París, Damasco. Por Danny Gassman

La Batalla de Árgel. Gillo Pontecorvo, 1966

por dannygassman

“La diferencia entre nuestras bombas y las de ustedes, es que ustedes tienen aviones para lanzarlas sobre nuestras cabezas” Halima, combatiente del FLN. La batalla de Árgel, 1966.

LCashba luce abigarrada, tortuosa. Como los barrios pobres del Tercer Mundo. Del otro lado, la ciudad europea: amplias calles, limpieza, gracia. Como los barrios ricos del Tercer Mundo. En el primer mundo la diferencia entre una zona y otra, entre el centro y los suburbios no era tan dramática. Pero en el submundo del mundo los ricos y los pobres eran como dos variantes de la misma especie. Ahora, sin embargo, dentro del mundo rico, las ciudades están plagadas de submundo. Los Ángeles está invadido de Tijuana. Londres de Bombay. París de Damasco.

La Cashba no hace más que desangrarse sobre la ciudad europea, incendiando con su dolor a los buenos hijos de esa ciudad. El suburbio, la villa miseria, el poblado invaden la ciudad rica, los countrys, los barrios privados, los palacios modernos de espejos. El sonido de las bombas sobre Damasco, de las balas en Tijuana, de los cuchillos en Bombay comienza a escucharse del otro lado. Resuena el grito de los condenados de la tierra en el espacio feliz y anodino del mundo rico.

“No queremos su ayuda, decía un revolucionario africano, basta con que retiren su bota que nos aplasta”. Pero tal cosa no va a suceder. Volarán más aviones, irán más soldados, habrán más mentiras. Y, mientras los franceses, ingleses, norteamericanos invaden ruidosamente la Arabia, los árabes penetran silenciosamente en los arrondisements, los distritos, las calles de Harlem. Son silenciosos hasta que se hacen volar en pedazos y entonces, las bombas que no escandalizaron a nadie cuando caían sobre los niños sirios, iraquíes o palestinos, resuenan en todos los periódicos, en todas las televisoras, en todas las cuentas de facebook.

Si los franceses quieren vivir en Paz, si los estadounidenses quieren vivir en Paz, deberían sacar a sus gorilas del territorio en el que viven pueblos que hasta ahora nunca los han invadido. Es una cuestión elemental. Sé que los hombres honestos del mundo lo entienden así de sencillo. El desprecio que sienten los europeos por aquellos a quienes conquistaron y colonizaron es, sin embargo, mucho más grande entre los hombres que ostentan el poder. Su desprecio les llevará a continuar con la guerra que ahora invade sus calles. Hay demasiados intereses en juego y, además, el pueblo ha sido envenenado por el racismo y el odio a los extranjeros. En lugar de hacer la guerra contra los árabes, los franceses deberían hacer otra comuna de París, otra Revolución. Una Revolución contra la guerra y contra los poderes económicos que ahora mismo los gobiernan.