UN CAMBIO URGENTE DE PARADIGMA. Por Mariela Asensio

01 de marzo 2016

Hace algunas semanas rompí en llanto viajando en la línea B minutos después de darme cuenta que un hombre se masturbaba sobre mi culo. Así de simple. Al tipo se le puso dura y decidió sin ningún escrúpulo usar mi cuerpo para sacarse las ganas. Mi estado de shock fue tal que no pude emitir palabra. Yo, una mujer de 37 años, declarada feminista hace más de diez, y con una posición tomada sin titubeos, quedé completamente paralizada e indefensa. Salí de la formación y lloré, caminé varias cuadras llorando con ruido. De impotencia, de dolor, con una bronca insoportable. Pasó un buen rato hasta que pude hacer un llamado telefónico y recurrir a alguien para hacer catarsis y terminar de quebrarme.

Una semana antes, mi amiga Paola llegó a casa llorando. Me dijo que estaba muy triste, sus ojos brillaban de dolor y de espanto. Luego de soportar que la hostigase un buen rato un grupo de hombres en la parada del colectivo, el malestar se volvió miedo y se vio obligada a desaparecer. Buscar otro medio de transporte. Salir cuanto antes de la zona de riesgo. Paola ese día también caminó llorando, sintiendo la misma impotencia que sentí yo, la misma desprotección, la misma violencia.

Ambas supimos que ser mujeres nos pone en riesgo y nos expone a estas escenas en lo cotidiano. Y supimos también que las escenas pueden ser todavía más dramáticas, y hasta trágicas.

Marina Menegazzo, de 22 años, y María José Coni, de 21, dos jóvenes argentinas que vacacionaban en Montañita, Ecuador, fueron halladas muertas luego de desaparecer y de una búsqueda desesperada por parte de sus familiares. El ministro de seguridad ecuatoriano, José Serrano Selgado, confirmó que los asesinatos incluyeron ataques sexuales.

La reacción no se hizo esperar, explotaron comentarios de lo más variados aludiendo a la falta de precaución de las chicas, no faltó quien pusiera el grito en el cielo acerca de cómo es posible que las dejen viajar y a la deriva con lo peligroso que es para dos mujeres andar solas. Ni hablar de las especulaciones acerca de si tomaron alcohol, si fueron secuestradas o se fueron con los tipos por motu propio, y todo el consabido despliegue reaccionario que se manifiesta en los casos de feminicidio.

Esto no es ninguna novedad, los medios de comunicación y las redes sociales nos tienen más que acostumbrados a este proceder. Son incontables los ejemplos de casos en los cuales se pone el foco en la conducta “dudosa” y las “malas costumbres” de las víctimas, pero jamás se cuestiona suficientemente a los asesinos. Es más, hasta se los invisibiliza.

Siguiendo esta lógica podríamos pensar que aquel día en la línea B del subte mi boca estaba demasiado roja y mi vestido era demasiado corto. Consideremos también que Paola es demasiado rubia, demasiado joven, demasiado llamativa. Y bueno, el mundo se ha vuelto un lugar peligroso y debemos cuidarnos. Anularnos, vivir en el terror sin “provocar” situaciones de peligro. No llamar la atención de los hombres ni hacer nada que puede despertar en ellos el deseo de poseernos.

La violencia machista no se previene pidiéndoles a las mujeres que se cuiden más. Se previene cambiando desde todos los frentes el paradigma que construye violentos. Y entendiendo que las mujeres en ningún caso propiciamos que nos lastimen.

El problema no es lo que nosotras hacemos con nuestros cuerpos, el problema es que están convencidos de que nuestros cuerpos no nos pertenecen, y lo que es peor, que nuestros cuerpos son de su propiedad, que en cualquier momento pueden tenerlos. Esta construcción arraigada como la peste en lo más profundo del inconsciente colectivo nos está costando la vida.

El cambio empieza por casa. Empieza en nuestra propia cabeza.

NO quiero que ninguna chica deje de ir a bailar

NO quiero que las adolescentes resignen viajes y experiencias.

NO quiero que las mujeres debamos pensar tres veces qué ropa ponernos antes de salir a la calle.

NO quiero acostumbrarme a que ser mujer es peligroso ni a que es mi responsabilidad si me agredan por eso.

NO quiero vivir en un mundo que se adapta y que acomoda sus ideas reproduciendo lo peor de la cultura dominante.

NO VOY A ESTAR JAMÁS, EN NINGUNA ESCALA, AL SERVICIO DEL MACHISMO.

Fuente: http://damiselasenapuros.blogspot.com/2016/02/un-cambio-urgente-de-paradigma.html