UNIDAD: EL JUEGO MAQUIAVELICO. Por Atawallpa Oviedo Freire*

26 de enero 2016

Para Rafael Correa la Patria empieza con él, y según los anti-correistas se está extinguiendo con Alianza País. Para el correismo no hay que volver al pasado porque representa lo peor del Ecuador, y de acuerdo a sus contradictores, la “revolución ciudadana” está acabando con todo lo que se había conseguido. Para el correato la libertad de expresión se ha inaugurado con él, para los adversarios de Correa en estos años de gobierno progresista se ha conculcado la libertad y la democracia. Para el correismo el país ya cambió, para los opositores ha retrocedido profundamente. En síntesis, los primeros hablan de creación o de inicio y los otros de recuperación o de continuidad, los unos creen que son el más y el todo, y los otros que son el menos y el poco… Y así, casi todos los ecuatorianos: los de derecha e izquierda, los profesionales y los intelectuales, los ricos y los pobres, se inscriben en esta dicotomía creada por el correismo y en la que la mayoría de la oposición política ha caído en esta trampa en la que todos juegan: al antes y al después de Correa.

Aquellos que han caído en el juego maquiavélico de Correa están planteando la Unidad de todos bajo el argumento de la Patria está en terapia intensiva. Para ello, señalan que hay que rebasar las ideologías y los partidismos para hacer una gran convergencia democrática que detenga la destrucción del Ecuador. Recreando en el imaginario popular que la Patria se divide entre los correistas y los anticorreistas, y que no hay nada más fuera de ello. Todo lo cual, obviamente le conviene a la derecha y al correismo, pues saben, que el pueblo que asocia a Correa con la izquierda votarán por él y aquellos que son de anti-izquierda votarán por el candidato de la derecha. Así todo queda en casa, esto es, en la vieja derecha o en la nueva derecha (progresismo). De eso se trata el acuerdo al que han llegado las élites dominantes, y en la que ciertos “izquierdistas” juegan a lanzar gritos apocalípticos de que la Patria se hunde, promulgando a los cuatro vientos que todos deben deponer sus intereses personales para salvar al país. Ésta, una antigua tesis de la derecha ahora acogida por ciertas izquierdas disfrazadas.

En esta polarización hábilmente creada por el correismo y obviamente apoyada por la derecha, las oportunistas izquierdas de siempre están jugando sus cartas para asegurarse su futuro. Los que siguen dentro de Alianza País van a tratar de seguirse sosteniéndose en el ala derecha del correismo para mantener su cuota en el Partido y un puestito en caso de ganar las próximas elecciones presidenciales. Y los que están fuera del correismo, han decidido sentarse a la misma mesa y “mojarse el poncho” con la vieja derecha, bajo el argumento o el pretexto -sería mejor decir-, de que el Ecuador está en peligro de colapsar y de que necesita de todos sus hijos frente al fascismo de Correa. En otras palabras, la falsa izquierda actuando como caballo de Troya para que el pueblo perdone a la derecha y su obra: la sucretización, la tercerización, la precariedad del trabajo, las cartas de intención, el privilegio de la deuda externa,  las privatizaciones, la dolarización, etc.

Afortunadamente otras izquierdas, y una parte del movimiento indígena y los movimientos alternativos, han entendido que la diferencia entre la vieja partidocracia y la nueva partidocracia es tan solo formal, pues saben que en el fondo no hay mayor diferencia entre las políticas neo-liberales de la vieja derecha y las neo-desarrollistas de la nueva derecha. Lo que significa entender que el Ecuador no está mejor (correismo) ni peor (derecha) sino que está igual de siempre, esto es, que sigue dependiente del capitalismo nacional y de las grandes corporaciones, de que no se ha alterado un ápice la situación estructural del Ecuador colonial y republicano, que el país sigue siendo propiedad de una pequeña minoría. El pueblo desde la colonia hasta el día de hoy no ha tenido democracia económica ni libertad de participación y acción directa, por ende la democracia política y la libertad individual son solo eufemismos para que sigan reinando los mismos de siempre, o la manera de engañar al pueblo con una supuesta democracia y libertad de la que nunca han ejercido ni disfrutado.

Estas “izquierdas”, sí le hacen el juego a la derecha y a la restauración conservadora al unirse a ellos y ponerse a su cola –una vez más- con la esperanza de que así podrán recibir algunas migajas del pastel. Acaso estás izquierdas están listas para remontarse sobre la derecha y llevar el barco a su puerto, o por el contrario quedarán relegados como siempre ha sucedido. La izquierda y el pueblo tomados como catapulta para recuperar el timón por la vieja derecha. No han entendido la historia nacional, de cuántas revueltas populares siempre fueron aprovechadas y canalizadas por la derecha para consolidarse nuevamente en el poder. No han terminado de darse cuenta de que el correismo es solo la continuidad por otra vía y forma, de lo que han hecho también los otros gobiernos para servir al sistema empresarial privado que estructura y sostiene la Patria de pocos (La Patria ya es de todos).

