EL CIERRE DE CICLO: LA DEMOCRACIA SECUESTRADA. Por Napoleón Saltos Galarza

7 de Diciembre de 2015

Un sabor amargo

Siento un sabor amargo en la boca. Mastico arena en los dos carrillos. No puedo festejar la victoria, porque no es mía; no puedo llorar la derrota, porque tampoco es mía. Sé que se trata de “revoluciones” que no se atrevieron a saltar el muro del capital y dar el paso al poder de los de abajo, apenas alcanzó para algunas políticas redistributivas. Sé también que llega nuevamente el capital con sus fórmulas de mercado renovadas, ya no sólo el “mercado libre”, sino “el capital libre”. Y entonces siento que repito con el poeta: “Nosotros no nos realizamos nunca. Somos un abismo que va hacia otro abismo -un pozo que mira al Cielo.” (Fernando Pessoa). Aunque tal vez me queda la leve esperanza de que en el Ecuador podemos cambiar la ley del péndulo.

Los hechos

La cuestión no resuelta por los denominados regímenes “progresistas” de América Latina es la de la democracia. Tres resultados: el triunfo estrecho de Macri en Argentina en las elecciones presidenciales; el triunfo amplio de la oposición en Venezuela en las elecciones parlamentarias con la posibilidad de un control de los 2/3, una mayoría que le permitiría modificar las reglas constitucionales; la imposición por mayoría parlamentaria de las enmiendas constitucionales en Ecuador.

Tres hechos que se mueven en el campo de la democracia representativa liberal, la regla de la mayoría en elecciones, como el espacio de la resolución de los conflictos políticos. Las ofertas de la democracia participativa, de la democracia protagónica, el poder desde abajo, han desparecido.

La tendencia

Se inicia el cierre del ciclo de los gobiernos “progresistas”. Pero este cierre no es un acto, y menos un acto electoral, sino un proceso de cambio de ciclo. El punto de partida es el paso a un período de escasez hacia una crisis económica profunda y la pérdida de la hegemonía electoral.

En Argentina y Venezuela, en el escenario institucional, se pasa a la cohabitación de funciones controladas por el gobierno y la oposición. En Argentina, la oposición controla el Ejecutivo, con una mayoría estrecha, pero no logra el control del Legislativo y del resto de funciones del Estado. En Venezuela, la situación es a la inversa, la oposición controla una amplia mayoría del Legislativo, pero no controla el Ejecutivo y el resto de las funciones del Estado. La presencia de una tercera fuerza autónoma, desde abajo, es débil.

En Ecuador, la posibilidad de superar la llamada “ley del péndulo” con el retorno de la derecha, la posibilidad de un escenario político a tres bandas, todavía está abierta. La aprobación de las enmiendas se dio con una movilización social de rechazo, mientras las voces de los alcaldes y de los representantes de la derecha se silenciaron cuando Correa anunció la transitoria sobre la reelección indefinida, para posponer la aplicación después del 2017. Abierto un nuevo espacio para disputar la representación política, la derecha antigua y renovada, plantea que los otros problemas son secundarios, o mejor se alinea con un acuerdo arriba.

Las enmiendas

La aprobación de las enmiendas, el 3 de Diciembre, por la mayoría parlamentaria de Alianza País, es el desenlace de un largo proceso de secuestro y degradación de la democracia.

La naturaleza de las cosas está en su genealogía. En el momento constituyente, Alianza País presentó la democracia participativa como el remedio ante la crisis de la democracia representativa-liberal. Reforzó los mecanismos normativos de participación: la consulta popular, la iniciativa ciudadana para la presentación de proyectos de ley, la revocatoria del mandato. Podía proclamar el cambio.

El secuestro empezó en el recinto de Monte Cristi. Dos metamorfosis: la mutación de la lucha por el poder para los de abajo, por la exigencia del reconocimiento de los derechos por los de arriba. Los derechos, vaciados de su relación con el poder y la economía, son el dispositivo para el vaciamiento de la democracia, para convertirla en un discurso abstracto, en donde constan todos los derechos que se puedan concebir, más alguno olvidado. Y el cerco de la visión garantista por visiones neoinstitucionalistas en la noche de Alexis Mera, mientras el Presidente de la Asamblea cedía pacíficamente su puesto de mando.

Se inició el paso al control del Estado como estrategia para modernizar el país, libre de los estorbos oligárquicos y de la resistencia de los movimientos sociales. El resultado, una democracia disciplinaria, una democracia secuestrada.

El segundo capítulo fue la consulta de mayo del 2011, como secuela del viraje post 30S, para el control de la justicia. Y ahora, con las enmiendas “políticas”, el tercer capítulo, el objetivo es la legalización de un régimen autoritario, sin controles institucionales ni sociales. Ya se anuncia un nuevo paquete de enmiendas “económicas”, para legalizar las privatizaciones e institucionalizar a los grupos emergentes.

