ES MÁS FÁCIL INCULCAR LA OBEDIENCIA QUE LA CRÍTICA” Pablo Ospina

Pablo Ospina. Foto El Comercio

El Comercio

05 Marzo 2016

Las leyes y el ejercicio del poder trascienden lo jurídico. Pablo Ospina mantiene la idea de que un individuo puede y debe rebelarse en defensa de sus convicciones.

Hablar en una universidad de lo buena y lo perversa que puede ser la obediencia dentro del orden social no tendría nada de extraño. Pero esta entrevista fue en la Universidad Andina, hoy enfrentada con el poder.  Pablo Ospina habla sobre hasta dónde se tolera la sumisión, la rebeldía y la obediencia por amor.

¿Hasta qué punto el orden social requiere de una población obediente?

Todo orden social se inculca de diferentes maneras. La educación es una o la socialización automática que se hace desde la familia: la obediencia a los padres, el temor al castigo.  En los años 50 se hicieron investigaciones psicológicas para saber hasta dónde se obedecían órdenes. Por ejemplo, obligar a alguien a pulsar un botón para generar dolor a otro. Cuando había dos personas juntas haciendo el mismo experimento, era más frecuente que desobedecieran porque se apoyaban. Cuando una persona está sola no tiene el soporte para hacerlo.

¿El miedo siempre condiciona la obediencia?

Más que un temor abierto es una predisposición automática por nuestra formación social; por lo que nos inculcan desde la primera infancia.

¿La que sale de la familia, de la escuela y de la iglesia?

Los últimos estudios sobre la dominación o la sumisión, muestran que la base primaria de la obediencia está ligada al amor y no al miedo, porque la inculcan tus padres ‘por tu bien’. Es difícil rechazar esas órdenes, porque las asocias al amor más que al miedo.

¿O tal vez es el miedo a traicionar ese amor?

Los modos paternalistas de obediencia y sumisión son más efectivos por estar vinculados a una serie de derechos y obligaciones de protección en relación a los más poderosos.

¿Por eso las religiones logran esos mayores espacios de obediencia?

Sí porque también vinculan al miedo a Dios. Pero, luchar contra eso ha llevado a filósofos y activistas a cuestionar el principio de la obediencia. El más famoso es Henry David Thoreau, quien en el siglo XIX se negó a pagar impuestos en EE.UU., porque consideraba que la guerra contra México para la anexión de Texas era injusta. Él decía que quienes financiaban esa guerra con sus impuestos eran cómplices y escribió ‘La Desobediencia Civil’ que inspiró a Ghandi, a Martin Luther King…

Y a los de Montecristi….

(Risas) En él, en Tomás de Aquino hay esa idea de que la resistencia a la opresión es una obligación imperativa. Thoreau insistía en que no es conveniente inculcar tanto respeto por la ley como por lo que es correcto. No se puede conceder nuestra aquiescencia a órdenes injustas. Este principio se utilizó en temas relacionados con la conducta de los militares y la violación de derechos humanos.

Cuándo obedecer y cuándo no se convierte en una discusión de tipo moral.

Y va con valores sociales de una época. Ni siquiera en los estamentos militares se puede obligar a nadie a obedecer una orden ilegal o que contravengan los derechos humanos. La objeción de conciencia para entrar en las FF.AA. es admitida en muchos países.

La concepción de David Thoreau sobre la desobediencia civil
alienta a este académico a enseñar, y a conversar, sobre las razones morales para cuestionar el poder y el orden.

¿Cuestionar a una cúpula militar por rechazar un asunto administrativo es algo fuera de tono?

Según la concepción de Thoreau, cuando se toma la decisión de desobedecer conscientemente una ley, también se asumen otras consecuencias como perder la libertad, el trabajo o ser separado de una institución. Ghandi planteaba que había que desobedecer todas las leyes inglesas injustas pero no había que depender de los ingleses.

Con el tiempo, las sociedades se vuelven más complejas y sus individuos necesitan de su trabajo, adquieren deudas, tributan, construyen un futuro para sus familias… En esta vorágine, no siempre caben los condicionamientos morales a la obediencia.

Es difícil estar desobedeciendo todo en una sociedad que es injusta todo el tiempo. En una sociedad debería haber un apoyo voluntario, consciente y deliberado de parte de los ciudadanos, respecto a las leyes. Pero tampoco se debe desobedecer algo porque simplemente no me conviene. Aquí cuenta el imperativo moral relacionado a valores y principios universales.

¿Qué pasa cuando se combate la rebeldía en nombre de la obediencia?

La rebeldía es una forma de expresión del descontento y es completamente legítima.

¿Y si los rebeldes se vuelven simples tirapiedras?

Veamos los contextos. Uno se mete con la Policía en un colegio y pretende que los estudiantes no reaccionen con violencia. ¿Cómo no hablar de rebeldía cuando se busca introducir por la fuerza el principio de autoridad?

¿O, mejor dicho, el principio de obediencia?

Si se lo hace, tarde o temprano, habrá una reacción. ¿Sería cuestionable si se hubiese resistido con violencia el dominio nazi? Para mí hubiera sido perfectamente legítimo.

Hanna Arendt, en su libro ‘(Adolf) Eichmann en Jerusalén’, describe a este militar encargado del genocidio judío, no como un hombre perverso y desequilibrado, sino como un ser obediente y racional.

El derecho moderno desecha cualquier argumento de obediencia en crímenes perversos. Eichmann hizo todo este daño sin cuestionarse, degradando a los judíos al nivel de animales.

¿Y por qué los judíos no se defendieron?

Hubo una sublevación importante en Varsovia. Pero muchos creían que portándose bien iban a salvarse. Este un buen ejemplo de cómo ese tipo de sometimientos no paga.

¿La obediencia puede colmar a una sociedad?

Es algún tipo de injusticia que reclama esa obediencia la que colma. Hay sociedades que han resistido enormes dosis de opresión sin rebelarse.

Arendt cree que tanta obediencia aísla a la persona en la sociedad.

El juntarse con otros nos da valor para rebelarse y desobedecer. Por eso todas las formas de dominación buscan dividir a una sociedad.

¿El poder busca la obediencia a como dé lugar?

La obediencia desde el miedo es inestable; por la voluntad y el consenso es más duradera.

¿Cómo se construyen sociedades más críticas?

La obediencia está ligada a la dependencia. Un campesino que sobrevive en una hacienda tendrá un comportamiento muy distinto al campesino independiente que tiene su propia tierra. La autonomía favorece el juicio crítico.

¿Se pueden cambiar los valores de una familia para criar individuos críticos?

Hay propuestas pedagógicas que posibilitan estos cambios.

¿Y por qué esos ejemplos no se multiplican?

Para una sociedad es más fácil inculcar la obediencia que generar individuos críticos.

Pablo Ospina

Estudiante del Mejía, licenciado en Historia y magíster en Antropología. Tiene estudios en México y Ámsterdam. Es docente del Área de Estudios Sociales y Globales de la Universidad Andina. Especializado en Ecología. Obtuvo el premio ‘Isabel Tobar Guarderas’ por su libro ‘Los Andes en movimiento. Identidad y poder en el nuevo paisaje político’, en el 2006.

Fuente: http://especiales.elcomercio.com/planeta-ideas/ideas/5-de-marzo-del-2016/es-mas-facil-inculcar-la-obediencia-que-la-critica