ECUADOR: ¿FRENTE DE UNIDAD ELECTORAL U OPOSICIÓN PROGRAMÁTICA?  Por Jorge Oviedo Rueda

 12 de enero 2015

JOR

 

 

LA HERENCIA DEL “PROGRESISMO”

La situación político-económica del Ecuador en el año electoral 2006 puede decirse que amenazaba con su desintegración. Había caos político (siete gobiernos en una década), crisis económica (el feriado bancario había herido de muerte la economía) y desesperación social (tres millones de ecuatorianos en la emigración).

La oligarquía se había blindado con la Constitución de 1998. De ganar las elecciones del 2006 dependía que pudiera aplicarla a su proyecto de privatización neoliberal. Se presentaban esas elecciones como un punto crucial del cual dependía el cambio o la permanencia del viejo dominio oligárquico.

El centro político, representado en Alianza País, logró una alianza inédita con toda la izquierda tradicional y los movimientos sociales en base a una plataforma mínima de cinco puntos reivindicativos que fue suficiente para derrotar a la desgastada partidocracia. Con una envoltura revolucionaria, meramente formal, durante una década Alianza País y su líder Rafael Correa Delgado  se han dedicado a consolidar y dar forma terminada al proyecto del Estado-nación que quedó trunco con la muerte del Viejo Luchador.

En eso consiste la tan manoseada tesis de la modernización capitalista de la economía ecuatoriana y, sólo en ese marco, es posible comprender la heterodoxia económica del régimen correista y desenmascarar su falso socialismo, no obstante lo cual, hay que señalar que la praxis del gobierno correista ha creado mejores condiciones para la lucha revolucionaria del pueblo. Lo hemos señalado en repetidas ocasiones, a la izquierda del proyecto correista sólo puede estar un proyecto revolucionario de izquierda, anticapitalista y posextractivista.

Pero en el 2006 no sólo estaba en crisis el modelo de acumulación en el Ecuador, estaba también en curso la crisis global del capitalismo mundial. Se trata -porque está en marcha-, de una crisis total de la civilización del capital que va de lo económico a lo social, de lo ´político a lo ético, de lo cultural a lo humanístico, crisis total que no podrá ser superada si no es con un cambio cualitativo en la naturaleza de la sociedad humana. El único recurso que tienen las fuerzas del orden para impedirlo es la guerra total que les permitiría mantener su dominio.

En las fuerzas del cambio que perciben este fenómeno no se puede decir que hay homogeneidad, hay niveles. Uno de ellos es el reformismo político-económico que actúa en la sociedad humana desde finales del siglo XIX y que a comienzos de este milenio se materializó en los gobiernos “progresistas” de América Latina, siendo uno de ellos el de Rafael Correa Delgado en el Ecuador.

Rafael Correa es un líder reformista que, a través de la consolidación del Estado-nación, cree que la meta histórica no es la transformación de las relaciones de producción, sino la redistribución de la renta capitalista y de la ganancia que, únicamente, se lo puede hacer a través de un Estado que intervenga, por medio de la renta, en la plusvalía del capital sin eliminarlo. En otras palabras, disminuir la explotación, no eliminarla, logrando de esa forma una mejor distribución de la riqueza social.

Diez años más tarde, a nivel latinoamericano, esa tesis no resiste la prueba suprema de la praxis. América Latina registra hoy una mayor concentración del capital y de la producción con el agravante de que existe una mayor incidencia del extractivismo en su economía. La fórmula de reforzar el capitalismo para avanzar a la revolución socialista, se demuestra gravemente equivocada. El capitalismo donde surge genera más capitalismo, es una ley que los líderes reformistas no pueden comprender, o mejor, que no quieren entender.

También la praxis demuestra que el modelo “progresista” no ha fracasado, por el contrario, se demuestra vigoroso y en marcha. La exportación de commodities y de recursos naturales no ha dado un paso atrás, ni en Venezuela, ni en Chile, ni en Brasil ni en ninguna parte. La reacción de la derecha neoconservadora lejos está siquiera de concebir alejarse de este modelo, lo mantendrá, dándole menos importancia al Estado, claro, pero lo hará, porque ese es el modelo de dominación de la globalización capitalista, son sus dos vertientes. El “progresismo”  le vendió al pueblo su modelo como una alternativa revolucionaria. El modelo neodesarrollista, como dice Fray Betto, anula las diferencias entre gobiernos “progresistas” y de derecha.

