DESMONTAR AL CORREISMO Y A LA PARTIDOCRACIA. EL MOVIMIENTO SUMAK AL PAIS

15 de marzo 2016

Desde abajo, por la izquierda, con la madre tierra y las minorías.

Desmontar solo el correismo sería volver al pasado para que la partidocracia se reinstale nuevamente. Hacer unidad con la partidocracia sería repetir la historia para que nuevamente se monte la vieja derecha, como los casos vividos por el movimiento indígena con Lucio Gutiérrez y el mismo Rafael Correa, que luego de ganar la presidencia inmediatamente les dieron la espalda. Entonces, no se trata solo de desmontar el correismo como sostiene la oposición en general, sino de desmontar toda la partidocracia, esto es, desmontar el sistema colonial y el sistema liberal-burgués como su continuación, profundización y modernización.

En este sentido, no hay que “recuperar la democracia” como sostienen algunos sectores -incluido las izquierdas-, sino de inaugurarla y de abrirla para que el pueblo pueda vivir una democracia integral o biocracia. Una biocracia plena, participativa y no delegativa a ningún estamento que le represente. Participación que no puede estar solo circunscrita a los partidos políticos, sino que debe abrirse el abanico a otras organizaciones de la sociedad civil para que también puedan ejercer el poder político. Así la política no sea monopolio de ciertos grupos o élites privilegiadas sino de todo el pueblo organizado. Para que ello sea posible, es fundamental salir de una democracia vertical e instaurar una biocracia horizontal y cíclica.
Todo esto significa un nuevo Estado, pues no se trata de “rehabilitar al Estado” actual, o de reajustar o reacomodar el mismo Estado burgués, como a la final lo hizo la constitución de Montecristi. Como tampoco se trata de salir del Estado obeso (estatismo-izquierda) para ir a un Estado pequeño (neoliberalismo-derecha), sino de recrear otro tipo de Estado más allá del colonial y el republicano. Y mucho menos, es cuestión de añadir la palabra plurinacional para que quede incorporado al mismo Estado, sino de realmente construir desde abajo un Estado plurinacional. El cual no puede seguir la misma estructura y el mismo esquema liberal, sino que tiene que buscar un equilibrio con el sistema indígena. De esta manera, lo indígena no sea integrado como minoría –como sucede actualmente-, sino que haya un replanteamiento del Estado que implique una real descolonización y por ende la incorporación plena del paradigma indígena en un otro Ecuador.
Los elementos centrales de este nuevo Estado deben ser la autogestión y la interrelación.  No la actual, en la que los denominados gobiernos autónomos y descentralizados siguen subordinados al presidencialismo y al Estado burgués, sino la creación de un Estado donde el poder vertebral esté en cada uno de los gobiernos cantonales autogestionados e interrelacionados. No estamos de acuerdo con la autonomía porque puede provocar la fragmentación, como de alguna manera ha sucedido en Bolivia. Dicho de otra forma, el Ecuador sea la suma de gobiernos municipales autogestionados e interrelacionados, esto es, un Estado no-presidencialista en la que un individuo decide por todos, sino un Estado concejil en la que los concejos cantonales tienen plenas atribuciones locales y están imbricados entre todos para configurar lo nacional (vertebración).
Esto significa un Estado al revés del actual, donde todo viene desde arriba y se parte de la generalidad, lo que en última instancia significa la voluntad de quienes tienen el poder económico nacional. El Estado Concejil es un Estado de Abajo y que sube en espiral. Si se deja todo en el hiperpresidencialismo o un poco menos en el presidencialismo, es a la final seguir en un Estado vertical y por ende que simplemente se recreen nuevas formas de dominación, como nos muestra la historia mundial. Necesitamos un Estado horizontal, autogestionado, autosuficiente, interrelacionado y asambleario, para que sea posible otro país y otro mundo. Sin olvidar jamás que el cambio no viene desde el Estado en sí mismo sino desde el pueblo organizado, lo que implica dar más espacio y atribuciones a los movimientos sociales y a las nacionalidades.
Para ello, podría establecerse un sistema asambleario de cabildos cantonales, en la que los concejales sean elegidos mediante votación popular de candidatos de los partidos políticos y de la sociedad civil organizada. A su vez la asamblea de concejales elige de entre ellos al Alcalde.  De la unión de asambleas cantonales surge la asamblea provincial que elige al prefecto o presidente provincial. Las asambleas cantonales tienen poderes ejecutivos y las asambleas provinciales tienen poderes legislativos. Finalmente, la asamblea nacional que cumple el rol de vertebración total se forma con los concejeros provinciales de acuerdo a la cantidad poblacional de cada provincia, los cuales eligen al Presidente de la Asamblea Nacional y al Presidente del Ejecutivo Nacional, los cuales duran un año en sus funciones y pueden ser reelegidos.
De esta manera el poder está en la base a través de los concejales cantonales elegidos mediante votación popular y que puedan ser revocados en caso de no cumplir a cabalidad sus funciones. Así la dirección política está en el pueblo, para que los concejales sean los voceros de los intereses populares y no de ciertos poderes económicos. Los concejales cantonales por sus méritos de trabajo van ascendiendo a concejales provinciales, y de ahí a concejales nacionales, pudiendo en esa instancia ser elegidos presidente de la asamblea concejil nacional y hasta presidente de la república que se encarga de constituir su gabinete ministerial para ejecutar lo que manda el pueblo organizado a través de los concejos cantonales.
Esto sería algo revolucionario y transformador, para así dejar de elegir a quienes hacen el mejor show político o a los carismáticos que se presentan como los salvadores o los nuevos mesías. En este nuevo sistema, el político es aquel que se le ha ido probando desde los espacios pequeños y va subiendo según sus condiciones y resultados, y no aquel que tiene más dinero o más demagogia discursiva.
Para que esto sea posible, es necesario convocar a una asamblea constituyente mediante consulta popular, para que sea el pueblo el que active ese otro Estado.  En este propósito, hay que hacer alianzas con “los de abajo y con las izquierdas”[1], como dicen los zapatistas, y a ellos, añadidos “la Tierra” como dice el antropólogo colombiano Arturo Escobar[2], y personalmente añadiría a las “minorías”[3] que son los que primero se adelantan a los tiempos.

 


[3] Como minorías me refiero a los grupos anti sistema, contra sistema, feministas, culturales, ecologistas, homosexuales, alternativos, espirituales (no: los religiosos), etc.