LA TRANSITORIA, TRIUNFO DE LA MOVILIZACIÓN POPULAR. Por Mónica Mancero Acosta

01 de Diciembre 2015

El espectro político electoral ecuatoriano se abrió cual abanico chino. La sorpresiva decisión del Presidente Correa de no postularse para las elecciones de 2017, a través de la maniobra de introducir una transitoria en el paquete de enmiendas, ha movido varias fichas del tablero político ecuatoriano. Se puede intentar perfilar varios escenarios, dependiendo de quién sea el heredero designado por el propio Correa, y de cómo la oposición enfrente estos escenarios, pero todos y cada uno de ellos implican una apertura del escenario político, aun éste más maquiavélico que supondría que la Corte Constitucional desaprobara la transitoria, reposicionando a Correa.

No obstante el gesto de Correa, al insistir en la enmiendas con la dócil complacencia de los asambleístas de su bancada, parece mostrar al menos dos hechos: uno es que hay una extraña y parcial comprensión acerca del hartazgo en buena parte de la sociedad ecuatoriana, causado tanto por sus políticas autoritarias como por un escenario de crisis económica, lo cual ha desembocado en la transitoria y su impredecible desenlace; y otro hecho, es que esta insistencia en que su Asamblea apruebe las enmiendas, con transitoria incluida, implica dejar una puerta abierta para su retorno en el período posterior.

Por ello, la movida estratégica de Correa es consolidar el Correísmo, aún sin él y a cualquier precio. La Revolución Ciudadana, entendida como un proyecto de cambio colectivo y participativo, hace tiempo que quedó sepultada. El Correísmo es la expresión de un proyecto político centrado en un líder y contiene tanto sus declaraciones programático-ideológicas, así como sus prácticas en el ejercicio del poder. El Correísmo abarca al movimiento político de Alianza País, y no al revés, debido a su carácter altamente personalista.

En una intervención entre ingenua y cínica, la presidenta de la Asamblea expresó el preciso día de las marchas del 26 de noviembre -cuando fue presurosa a la Plaza Grande pues no tenía la menor intención de quedarse para observar la marcha de los movimientos populares, menos todavía escuchar sus petitorios- que las enmiendas tienen por objetivo consolidar lo que ella aun sigue denominando “el proyecto político” es decir, el Correísmo. Todo este comportamiento de la bancada oficialista que se hace eco irreflexivamente, que asume como esponja lo que el poder del ejecutivo manda, me recuerda una frase de Hamlet que estuve releyendo en estos días: “A fin de cuentas, esos son los oficiales que mejor sirven a un rey; quien hace como los monos con las nueces. Los guarda en el hueco de sus fauces, y allí primero los mastica, para después engullirlos. Y cuando él quiera lo que habéis cosechado, os exprimirá, y como esponjas que sois, de nuevo secos quedaréis”.

Se ha calculado que introducir la transitoria llevaría a la desmovilización popular puesto que los cuestionamientos acerca de las reformas se centraron en la reelección indefinida, y una lectura simplista de parte del régimen argumenta que “se le ha acabado el discurso a la oposición” acerca de las reformas constitucionales. No obstante, en mi percepción, hay un mal cálculo político, el paquete de reformas que no enmiendas, está siendo impuesto a sangre y fuego, y esto va a tener un altísimo costo político al régimen, y como ciudadanía estamos dispuestos a hacérselo pagar.

De todas formas, creo que hay que valorar en su justa dimensión la propia introducción de la transitoria, lo cual no está siendo suficientemente analizado. No han sido ni los diálogos ciudadanos, ni las encuestas, ni la presión familiar sobre Correa aquello que le ha llevado a introducir la transitoria, sino la amplia y sistemática movilización popular la que ha conseguido este triunfo. Pírrico triunfo se podrá argumentar, dado que el paquete de reformas sigue en pie, no lo creo así. Haber logrado este retroceso del caudillo más obcecado e intransigente que el país haya tenido en estos últimos años, es un logro de la política de las calles, único camino que va quedando en una institucionalidad absolutamente cooptada por el régimen.

Si seguimos pensando que el régimen las maneja todas y lo mistificamos más allá de sus reales posibilidades y alcances, nos hacemos un flaco favor a la izquierda y a los movimientos populares. Las debilidades, carencias y torpezas del Correísmo son múltiples y es necesario irlas desenmascarando una a una. Ese es el papel que toca jugar ahora; análisis, movilización y propuesta. Pero hemos logrado ya abrir el escenario electoral y político en el que todo puede pasar. La fatalidad del Correísmo no existe, en la historia no hay determinismos ni fatalidades, por ello se debe encarar este nuevo escenario con trabajo colectivo, creatividad y sagacidad.