LA IZQUIERDA NO ES REVOLUCIONARIA, ES REFORMISTA. Por Atawallpa Oviedo Freire

"Del porfirismo a la Revolución. Los revolucionarios" DAVID ALFARO SIQUEIROS (1896-1974)

01 de Diciembre 2015

Hasta ahora la izquierda en el mundo, a donde ha llegado a dirigir, ya sea, a nivel nacional, local, o particular, se ha limitado a montarse sobre las instituciones establecidas, o si han creado algo han seguido el mismo esquema verticalista de poder. No conozco ninguna experiencia en el mundo, por más pequeña que sea, que haya recreado un organismo o institución con un funcionamiento social amplio y con alta participación de la población. Ni siquiera sus propias organizaciones funcionan en forma diferente al esquema patriarcal liberal y reproducen el mismo sistema piramidal que dicen cuestionar del sistema capitalista de poder, donde las superestructuras están en la cúspide y las mayorías trabajadoras en la base de la pirámide.

El piramidalismo, sistema que fuera creado por el patriarcalismo y que ha alcanzado su mayor nivel en la etapa neoliberal y neodesarrollista del capitalismo, donde se ha logrado perfeccionar aún más la pirámide social y epistemológica antropocentrista. Sistema civilizatorio del que la izquierda no ha logrado salir de ese molde, sin que pueda rebasar la mentalidad vertical, fragmentaria, racionalista, ilustrista, en suma, positivista, por lo que en el fondo la izquierda es patriarcalista y antropocentrista, y por ahí también se explica sus fracasos. Incluso, muchas organizaciones indígenas, afectadas o influenciadas por la izquierda, tampoco funcionan en una forma concejil, horizontal, cooptativa y cíclica; sino en formas piramidalistas de poder. También muchas comunidades colonizadas, ya no funcionan orgánicamente por turno y rotación, sino que eligen mediante votación a directivas de tipo vertical y en especialidades.

La izquierda que ha llegado al poder, sea de un gobierno nacional, provincial o sectorial, máximo se ha montado sobre la institucionalidad colonial y la burguesa, haciendo algunos retoques y reajustes, pero de ahí nada raigal. A la final solo se han producido cambios de funcionarios, pero el sistema institucional primigenio ha seguido siendo el mismo. Logran hacer algunas obras y obtener ciertos beneficios populares (y lo demás se roban[1]) pero nada estructural, nada que implique el remontar y recrear otra forma de organización estatal, productiva, económica, y que implique un reordenamiento social profundo.

De ahí que la izquierda no es revolucionaria sino reformista, por más discurso radical y acciones violentas que hayan realizado (las mismas que además son expresiones patriarcales), y porque principalmente no se proponen modificar el poder lineal y hegemónico sino solo fusionarse al poder establecido incorporando a sus militantes, con lo cual, únicamente han logrado recrear nuevas formas de dominación dentro del mismo esquema piramidal de reproducción social (estatalismo).

La izquierda que ahora se opone a la izquierda populista en el poder (progresismo), y que al principio estuvieron en el gobierno o fueron parte de él, todos ellos procedieron a realizar y aprobar nuevas constituciones, pero las mismas solo lograron una ampliación de derechos y de funciones, es decir, una serie de reformas pero nada de fondo que implique avanzar y peor terminar con el sistema de estado burgués y mucho menos con el sistema civilizatorio y las epistemologías patriarcales. Incluso se equivocaron en muchos aspectos y lo único que consiguieron es centralizar aún más el poder en una sola persona. Por lo que también son izquierdas reformistas, pues no se plantearon ni procedieron a reestructurar el sistema colonial eurocentrista y tampoco lo han criticado posteriormente. Unos siguen defendiendo esas constituciones aprobadas y solo pretenden hacer ciertos reajustes, y otros quieren regresar al sistema liberal clásico de los tres poderes solo que más separadas las funciones, es decir, todos se proponen profundizar el mismo sistema nortecentrista de poder oligopólico. No he escuchado hasta ahora que hablen de un sistema asambleario, de una democracia horizontal, de un consejo de gobierno, de un poder representativo cíclico o toroidal, de una acción co-ejecutiva…