El peor daño infringido a los pueblos por parte del “progresismo” tiene que ver con lo ideológico-político. Manejan irresponsablemente el discurso socialista. Alianza País en el Ecuador ha invertido ingentes recursos en propaganda para identificar la construcción de carreteras con obra revolucionaria, cuando esa era una deuda secular de los gobiernos oligárquicos que nunca supieron siquiera crear las condiciones para llevar adelante sus propios negocios; o han hecho creer que las mejoras en la educación son revolucionarias o, lo peor de todo, llevan adelante una campaña permanente para convencer a la población de que se está “cambiando” la matriz productiva, cuando lo único que se hace es optimizar la matriz desarrollista para mercantilizar de mejor forma los recursos naturales. En este enfoque perverso del seudo discurso socialista está la peor trampa del “progresismo” porque crea una masa acrítica, convencida de una falsedad, punto que para las fuerzas revolucionarias resulta difícil de revertir. El asistencialismo característico de estos gobiernos se enmarca en esta pérfida concepción.

Fomentar el consumismo es otra de sus nefastas herencias. Una revolución con el pueblo, del pueblo y para el pueblo comienza por aceptar frontalmente que el camino está lleno de sacrificios y penalidades, no se da el lujo de crear una burbuja de bienestar, tanto peor cuanto, como en el caso del Ecuador, se invirtió todo el dinero del petróleo para adecuar los negocios de la oligarquía y no para crear las fuentes de trabajo que el pueblo necesita. Hoy tenemos carreteras, pero nos falta trabajo, paradoja inaceptable para quienes nos consideramos revolucionarios. No se aprovechó productivamente la bonanza petrolera, pero bajo el aforismo de que “no podemos ser mendigos sentados en un saco de oro” se abre las puertas al extractivismo, con lo cual el gobierno de Alianza País responde al capitalismo global y pretende identificar el “buen vivir” occidental con la noción del Sumak Kawsay ancestral.

El declive de los gobiernos “progresistas” y avance de la derecha dinosáurica lo explican los analistas de la derecha recurriendo a la teoría del péndulo, lo que consideramos equivocado. Se puede marchar hacia atrás, o marchar sobre el mismo terreno, sí, claro, pero sólo en razón de que no surja una vanguardia político-espiritual capaz de empujar la Historia hacia adelante. Si esa vanguardia existe, entonces el parto de la Historia dará sus frutos, lo que quiere decir que la espiral del desarrollo acelerará su marcha indetenible para permitir la ruptura. Si no surge, entonces, gran parte de la humanidad  seguirá en el infierno del hambre y las necesidades. Estamos frente a la disyuntiva del cambio profundo, no de la reforma. Los gobiernos “progresistas” de América Latina se equivocaron cuando quisieron hacer de nuestros países “un oasis dentro de la crisis del capitalismo global”[i], pero las fuerzas revolucionarias tenemos la obligación de luchar por la superación del capitalismo local y global.

Meter la cabeza en la arena es darle contenido a la falsa teoría del péndulo. El falso socialismo de Alianza País tiene, sin embargo, un mérito, haber puesto sobre el tapete los temas urgentes que el Ecuador debe superar para salir del subdesarrollo. Por ejemplo, está, en primer lugar, el tema del tipo de Estado que se necesita para avanzar revolucionariamente, concomitantemente con ello se ha planteado el tema de la democracia y, por último, la matriz productiva que se necesita si se piensa seriamente en cambiar de raíz el Ecuador. Tres temas fundamentales planteados por Alianza País pero no resueltos revolucionariamente y de donde la auténtica izquierda debe  partir para hacer la revolución.

¿MÁS DEMOCRACIA U OTRA DEMOCRACIA?

Un Frente Electoral que no defina un programa anticapitalista y posextractivista no está en condiciones de sintonizar las profundas necesidades del pueblo, entendido como ese conglomerado que es la suma de aquellos sectores que necesitan liberarse del capital y los que ha tomado conciencia de la tragedia ecológica que amenaza a la humanidad, o, dicho de otra forma, la unión de aquellos que tiene la obligación clasista de acabar con el capitalismo y aquellos que han tomado conciencia de que la civilización burguesa nos está llevando al abismo y quieren impedirlo.

No hay democracia en general, por arriba de todos y de todo, como una ideología con aureola seráfica. La democracia burguesa que está instalada en la sociedad humana, favorece a unos y perjudica a otros, en tanto no es posible que en sus marcos se pueda satisfacer dignamente las necesidades básicas de toda la población, sin excepciones. El discurso dominante trata a los electores como a una masa domesticada que tiene bastante con su derecho periódico a elegir a sus representantes. Este concepto de democracia, con todas sus variantes –democracia representativa, participativa, radical, o “más democracia”, como en el Ecuador plantean algunos líderes anti correistas-, ya no se sostiene en la realidad histórica, se impone un cambio a otro tipo de democracia, una democracia dinámica en la que las masas anticapitalistas y pro civilizatorias participen directamente en el proceso de toma de decisiones, antes y después de la toma del poder.

