://www.rebelion.org/noticia.php?id=202722&gt;

El Telégrafo. 2012 “El desafío de Rafael Correa”. Consulta: 24 de septiembre. <http://www.telegrafo.com.ec/noticias/informacion-general/item/el-desafio-de-rafael-correa.html&gt;

Espinosa, Alfredo 2015 “Breves reflexiones sobre la marcha y el Paro del Pueblo”. Consulta: 26 de septiembre. <https://lalineadefuego.info/2015/08/18/breves-reflexiones-sobre-la-marcha-y-el-paro-del-pueblo-por-alfredo-espinosa-rodriguez/&gt;

Espinosa Alfredo 2015 “Lo que no nos cuenta TELESUR”. Consulta: 26 de septiembre. <https://lalineadefuego.info/2015/07/28/lo-que-no-nos-cuenta-telesur-por-alfredo-espinosa-rodriguez/&gt;

Expreso. 2015 “Los grandes grupos económicos venden 48.400 millones en 2014”. Consulta: 24 de septiembre.<http://expreso.ec/expreso/plantillas/nota.aspx?idart=8124683&idcat=38269&tipo=2&gt;

Gramsci, Antonio 1926 “La situación italiana y las tareas del P.C.I.”. Marxists Internet Archive, 2001. Consulta: 26 de septiembre.<https://www.marxists.org/espanol/gramsci/tareas.htm&gt;

Grünner, Eduardo 2002 “La Tragedia, o el fundamento perdido de lo político”. Buenos Aires: CLACSO. Consulta: 24 de septiembre. <http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/se/20100613123714/2gruner.pdf&gt;

Ospina, Pablo 2006 “La crisis del clientelismo en el Ecuador”. Ecuador Debate: Revista Especializada en Ciencias Sociales, 69. Quito: Ecuador Debate, Centro Andino de Acción Popular. Consulta: 1 de julio. 2015. http://repositorio.flacsoandes.edu.ec/bitstream/10469/3837/1/RFLACSO-ED69-05-Ospina.pdf

Unda, Mario 2015 “Movimientos sociales y grupos subalternos”. (Conferencia, III Congreso Latinoamericano y Caribeño de Ciencias Sociales, Quito: FLACSO, 27 de agosto, 2015).

Wolf, Mauro s.f., “La investigación de la comunicación de masas”. Consulta: 26 de septiembre. <https://casamdp.files.wordpress.com/2013/08/wolf-investigacion-de-la-comunicacion-de-masas.pdf&gt;

Zavaleta, René 2006 “Formas de operar el Estado en América Latina (bonapartismo, populismo, autoritarismo)”. En René Zavaleta Mercado. Ensayos testimonios y re-visiones. Aguiluz, Maya y de los Ríos, Norma (coords.), 1:31-55. Buenos Aires: CIDES-UMSA.

* Artículo propuesto para la Revista Coyuntura, de la Universidad Estatal de Cuenca.

**Analista político; Comunicador Social por la Universidad Central del Ecuador; estudiante de la Maestría en Investigación de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Andina Simón Bolívar; exdirigente y exrepresentante estudiantil en la Facultad de Comunicación Social de la Universidad Central del Ecuador. Ha escrito varios análisis y artículos relacionados al ámbito político y comunicacional para lalineadefuego.info y rebelión.org

[1]La máxima expresión de esta modernización del capital la expuso el propio presidente Correa en una entrevista realizada por Orlando Pérez, subdirector del diario El Telégrafo, el 15 de enero de 2012. “Básicamente estamos haciendo mejor las cosas con el mismo modelo de acumulación, antes que cambiarlo, porque no es nuestro deseo perjudicar a los ricos, pero sí es nuestra intención tener una sociedad más justa y equitativa”.

[2]CEPY, en su artículo titulado: “13 de agosto: el odio como argumento y la derrota como celebración” manifiesta que: el grueso de la movilización “estuvo en el contingente de clase media, sectores de profesionales como médicos y periodistas, alimentados por el fascismo que representa Andrés Páez”. Lo propuesto por CEPY es similar a la explicación que sustentó la teoría de la aguja hipodérmica de los años 30, y que se resume en la existencia de una “conexión directa entre exposición a los mensajes y comportamientos: si una persona es alcanzada por la propaganda, puede ser controlada, manipulada, inducida a actuar” (Wolf s.f., 13).

[3]Vale recordar que el mismo Rafael Correa estuvo en las calles protestando contra el gutierrísmo sin que fuera calificado de saboteador o terrorista.

[4]Como señala Pablo Ospina (2006, 60), el clientelismo se convierte tanto en una herramienta de dominación como en un mecanismo de carácter hegemónico e ideológico. En el ámbito hegemónico, porque les permite a los subalternos la posibilidad de obtener los bienes que distribuyen los mediadores; y en el ideológico, porque el trato clientelar no es percibido como tal por los subalternos. Lo que se visibiliza es una relación de familiaridad y gratitud.

[5]En su escrito sobre “La situación italiana y las tareas de PCI”. Gramsci (2001), describe el concepto de masa de maniobra de la siguiente manera: “La misma opresión que el fascismo ejerce tiende a alimentar la opinión de que, estando el proletariado en la imposibilidad de derrocar rápidamente el régimen sea mejor táctica la que lo lleve, si no a un bloque burguesía-proletariado para la eliminación constitucional del fascismo, a una pasividad de la vanguardia revolucionaria, a una no intervención activa del Partido Comunista en la lucha política inmediata que permitiría a la burguesía servirse del proletariado como masa de maniobra electoral contra el fascismo”.

[6]Concuerdo con Alejandro Moreano, quien plantea la constitución de una tercera fuerza política. Sin embargo, considero que para ello es importante el papel de un sector de la clase media cercano al movimiento obrero e indígena: intelectuales, profesionales y gremios.

Foto: http://www.elnuevoherald.com