EL ARTE COMO ESTÉTICA DE LA LIBERTAD. Por Tomas Rodríguez león

Charlie Chaplin - El Chico 1921 c

El arte es una mentira que nos acerca a la verdad.” Pablo Picasso

Como forma específica de práctica social, el arte necesita ser representado y también el trabajo creador que sostiene el arte requiere ser liberado. Los artistas y los trabajadores hacen creación, recreación y su producto no es solo resultado de experiencias, concreciones y subjetividades. Es un efecto intencional que nace urgido por la necesidad de modificar objeto y entorno. En el caso de los artistas, el arte es INfiel reflejo de la realidad, de la cual se nutre pero no depende. Ocurre cuando rechaza el medio que le circunda o cuando le provoca nausea, sucede también en la belleza, la dimensión lúdica del amor o la contemplación sensitiva. El arte no mutila la realidad pero no se deja mutilar por sus pretensiones, ni agrega nada a la dimensión de “objetividad”. En el caso de los obreros, su arte concreto es martirizado por la enajenación del trabajo. Los artesanos libres serán mitad obreros y mitad artistas, vale.

Los aparatos ideológicos, culturales, pedagógicos y clínicos pueden insinuar y hasta caer a golpes a los artistas, promover visiones de futuro, diseñar purgas y matriculas oficiales, decirles lo bueno y lo históricamente necesario, pero el creador cree y duda, y más en la duda que en la fe, engendra nueva creación, creación critica. Si los artistas o los obreros se rinden a las gobernanzas, la mecanización hará resultados uniformes, objetos de plantillas homogéneos y feos, que a lo mucho son objetos desechables, donde el arte habrá perdido. ¡Hay del día en que los intelectuales se adhieren al poder, a cualquier poder¡

Para los artistas, los obreros y el pensamiento libre, la humanidad es centro o periferia, pero no omisión, porque el proyecto de emancipación es componente ético y estético de humanismo veraz. La revolución cuando autentica, tomará en cuenta a la estirpe de creadores en su apuesta y sabrán alistarse a tiempo, los militantes de todas las fuentes; los proletarios, los defensores de la vida con su ecología a cuesta, los que pintan poesía y viceversa, los mismos de siempre, no hay cabida para burócratas.

La función des alienadora del arte (misión pedagógica) rechaza los efectos enajenantes del poder y evade todos los dominios: requerimiento que despeja la conciencia autónoma objetiva, sin negar su dosis de locura, de nirvana onírico. Nunca será evasión, sino interiorización discrecional en una realidad auto percatada, canción de una supra realidad, una híper realidad, una sub realidad, o una realidad mágica. El arte cuando arte no hará nada para ser burro pie de quién miente o narcotiza a los seres humanos y a los pueblos. El arte no hace demagogia.

Desde un sentido abstracto, que nace de la subjetividad, el creador y su praxis serán parte del proceso de transformación, como herramienta crítica en asunción de responsabilidades creativas de quienes transforman lo concreto. Será el artista integrante del proyecto de emancipación, pero sin la carga del morral para exterminio

De otra parte, se podría cuestionar la militancia política de los artistas, o se validaría en forma exagerada su presencia militante como urgente. Desde nuestro punto de vista asumiríamos el enunciado de Sartre: “no me queda más opción que ingresar al partido comunista y perder mi libertad, o no ingresar al partido comunista y no hacer nada”.

Construir, crear, recrear será la mejor alternativa si se asume la militancia a partir de un pacto de no agresión contra las jerarquías del pensamiento acartonado que priman en los espacios medio salvajes y nada estéticos del poder anti poder.

La forma positivista y dogmática de análisis de los dirigentes, nada tiene que ver con la visión estética del creador revolucionario, que asume militancia. Y el artista será siempre un voto salvado en muchas decisiones, que en sus diferentes contextos, rechazará el enfoque determinista y mecánico de la opción que se oferta como alternativa. El militante artista, siempre estará en riesgo. Roque Dalton es un ejemplo doloroso de las malas consecuencias del artista crítico, donde los jerarcas del poder anti poder ensucian sus manos a nombre de la historia. La visión de la historia tiene otro prisma para los creadores.

Múltiples mediaciones dialécticas en los procesos invitan a los creadores y no creadores a ver el mundo como un objetivo a ser disparado, pero ahí también habrá discrepancias de miradas y lecturas. La visión mecanicista, negando la variedad de matices y hablando de coherencia entre variables objetivas y subjetivas de los llamados contextos históricos, será fuente de contradicción entre líderes políticos y seres poéticos. Las falacias de los pronósticos no son nada parecido a las utopías.

Digamos pues que la sensibilidad revolucionaria y la acción, trabajan por la credibilidad de paradigmas emancipatorios, y por eso mismo, la estética de la revolución obliga a renunciar a los totalitarismos unicistas y a respaldar el carácter plural de la gesta, si no es así no será libertaria y será fea y sucia la alternativa. El primer acto de generosidad será para con la diversidad que ofertan los creadores libertarios. La plataforma será libertad plena, bienestar material, lúdico y espiritual. Así, el poder político revolucionario se negará como poder opresivo al tener como norte principal la democracia más profunda y participación protagónica del pueblo creador con su vanguardia de creadores.

La centralidad de la utopía es desconcentración de creadores en libre expresión, perspectiva crítica frente al pensamiento único descalificador. Los vendedores de alegorías uniformes aparentan justicia que resultan catastróficas, porque son falacia contrarias al pensamiento utópico.

Reivindicar la utopía como proyecto de emancipación es establecer una crítica certera, a la fría comprensión dogmática del socialismo de uniforme, con sus esquemas vulgares que insiste en vender la estúpida noción de que la libertad y la necesidad están en tiempos diferentes.