Esto no es posible si no se cambia la naturaleza del Estado. El Estado como Sociedad Anónima, en el que los accionistas mayores tienen el poder de decisión y que actúa desde hace más de doscientos años, debe llegar a su fin por decisión democrática del pueblo. Cuando esto suceda, el Estado empresarial será convertido en Estado anticapitalista y pro civilizatorio.

Este nuevo Estado, en manos de las fuerzas revolucionarias y pro civilizatorias, se encargará de cambiar, no sólo remodelar, la matriz productiva del Ecuador. Ese cambio  comienza en el régimen de propiedad, decretando la propiedad comunitaria de los medios de producción y priorizando la producción agrícola, basada en la mediana y pequeña propiedad.

Hoy están creadas todas las condiciones históricas objetivas para que se produzca ese cambio. La humanidad no puede seguir viviendo con un dólar diario y, en el Ecuador, el pueblo, con dos. La mejor forma de ayudar a la humanidad es hacer la revolución en nuestro país.

Que surja una vanguardia político-espiritual es el factor subjetivo que nos falta a los ecuatorianos para hacer la revolución. Una vanguardia que, teniendo conciencia política de la necesidad del cambio, tenga la textura espiritual para entender que el ser humano está hecho de los cuatro elementos, agua, tierra, aire y fuego y que tiene que aprender a respetarlos. No es una vanguardia al estilo leninista, no es proletaria, tampoco intelectual, peor ciudadana, ni siquiera una alianza obrero-campesina; es todo eso junto con aquellos que han tomado conciencia de la tragedia ecológica que vive la humanidad.

La democracia burguesa está sometida a prueba, porque no puede impedir la participación electoral de estas fuerzas pro civilizatorias y anticapitalistas y, sí así lo hiciera, estaría negando el derecho del pueblo a la democracia y a la libertad, con lo cual se justificarían otras formas de lucha para alcanzar el poder que, siendo insurgentes, serían absolutamente legítimas y constitucionales.

SI, SE NECESITA UN FRENTE ELECTORAL PROGRAMÁTICO

Principalmente por estas razones es que se necesita la conformación de un Frente Electoral Programático que reúna las fuerzas políticas que van de la izquierda hacia el centro, que aglutine a los sectores pro civilizatorios y a todas las minorías progresistas que se sientan coartadas en sus derechos. Es la izquierda revolucionaria, de nuevo tipo, la que hace de eje de esa alianza y se define por su posición frente al Estado, la democracia y el régimen de propiedad.

Pero que se defina como un Frente Electoral Programático no quiere decir que su prioridad sea el triunfo electoral inmediato, sino la difusión urgente de su mensaje político. Su táctica es la propaganda, su estrategia la toma del poder. Multiplicarse en el seno del pueblo, como células cancerígenas del capitalismo hasta producir la metástasis que provoque su muerte, ese es el objetivo, pero abiertamente, a la luz del día, llenando de gota en gota el recipiente hasta que una gota produzca el cambio cualitativo que se necesita.

Es por eso que Ñucanchic Socialismo, Nuestro Socialismo, considera que la verdadera discusión política en el Ecuador y América Latina sigue siendo entre reforma y revolución. Más de tres lustros después de la irrupción del llamado Socialismo del S XXI, la balanza se inclina por la revolución. Ñucanchic Socialismo entiende que ese es el sentido de la historia y que se tiene que contribuir con nuestra conciencia para que el cambio se produzca. Rafael Correa y Alianza País agotaron la reforma, es por eso que para sostenerse en el poder se tienen que inclinar a la derecha, con lo cual obligarían al pueblo a dar un salto hacia atrás, como ahora mismo sucede en América Latina.

Ñucanchic Socialismo está a la izquierda de Correa y considera que sólo un gobierno auténticamente revolucionario podrá salvar al Ecuador, de ahí que reitera que la verdadera discusión política gira en torno de los siguientes puntos.

