EL MAL CRIADITO Y FUSILERO. Por Tomas Rodríguez león

“El que la hace se olvida, pero el que la recibe nunca

Entonces córtele la libertad y pues córtele las alas

Yo necesito

Amor comprensión y ternuraaa…”

En  el programa de TV icono de la  de la marginalidad, En carne propia, dos hermanos  se reconocen como  mal criadito y fusilero, su lenguaje es cautivante y son  recuperables (no en términos de la Mireya). Ahora, no en carne propia sino  en llaga vivita de patria altiva y soberana,  otros mal criaditos se presentan; un pelotón de ofendidos militares en servicio pasivo que a paso de ganso abandonan a fusilero un líder que pierde energía y que  manu militari ya no tiene.

Amor comprensión  y ternura  ya nadie tiene para los discursos del poder.  La función de la palabra mágica se desvanece. Recuerdo a Foucault “No existe sujeto neutral, somos necesariamente el adversario de alguien” y en esta hora dialéctica, se desploman los monolíticos intentos uniformes, estrellándose justamente contra lo único uniforme en la sociedad, disgusto de muchos pero uniforme en fin, el ejército.

Parecería un acto de provocación, para no precisamente decirles mal criaditos a quienes  pasaron por el mundo de las armas,  sino haberles  hecho perro muerto* con un negocio jurídico consolidado

El 7 de noviembre del 2010 se suscribió un contrato de compra venta de 220,86 Has., precio U.S. 48,220.391,81 de dólares e inscrito mediante escritura pública en la Notaría 40 de Guayaquil. El Gobierno dispuso al Ministerio de Finanzas debitar de las cuentas del ISSFA, 41 millones de dólares por un supuesto exceso en la compra basándose en un informe de la Procuraduría General del Estado.

ISSFA y el MAE, estructuras que realizaron el negocio pacta sunt servanda (los tratados son ley para las partes, los pactos son sagrados) no asoman en un litigio ni asoman los jueces para esclarecer el supuesto o falso ilícito. Aparece el estado en rol de juez y parte en este caso parte para unilateralmente deshacer un negocio jurídico. El principio de pacta sunt servanda  que  establece que  los pactos son ley para las partes no solo garantiza la seguridad jurídica sino que es moralmente una necesidad de construcción social y relacional. Nadie puede vender algo en acuerdo con el comprador y luego arrepentirse porque le parece que le vendió muy  barato o viceversa.

La disolución de un negocio jurídico es posible en común acuerdo de las partes o en asomo de un ilícito solo calificable por un juez. Acá nada de eso ocurrió y entonces  ocurre que  ocurre lo que ocurrió. Los afectados se acogen  al otro sagrado precepto que es el derecho al pataleo  es decir a ser mal criaditos.

El discurso del poder inicialmente representado como discurso docente, es solo a esta hora del día, transmisión  a la fuerza de ideología dominante, razón de la fuerza que es más sensible cuando choca con la fuerza que tiene la razón. Y entonces el poder del discurso se hizo predecible y ya no  es incalculable, porque ha dejado de construir relaciones justas, y racionalizaciones sensatas.

Casi como un fusilero de palabras vacías se nota a un líder  que estaba en la cúspide y cae en tobogán. Fusilero que pierde la calma y municiones puede usar la daga o bayoneta ¡cuidado¡