La aprobación de las enmiendas representa un deterioro de la democracia tanto en la forma como en el contenido. En lugar de cumplir las promesas de la democracia participativa mediante una consulta, se impone la dictadura del voto parlamentario, con un cerco incluso al debate interno dentro de Alianza País. La figura es un parlamento sumiso.

Las enmiendas reducen los derechos democráticos: se recorta la capacidad de consulta popular “sobre cualquier tema”, queda legalizada la supremacía del aparato estatal, mediante los juegos de la Corte Constitucional y el Consejo Electoral. Reducen las atribuciones de los municipios en la educación y la salud. Instituyen la “policiación” de las Fuerzas Armadas, bajo el control directo del Ejecutivo, para el disciplinamiento de la población y para debilitar cualquier posición institucional autónoma. Se restringe la capacidad de actuación de la Contraloría, con lo que se instituye una mayor impunidad no sólo para el Ejecutivo, sino también para los Alcaldes y Prefectos, que fueron los más interesados en este cambio.

La lógica de las enmiendas está en la aprobación de condiciones para la vigencia del Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea: se elimina el derecho laboral a la contratación colectiva en el sector público; se declara el carácter de la comunicación como servicio, con lo cual no sólo se legaliza y refuerza el control de la opinión pública, sino que se abre la puerta a una nueva ola de transnacionalización de los medios de comunicación de masas.

La resistencia

La fuerza alternativa se expresa en las movilizaciones, como cauce para recuperar la autonomía del proyecto democrático-revolucionario. Puede ser germen o límite.

Un largo y difícil proceso de recuperación de la autonomía ante el gobierno y ante la derecha. Empezó en marzo del 2012 con la Marcha por la vida y el agua, y la resistencia al extractivismo-rentista. En el 2015 se expresa en las sucesivas marchas contra las enmiendas, con múltiples voces y sin sujeto.

La respuesta del Gobierno de Correa ha sido el refugio en el poder del Estado, bajo dos rostros: la mayoría parlamentaria obediente y la represión policíaca racista. El resultado es una victoria forzada en la legalidad y una derrota en la legitimidad. El tiempo político convertido en el cálculo de los intereses personales y de grupo, para repetir la historia del “Gran ausente”. La historia de “repite” como tragedia o como comedia, quizás vamos a la tragicomedia.

Entramos en un nuevo momento, continental y local. Allí está el dilema. Hay voces que anuncian que el camino es unir a “toda” la oposición, para derrotar al “tirano”. El objetivo de la salida de Correa subordina toda la estrategia. Y del otro lado está el lamento sobre los ataques del imperialismo y el peligro del “retorno al pasado”, la estrategia del miedo. “Un abismo que va a otro abismo”.

Allí está el reto: ubicar correctamente al “enemigo” y, sobre todo, reconstituir la esperanza, la credibilidad de un proyecto democrático-revolucionario en el corazón y la mente de las masas. ¿Cómo construir una alianza amplia en torno a un programa que deslinde campos tanto con el gobierno como con la derecha, para constituir un tercer polo autónomo, capaz de condensar el sentimiento del pueblo que empieza a tomar conciencia que estamos ante un doble fracaso, el del neoliberalismo que ahora busca un nuevo rostro, y el del “progresismo” que se hunde en medio de la incapacidad para enfrentar la crisis económica, la corrupción y el autoritarismo, y que es necesario encontrar una salida propia?

Una primera tarea es acertar en el escenario inmediato. Correa busca mantener centrada la mirada en el anuncio de un nuevo paquete de enmiendas, para que nos olvidemos de los problemas sentidos por la gente. Se requiere ampliar la plataforma de lucha hacia “abajo”, para enfrentar la crisis económica que empieza a golpear los hogares ecuatorianos con una oleada de desempleo, subida de precios y empobrecimiento; la corrupción que se presenta como “acumulación por desposesión” para constituir nuevos grupos económicos; y el autoritarismo y la criminalización de las luchas sociales. Y ampliarla hacia “arriba”, para reconstituir la conciencia antiimperialista y anticapitalista de las masas en el enfrentamiento a las nuevas formas de neocolonialismo y dependencia presentes en el Tratado de Libre Comercio (Acuerdo de Comercio) con la Unión Europea, la privatización de los recursos estratégicos y el endeudamiento externo.

Y, en segundo lugar, acertar en la respuesta al tema electoral. La fuerza de la izquierda ha estado en la capacidad de juntar las luchas sociales y las representaciones políticas. Requerimos superar un doble trauma: el principismo clasista que proclama la “unidad de la izquierda” como un proyecto marginal de alianza de los partidos legales de la izquierda; y la estrategia del “mal menor”, que de entrada nos coloca a la cola de una u otra variante de las fuerzas del capital. Estamos ante la posibilidad histórica de un viraje hacia la conformación de una alianza social-política que junte movimientos sociales y partidos-movimientos políticos de izquierda, como fundamento para una alianza amplia en torno a un programa democrático-revolucionario; ante la posibilidad de organizar todas las voces que se han levantado en defensa de la vida y de la esperanza de otro mundo posible. Todavía podemos desde el “pozo mirar al cielo”.