ENTRE LA ESPADA Y LA PARED. Por Jaime Muñoz Mantilla

08 de marzo 2016

Un régimen que controla, persigue, condena, encarcela, somete a la voluntad omnímoda del caudillo los asuntos del Estado, de la sociedad, de la familia. Un gobierno que insulta y despilfarra el dinero en campañas de propaganda, inacabables y mentirosas. Un gobierno que construye obras de infraestructura con sobreprecios descomunales. El gran engaño del socialismo del siglo XXI: mientras invoca al Che y canta el Venceremos, engorda las arcas de los poderosos, los monopolios condenados por la Constitución de 2008, burlada, atropellada y violada sistemáticamente. Gobierno que responde a las políticas de las transnacionales, voraces de materias primas y a las que concede el suelo patrio para desangrar el subsuelo. Defiende los perversos transgénicos que envenenan y permiten el monopolio de los alimentos en el planeta entero, Monsantos y afines, en desmedro de la soberanía alimentaria. Un estado “anti neo-liberal” que concede privilegios a la empresa privada mientras merma los derechos de los trabajadores, mentís categórico a su política de subordinar el capital al ser humano. Un gobierno cuyo caudillo reniega de su postura antiimperialista al firmar un tratado de libre comercio con la UE, tratado neocolonial, celebrado por la oposición neoliberal. El líder, enfermo de odio, castiga a los estudiantes “tirapiedras”, privándoles de su derecho a educarse en un plantel condenado y dispone “que estudien en colegios a distancia”. Orden suya fue.

Ahora mismo, a los menesterosos que ocupen terrenos para sus precarias viviendas, se amenaza con cárcel de hasta cinco años. Porque el gran paso de esta “revolución ciudadana” es convertir al país en un gran penal, pues los delitos, graves o leves, entre los cuales está la protesta social, conllevan años de cárcel. Como si ese fuera el camino que conduce al buen vivir. Un gobierno que enajena el país al capital extranjero, que empeña aun el oro físico a los chulqueros internacionales y que esclaviza a la nación vía endeudamiento al neo imperialismo chino. Un gobierno cuyas fuerzas del orden están ausentes en eventos como el del IAEN, en cuyo recinto los matones del presidente turco Erdogan maltratan a ciudadanos y ciudadanas que se manifiestan en contra del genocida del pueblo kurdo. El gobierno protesta, pero condena la “mala educación” de los manifestantes, a quienes amenaza con castigar. Es que había que reclamar “con altura” (estaban en un espacio académico): “señor Endorgan, le rogamos deje de asesinar a un pueblo”.

Todo esto, uno de los rostros del caudillo –por la gracia de Dios- que, con leyes represivas o sin ellas, decide lo que han de hacer no sólo sus subordinados del Ejecutivo, también los jueces del poder judicial, los asambleístas obedientes, el Consejo Nacional Electoral, el Consejo de Participación Ciudadana. Y el maestro de escuela. Y el estudiante secundario y universitario. Estado policial, espiando en todos los espacios de la sociedad, con pesquisas, soplones, cámaras de video y micrófonos para escuchar lo que dicen los ciudadanos que circulan en las urbes. Alianza País, el movimiento oficial, amorfo y sin más horizonte que el de las órdenes de Su Majestad, va cobrando las dimensiones del tristemente célebre Partido Revolucionario Institucional Mejicano. Estado de burócratas y plumíferos abyectos que compiten en adulos al tirano.

Este es el rostro de un proyecto frustrado. Esta es la RC degradada.

Y ahora, en la otra orilla, la de la oposición, la de la otra derecha: socialcristiana, democristiana, madera de guerrero, sociedad patriótica y algunos novísimos aspirantes a estadistas de pacotilla, el panorama es sombrío. Unos líderes –Nebot, Lasso, Gutiérrez- empeñados en recuperar el poder perdido, a fin de desmantelar el Estado, no por obeso sino porque su convicción neoliberal quiere la anarquía empresarial, el predominio del mercado, la ausencia de toda regulación que ponga freno a los abusos del capital; la sumisión al otro imperio, el del Norte “revuelto y brutal” –que dijera Martí- hoy medio divorciado de la RC entregada en brazos de la UE y de la pujante China capitalista.

En ese contexto, un coronel retirado que protesta, con razón, por el abuso presidencial de dar por terminado un contrato celebrado entre el ministerio de ambiente y el seguro social de las fuerzas armadas, sin decisión de juez competente alguno, justifica, no obstante, la presencia y presión de militares en un juicio contra oficiales comprometidos en los crímenes del régimen represivo y brutal de Febres Cordero (1984-1988). Dice que esos oficiales “salvaron al país del comunismo”, al liquidar a los guerrilleros de AVC. Como si fuera posible olvidar que líderes como Arturo Jarrín y Fausto Basante fueron asesinados, para luego afirmar que murieron en combate. En pequeño, retrato de los crímenes cometidos por las dictaduras del cono sur y la estrategia imperial del plan cóndor de los años 60, 70 y 80del siglo pasado.

Carece, la canalla neoliberal de posibilidades de un golpe de estado, ni cruento ni incruento. Como también carece de implementar el tal “golpe blando” con que los plumíferos y corifeos de la seudo revolución ciudadana suelen tratar de explicar la protesta popular por el despilfarro, la agresión a los trabajadores, la crisis generada, no sólo desde fuera con la baja drástica del precio de las materias primas, sino por el despilfarro y la corrupción de un régimen que hace aguas por todo lado.

La izquierda, la acusada de dogmática e infantil por el caudillo “por la gracia de dios”, luce débil, carente de coherencia y claridad en sus propósitos, dividida entre radicales que demandan un giro hacia la recuperación del sentidos revolucionario del proyecto primigenio de la RC, y condescendientes que claman por una unidad con todos, sin que importen ideologías ni principios.

Queda, tan sólo, la posibilidad de reestructurar la organización de la base popular, urbana y rural, de trabajadores, empleados, profesionales, maestros y estudiantes, desocupados –éstos que se incrementan velozmente por la crisis y el hambre- mujeres e intelectuales que no se quebraron ni cedieron a las tentaciones de una burocracia, ora conformista ora corrupta, beneficiaria del poder.