LA PLATAFORMA PROGRAMATICA QUE PROPONE ÑUCANCHIC SOCIALISMO

  1. El equilibrio dinámico. Un país construido en el principio ancestral del equilibrio dinámico, tiene que surgir. Los nueve años de la Revolución Ciudadana no han podido instaurar ese equilibrio porque Alianza País fomenta y no estrangula el capitalismo.
  2. El cambio de la matriz productivasólo será real cuando se principalice la propiedad comunitaria sobre los medios de producción, dándole más importancia al agro que a la industria.
  3. El Estado. Para que sean posibles los dos puntos anteriores hay que tomar el poder del Estado. La restauración política es el acto consciente de los individuos en medio de sus circunstancias históricas. Luego de esta ruptura con el orden heredado, entonces se inicia –pero sólo entonces-, la transición hacia el pleno equilibrio de las fuerzas productivas y sociales en el cual nada, ni nadie, estarán excluidos.
  4. El sujeto del cambio. Todos los que tenemos conciencia de que la humanidad está al borde de la destrucción, somos el sujeto de la transformación. La crisis actual no es sólo la crisis del sistema capitalista sino la de su civilización.  De entre todos los que viajamos en esta nave sideral que se llama Tierra se junta una vanguardia político-espiritual dispuesta a asimilar la esencia del Sumak Kawsay Revolucionario. Esa vanguardia se prepara acercándose al poder de las hierbas sagradas, interpretando las fuentes, vestigios materiales y espirituales de las sociedades ancestrales y estudiando las ideas auténticas del pensamiento revolucionario de occidente.
  5. La dialéctica como método. No hay fórmulas ideológicas para construir el equilibrio, sólo el método dialéctico fusionado, ahora, con la herencia del pensamiento ancestral americano. Si en algo nos pueden servir las experiencias históricas del llamado “socialismo real” y la propia historia del capitalismo, será para evitar los errores cometidos. La construcción de la nueva sociedad del Sumak Kawsay es una experiencia inédita que cuenta sólo con la sabiduría humana acumulada durante milenios y el desarrollo espiritual alcanzado hasta nuestros días. Una sociedad de exclusivo desarrollo material sólo puede terminar en la destrucción; así como es imposible una de exclusivo desarrollo espiritual. La conjunción de ambos es la nueva Utopía.
  6. Si una vanguardia político-espiritualllega a controlar el Estado se produce un cambio cualitativo en su naturaleza: deja de representar los intereses de una clase y pasa a representar los de toda la sociedad. Las reglas del juego político del viejo régimen se vuelven obsoletas, se construyen, sobre la marcha, otras, que representan las nuevas relaciones de producción y de poder. Otra economía, otro sistema jurídico, otro sistema educativo, otro tipo de democracia. No existen fórmulas, todo depende de la dialéctica sustentada en el equilibrio estructural. La sociedad en su conjunto inicia un proceso heroico de creación de lo nuevo.
  7. Las formas de lucha. Toda forma de lucha contra el régimen establecido es válida, sólo que en las actuales circunstancias históricas se debe priorizar la contienda electoral. El accionar político del correismo ha permitido que los actores políticos pongan sobre la mesa todas sus cartas, motivo por el cual, la izquierda revolucionaria, Ñucanchi Socialismo -que es la nueva izquierda en el Ecuador-, tiene la oportunidad “democrática” de ser radical sin que eso signifique levantarse en armas, sino llevar, sin tregua ni descanso, una lucha ideológica frontal dentro de las normas de la “democracia real” que ahora existe. Tenemos derecho a demostrar que estamos a la izquierda del proyecto correista y a competir con él y con el resto de fuerzas. La democracia burguesa, para ser tal, tiene que aceptar la existencia de una fuerza política anti sistema. De no hacerlo se evidenciaría su naturaleza excluyente y autoritaria, es decir, antidemocrática y quedarían abiertas las puertas para otras formas de lucha.
  8. La matriz productiva. La tierra será el sustento de la nueva vida. Podemos prescindir de los bienes industriales; de los que nos da la tierra, no. Un sistema de producción agrícola en el que la industria sea complementaria a las necesidades básicas del ser humano, es posible. Ñucanchi Socialismo luchará por eso, hasta ver al Ecuador convertido en un hermoso emporio agrícola.
  9. La educación. A la par de la transformación de la matriz productiva se debe iniciar el cambio del sistema educativo, sin lo cual, será imposible consolidar el triunfo político. Nueva educación significa nueva ciencia necesaria para hacer realidad la armonía de las necesidades del ser humano con la naturaleza. Hay que enseñar a las nuevas generaciones a respetar su entorno, fin que nunca se logrará si se las sigue educando en la ciencia burguesa. Depurar la tecnología para ponerla a nuestro servicio y no, como es ahora, el ser humano al servicio de la tecnología.
  10. Ñucanchi Socialismo es ahora un movimiento, no dice ser dueño de la verdad ni que es el partido de la revolución, dice que quiere serlo. Amparado en sus derechos propone la discusión, convencido de que la polémica leal y honesta es el mejor camino para llegar al corazón del pueblo. Rechaza el silencio cómplice, la tesis criminal de “avanzar sin discutir”, la falta de interés en la autocrítica como instrumento de depuración de nuestras filas; condena la indiferencia política y rechaza la injerencia de la nueva derecha en el debate que la izquierda revolucionaria libra contra el correismo. Considera que las líneas generales de la discusión están planteadas entre el reformismo, con todas sus variantes, y la nueva teoría revolucionaria, aquella que se ubica a la izquierda del proyecto político de Alianza País y de su caudillo Rafael Correa Delgado.