Todos, sean las izquierdas de la ex URSS, de China, de Cuba, de los progresismos actuales, o de las izquierdas en oposición a todos ellos, teóricamente se han escudado en el mismo argumento del centralismo democrático, de que en la etapa de transición deben funcionar en el sistema concentrado y hegemónico del partido y del gobierno, tanto para salir del capitalismo como en la construcción del socialismo, para solamente extinguirlo cuando se llegue al comunismo en donde habrá un sistema verdaderamente popular, descentralizado, asambleario, y en el que desaparecerá definitivamente el Estado, la democracia y los partidos políticos. Desde Marx, pasando por Lenin, Gramsci hasta los neo-marxistas, todos defienden el sistema popular o proletario centralizado piramidal. Por ahí, algunos han hablado de ampliar o de descentralizar la economía pero muy poco del gobierno presidencialista y nada del Estado verticalista. Incluso, revolucionarios como Rosa de Luxemburgo o Trotsky, que denunciaron al burocrático socialismo verticalista fueron perseguidos, puestos en prisión y asesinados, justamente por las izquierdas reformistas y las fundamentalistas, los dos extremos del patriarcalismo oligopólico. Y las izquierdas populistas reformistas siguen actualmente el mismo ejemplo, aunque no han llegado a asesinar.

La izquierda ha escrito y sigue escribiendo cantidad de libros, artículos, y han muerto miles luchando por la toma del poder, pero no dicen casi nada de qué es lo que van a hacer con el poder burgués: la desinstitucionalización del gobierno piramidal, la desestructuración del estado liberal, la descolonización del sistema social, la descivilización del paradigma patriarcal, etc. Creen que solamente estatizando y nacionalizando la producción y /o la economía ya es suficiente, o modificando las relaciones de propiedad o de apropiación ya se sale del capitalismo. Siguen sin entender que el capitalismo solo es un tentáculo entre los otros que constituyen el sistema-mundo piramidalista, que además genera antropocentrismo, racionalismo, materialismo, consumismo, racismo, sexismo, fundamentalismo religioso, etc. Y si no hay una acción transversal a todo ello solo reproducen el mismo esquema desde otro ángulo, como lo vemos claramente en China o Cuba.

De ahí que la izquierda hasta ahora no haya logrado salir del capitalismo y peor haya creado un territorio “libre”, ni un municipio emancipado, ni siquiera una universidad[2], ni una actividad productiva, ni una organización social, nada de nada. Se han tomado el poder o lo han ganado vía eleccionaría pero luego el poder del sistema los ha absorbido y los ha burocratizado, sin que hayan logrado nada sustancial a nivel institucional y ni siquiera hayan motivado a un empoderamiento de la sociedad en un alta conciencia social revolucionaria. A lo máximo cierta redistribución, pero a la final estas políticas han terminado en asistencialismo o clientelismo, que más bien han alimentado aún más su dependencia limitándose a esperar o a exigir que los gobiernos les den más obras y beneficios porque son “sus derechos ganados”, lo que en la práctica ha significado tan solo el desarrollo de la comodidad y del consumismo[3]. La derecha ha sido menos clientelar aunque más explotadora, con ello el pobre se ha visto obligado a despertar su inventiva para buscar su sobrevivencia y transformación, en cambio, la izquierda transforma al pueblo en un ente pasivo y desmovilizado, que tiende más a la caridad que a una creación revolucionaria.

Los únicos que hasta ahora se han salido de este esquema de la toma del poder son los zapatistas en la selva Lacandona y las comunidades autónomas de Oaxaca en México, ciertas comunidades kurdas en Turquía y Siria, la comunidad de Sarayaku de Ecuador, y los grupos anti-sistema (bio-comunidades, eco-aldeas, etc.) en varias regiones del mundo. Aquí también podríamos integrar a los llamados “pueblos en aislamiento voluntario” y ciertas comunidades “escondidas”, que ni antes ni ahora han sido integrados al sistema antropocentrista y todavía siguen siendo vitales, por lo que son los únicos pueblos verdaderamente “libres” (o en equilibrio) en todo el mundo.

