¿REDUCCIÓN DE LA JORNADA LABORAL O DEL SALARIO? Por Tomas Rodriguez León

01 de marzo 2016
La producción capitalista no es simplemente la producción de mercancías: es esencialmente la producción de plusvalía
K Marx
Ya era regresiva la política laboral del gobierno, ahora es francamente neoliberal y corresponde a los esquemas del capitalismo salvaje.
La burguesía oligárquica se confabula con la burguesía burocrática en contra de los intereses y derechos de la clase trabajadora. Se pretende una contundente precarización del trabajo, excluyendo la sindicalización y la protesta. Se procura que los trabajadores no sean más factores de conflicto des-gremializando las formas de contratación, y se individualiza y fragmenta las relaciones sociales de producción a conveniencia de los empresarios. El modelo sucio de acumulación ha entrado en crisis  y corre ya sin tapujos ni empujos  hacia la derecha.
La crisis fiscal actual, que no afecta a la clase capitalista, deja atrás la pordiosera acción social, en tanto el gobierno incapaz quiere endosar a la clase trabajadora la responsabilidad o el manejo de sus consecuencias. El debacle jamás causado por los inocentes es presionado contra ellos por los culpables. Se repite la vieja receta burguesa; extraer más sangre proletaria, el guisado, saltar los episodios de recesión con sacrificios. Se mixtura otra vez la plusvalía absoluta con la plusvalía relativa. La misma cocina, los mismos ingredientes, cambia solo el chef llegado de la academia Belga y yanquee.
La plusvalía absoluta por intensificación de la jornada del trabajo se expresó en sobre tiempos, que en la práctica hicieron que la jornada laboral sea de 48 horas semanales, así, el salario alcanzaría al pan.  Ahora, la reducción de la jornada laboral es solo reducción del salario, es intensificar la jornada y suprimir los derechos. Ya es posible por mediación técnica incorporar plusvalía relativa (reducción aparente de la jornada y reducción del salario). Se optimiza así la crisis  en función de las ganancias capitalistas porque se promueve  la sobre explotación y  al mismo paso la  deconstrucción de  derechos de asociación y reclamo.
Perverso el sistema de contratación en el sector público donde los trabajadores estables solo son el 20%, el 80% restante desfilan rigurosamente al desempleo sin apelaciones ni indemnizaciones en una maldita modalidad de comer a turno cada dos años. Con esta experiencia mañosa se presenta el régimen a sus patrones capitalistas mostrando el destino manifiesto: los trabajadores formales estables y con derechos limitados se constituyen en una minoría en extinción. La igualdad laboral es un mito, el trabajo temporal y el paro forzoso se decoran con despidos unilaterales, evaluaciones punitivas, vistos buenos y sumarios administrativos, configurando una situación de miedo y desesperación.
La flexibilización laboral actual deja corta las maldades de la tercerización precedente, los trabajadores de esa modalidad tenían estabilidad relativa y salario igual. Los derechos de organización y sindicalización fueron reducidos, pero esto jamás se superó porque el estado con la externalización de servicios se constituyó en el primer mercerizador.  Cuando Montecristi vivía, la expectativa de poner fin a la tercerización jamás podría imaginar que el estado seria el nuevo tercirizador y el gran precarizador  de la estabilidad,  con todos los elementos facistoides de un modelo autoriotario que no sabe, ni puede, ni quiere, dialogar.
La sumatoria es larga en la demostración de la regresiva política laboral; el atraco a las utilidades de los trabajadores (dejando ilesas las utilidades de los capitalistas) el terrorismo laboral, que limitó la contratación colectiva, la progresividad del derecho y el acceso a la organización sindical, el chantaje laboral, la Ley Orgánica de Servicio Público  que instaló  despidos masivos, el Decreto  813 que estableció las  Renuncias Obligatorias voluntarias.
Al mismo tiempo los mecanismos de evaluación del trabajador, sobre todo calificado (médicos y maestros), carecen de fundamentación técnica: siempre discrecionales de las decisiones de autoridades de nominación política, llenos de entrevista subjetiva o evaluación intencional, proceden a descalificar, destituir, suprimir puestos. Los mediocres y oportunistas, los mismos responsables de la crisis y en sospecha de corrupción gobiernan la máquina infernal.
Mientras en Europa los sindicatos luchan por la reducción de la jornada laboral y la consigna de racionalidad impone trabajar menos para que todos trabajen, en la revolución ciudadana se configura el engaño y se impone la agenda al debate. El FUT puede estar cayendo en la trampa. El FUT debe pelear por la reducción de la jornada laboral a seis horas sin reducción del salario y proponer producir más con sentido de solidaridad de clase, incorporando más gente del ejército industrial de reserva. El FUT debe proponer que la única solución válida para superar la crisis es producción entre más con iguales derechos y no reducción de salario- trabajo  modelo atrasado, mascara para desmantelar derechos e intensificar la plusvalía y el plus valor de trabajo.
 
La voracidad  burocrática ineficiente y la voracidad capitalista eficiente  no tienen salida a la crisis, y los trabajadores debe actuar sin replegarse porque quien se repliegue es un gobierno en tobogán. La movilización es necesaria y debe continuar pero de impulsarse la organización con un plataforma plural para reconstruir democracia desde la perspectiva de la democracia laboral. Se debe responder a los niveles de cultura panóptica con más democracia en las organizaciones y en el entorno se debe pasar de sentirse vigilado a vigilar al poder en todas sus entrañas.
Lo que el régimen no propone ni la burguesía industrial demanda, es que es posible y deseable la reducción de jornada y salario en los burócratas mayores que por miles desfilan cual casta de mandamases oprobiosos. Inútiles que estorban, autoritarios que nada asesoran, retardadores de procesos y de servicios que ya no son de libre remoción sino de libre reciclaje. De ellos se puede prescindir hay que darles su despido voluntario obligatorio y hasta un bono de la dignidad (con descuentos por ineficiencia)
Definitivo: con la fuerza de los trabajadores romper las leyes de los explotadores