RAZONES DE ESTADO: Bloques petroleros 79 y 83. Por Mario Melo[1]

12 de febrero 2016

¿Por qué el Estado Ecuatoriano entrega dos bloques petroleros, el 79 y el 83, a la empresa china ANDES, justamente ahora, cuando el precio del petróleo ecuatoriano está muy bajo y sin perspectivas de mejorar?

¿Por qué hacerlo bajo un modelo de contrato, el de prestación de servicios, diseñado para beneficiar al Estado con los altos precios que tuvo el crudo hasta hace  dos años, pero que ahora implica que, de llegarse a explotar los bloques, la tarifa que pague el Estado a la empresa por cada barril producido pueda resultar más alta que el precio del crudo en el mercado?

¿Por qué entregar ahora esos dos bloques, en una zona de la que existe muy escasa información geológica, distante de cualquier infraestructura de transporte y en la que la operación sería muy costosa e impactante si, además, se presume que de haber petróleo éste sería pesado y por tanto poco rentable?

Con tan malas perspectivas de negocio, las interrogantes se multiplican:

¿Para qué afectar los últimos remanentes de bosques amazónicos en buen estado de conservación que le quedan al país, ahora que incluso se ha intensificado la actividad petrolera en el Yasuní con el proyecto ITT?

¿Para qué evidenciar la enorme contradicción en la que cayó el Gobierno cuando, para obtener la autorización de la Asamblea Nacional para la explotación del ITT, presentó un mapa en el que la localización de uno de los grupos de indígenas en aislamiento había sido convenientemente movida de la zona del ITT hacia el sur, sobre el bloque 83, donde efectivamente hay indicios de su presencia, tratando de eludir la prohibición constitucional de realizar actividades extractivas en los territorios de esos pueblos si, al poco tiempo, también iba a realizarlas en el bloque 83?

¿Para qué invertir recursos públicos pagando incentivos a los Saparas para que conserven el bosque en su territorio mediante el Programa Sociobosque, si de todos modos iba a promover el deterioro del bosque mediante la exploración sísmica y en caso de haber petróleo la explotación de los bloques 79 y 83 que afectan dicho territorio?

¿Para qué asumir el desprestigio internacional que acarrea el desacato de la sentencia de la Corte Interamericana que condenó al Estado Ecuatoriano por entregar el territorio Sarayaku a una petrolera sin que haya precedido una consulta libre, previa e informada, haciendo exactamente lo mismo, al entregar a la petrolera ANDES parte del territorio de Sarayaku sin que se haya realizado ninguna consulta a ese pueblo y el territorio de los Sapara y de otras comunidades  habiendo realizado apenas una socialización parcial que no corresponde a los estándares internacionales de derechos humanos?

Alguna autoridad debería dar al país respuestas sólidas a estas preguntas. Pero eso no sucede. Las respuestas, en el mejor de los casos son simples y propagandísticas.

Si dicen que lo hacen por el bienestar de las mayorías, por el buen vivir, para dar escuelas del milenio, carreteras, salud al pueblo… a estas alturas no es fácil creerlo. Proyectos petroleros desarrollados en esas condiciones no benefician al pueblo ecuatoriano, por lo contrario, lo perjudican pues enajenan a favor de intereses geopolíticos de una potencia extrajera las posibilidades de disfrutar de las mayores riquezas que tiene nuestra nación: su diversidad cultural y su diversidad biológica.

Si dicen que es por la necesidad de inversión extranjera… causarían pena. El gobierno ha anunciado el compromiso de ANDES de invertir 78 millones en exploración, cantidad ínfima en relación a las cifras que maneja la industria hidrocarburífera y a las necesidades del Estado.

Además, los conflictos socioambientales que evidentemente acarreará la decisión de desarrollar estos proyectos, atentan contra la paz social, la democracia, el estado de derecho, los derechos humanos,  valores innegociables de nuestra sociedad.

Si la evidencia nos indica que definitivamente perdemos con esos contratos, es válido explorar las respuestas por nosotros mismos.

Probablemente la respuesta la hallaremos en  los  Quince mil doscientos  millones de dólares en créditos que ha otorgado la China al Estado ecuatoriano entre 2010 y 2015[2]. Gigantesco endeudamiento, herencia del pequeño boom petrolero que duró unos pocos años que ya se fueron y que nos atará por muchos años que están por venir.

Como siempre, la cuenta del festín del petróleo se la pasan a los que no comieron en el banquete. Ahora pretenden que sea la gente de la selva, la que no disfrutó de la obra pública, de los sueldos de Yachay, del yoga en el Ministerio de la Felicidad…, la que tenga que pagar con su territorio, su selva, morada de sus espíritus, su tranquilidad, su sangre, el sofisticado estilo de vida revolucionario.

[1] Abogado, profesor universitario

[2] Ver http://www.thedialogue.org/map_list/

Foto: dw.com