En el caso de los zapatistas y de los kurdos, no han renunciado a la toma del poder sino que lo están construyendo, en cambio los grupos antisistema no se han planteado todavía la dirección del poder y no tienen una acción política amplia. Es obvio que están minando el sistema capitalista al crear sistema paralelos de vida y tienen una visión política anticapitalista en su práctica de vida cotidiana, pero no alcanzan a tener una acción política plena y decisiva a nivel de los poderes gubernamentales nacionales y sectoriales, por lo que algunas izquierdas los acusan de contrarrevolucionarios o retro-revolucionarios. Por el contrario, las izquierdas tienen una participación política total y luchan por el poder, pero no la están construyendo ni desde abajo ni recreando formas alternativas o subversivas de vida. Algo que faltaría profundizar en los zapatistas y kurdos, ya que no solo es suficiente cambiar la organización social y la forma de gobierno, sino las formas de producción y de habitación para que sea plenamente sustentable la nueva vida. En este sentido, el desafío para los revolucionarios es conjugar todo ello.

A este momento vale recuperar lo que decía Raul Zibechi[4]: “Las alternativas al capitalismo no nacen ni en las instituciones estatales ni en el centro del escenario político sino, como toda creación cultural y política, en los márgenes, lejos de las relaciones sociales hegemónicas y de los reflectores mediáticos. Es creación y lucha: se resiste y se lucha para no morir; se crean los mundos nuevos para no repetir lo viejo.”

Poco a poco, ciertos grupos y colectivos alternativos, como los autonomistas de tipo anti-sistema o contra-sistema, van entendiendo que será importante recuperar la dirección de sus naciones y territorios, además de la recreación de los nuevos sistemas sociales que lo vienen haciendo y que es lo más revolucionario que hay hasta ahora. Paulatinamente van tomando conciencia de que se deberá entrar a disputar los gobiernos cuando hayan más espacios con gente en otra conciencia y sea natural el cambio político, y de esta manera no se quemen o se domestiquen dentro del sistema oficial.

Algunos dirigentes indígenas también actúan en este sentido, por ejemplo, los que crearon las universidades indígenas desde otras formas y epistemologías a las del norte global, pero la mayoría de miembros del movimiento indígena tienen mucha influencia de la visión asaltadora del poder y solo se esfuerzan por llegar al poder liberal. En este mismo nivel están los grupos indianistas, especialmente en Bolivia y Perú, que tan solo siguen empeñados en tomarse el poder pero que no hacen nada por recrear espacios nuevos de vida ni por reconstruir territorios autónomos.

Las posiciones firmes de ciertos grupos que enarbolan el sumak kawsay (no: el buen vivir) en el caso de los Andes, tienen bastante claro esta transversalidad y multidimensionalidad, y están abriendo el análisis y el camino desde otros andariveles, viviendo la nueva vida en la cotidianeidad y participando activamente en la acción intelectual y política de masas.
NOTAS

[1] Todos los gobiernos progresistas, como los de Cuba, China, Corea del Norte son acusados de corrupción masiva.

[2] La Flacso y la U. andina creadas por gente de izquierda siguen el mismo esquema antropocentrista en su configuración interna y en los estudios que ofrecen. Totalmente diferente a la extinta Amawtay Wasi que fuera desaparecida paradójicamente por otras izquierdas. Peor la Yachay Tech, aquí un artículo resaltable de Sebastián Vallejo http://www.telegrafo.com.ec/opinion/columnistas/item/yachay-una-gran-ironia.html

[3] “El consumismo, decía Pasolini hace casi medio siglo, despolitiza, potencia el individualismo y genera conformismo. Es el caldo de cultivo de las derechas. Están cosechando lo que sembraron.”  Raül Zibechi http://www.jornada.unam.mx/2015/10/30/opinion/021a1pol

[4] La Jornada: Ciencia, salud y anticapitalismo