Pero lo que  más indigna, es que gente de Pachakutik que se supone que están más allá del izquierdismo ortodoxo, planteen rebasar las ideologías a pretexto de interculturalidad. Claro, que desde una posición integral y vitalista hay que estar más allá de las ideologías (racionalismo) pero eso no significa desconocer que hay ideologías. Estamos de acuerdo, que en la conciencia o corazonamiento (pensamiento y sentimiento) complejo  debemos estar más allá de la lucha de clases, pero eso no significa desconocer que dentro del capitalismo hay lucha de clases. Por supuesto que en las culturas indígenas hay los conceptos de interculturalidad y plurinacionalidad, pero no estamos dentro de un sistema indígena sino en uno eurocéntrico. Claro, que hay que manejarse con otras categorías a las de derecha e izquierda que han sido impuestas por el norte-centrismo, pero eso no significa no darse cuenta de que el mundo occidental se maneja dentro de esa dicotomía y que por ende se debe asumir una posición frente a este dualismo. Como por ejemplo el hecho de declararse no ser de izquierda, lo que no significa ser anti-izquierda sino complementarios con la izquierda, como asimismo con el marxismo, el socialismo y todo el pensamiento anti-derechista de occidente.

Muchos indios colonizados o blanqueados, ya no entienden la filosofía indígena sino la del colonizado y quieren regirse bajo sus categorías y valores, o quieren acomodar los paradigmas indígenas a las alienígenas bajo el argumento de interculturalidad, cuando eso es cooptación al paraguas dominante o absorción al sistema estatuido. Es triste, ver como son acogidas las derechas  en la casa de Pachakutik, si quizás hubieran ido a pedir disculpas por estos 500 años de racismo y discriminación se justificaría, pero abrirles las puertas a los neo-colonialistas es dar la otra mejilla para que los sigan menospreciando. O acaso creen que la derecha ya no es colonialista ni segregacionista y que apoyan la interculturalidad y la plurinacionalidad.

Sin lugar a dudas hay que enfrentar al correismo pero no se trata de unirse con los Macri nacionales, para que luego de que ellos ganen pasen a cuestionarles lo que hagan contra el pueblo y los movimientos sociales, como sucede actualmente en Argentina. Es decir, no se necesita ser adivino para saber lo que va a hacer la derecha y no es que va a salvar a la Patria sino que van a seguir sirviéndose de ella como lo han hecho siempre. Lo que tampoco significa apoyar al correismo sino, buscar la unidad con los movimientos sociales y alternativos para realmente creer en la posibilidad de un cambio estructural y no en un nuevo gatopardismo como el que acabamos de vivir con el correismo. Hay que aprender del pasado si no se quiere repetir ese pasado de oprobio.

Entonces, ni antes ni ahora ha habido Patria, Democracia, Libertad, Progreso, Desarrollo…, simplemente han variado las formas de dominación de unos y otros, pero a la final todos han estado para defender el mismo sistema: el capitalismo salvaje o el capitalismo social[1] (aunque esto último es un oxímoron pues no puede existir un asesino bueno o un delincuente positivo).

Los discursos catastrofistas de que la Patria se está hundiendo son discursos conservadores de aquellas derechas e izquierdas[2] que quieren mantener el sistema liberal o continuar en el mismo Estado burgués y no rebasar a los antiguos y contemporáneos colonialistas. Son aquellos que enarbolan a la revolución francesa como ejemplo de libertades y de democracia, cuando lo que se produjo ahí o se generó es una forma más sutil de esclavismo con la aparición del capitalismo. Son los mismos que pontifican a la independencia de España, cuando todo fue simplemente “el último día del despotismo y primero de lo mismo” y ahora dicen que están luchando por la “segunda y definitiva independencia”. Y con ello quieren convencer al pueblo de que ha tenido Patria, cuando las mayorías nunca han tenido Patria y peor Matria, solo Patria-rcalismo: duro o sutil.

Confundir a Correa con el fascismo y decir  que deben “unirse, a pesar de sus enormes diferencias, Churchill, Stalin y Roosevelt”[3] (Nebot, Carrasco y González), no es una propuesta revolucionaria, mas por el contrario es contrarrevolucionaria, pues el estalinismo era igual que el fascismo de Mussolini o de Hitler, y a nuestro interior Nebot no es menos que Correa. Por otro lado, es no entender el fascismo económico del neoliberalismo y creer que es solo asunto de las formas políticas de esclavitud: abiertas o solapadas, descaradas o hipócritas, entre unos y otros. Insisto, los que dominan sutilmente no son mejores de los que lo hacen burdamente (Correa).

Sin embargo, mientras la partidocracia de antes y la de ahora siguen haciendo el juego al pueblo, a través de la pantomima de pelearse por tomarse la dirección del Estado, hay otros que ya están construyendo la nueva vida. Esa es la diferencia, entre la “farándula politiquera” (como diría el programa televisivo “En Corto”) y los que día a día están cambiando el mundo en una bio-comunidad, en una eco-aldea, en un pueblo en transición, en una cooperativa alternativa, en una reserva ecológica, etc. Cuándo despertarán las izquierdas y no provocaran más vergüenza ajena.

[1] https://lalineadefuego.info/2014/04/16/el-presidente-y-el-capitalismo-social-por-juan-j-paz-y-mino-cepeda/

[2] Es lo que sentimos muchos ecuatorianos cuando miramos la destrucción progresiva de la República, con la depredación de las entidades fundamentales y la búsqueda inocultable de convertirnos en un Estado fallido donde nadie da cuentas del manejo de los mayores ingresos fiscales de la historia. La impunidad dispone de su mayor fiesta desde 1830 cuando se fundó la República. Diego Delgado Jara, El Diario Manabita, 03 Enero 2016.

[3] ¡Abrid los ojos compatriotas! ¡La República está en terapia intensiva! ¡Recordad que para salvar a la humanidad del fascismo tuvieron que unirse, a pesar de sus enormes diferencias, Churchill, Stalin y Roosevelt! ¡Salvar la Patria amada nos convoca! Diego Delgado Jara, El Diario Manabita, 03 Enero 2016.

Foto: Ecuavisa.com