OBAMA EN AMÉRICA LATINA. Por Edgar Isch L.

28 de marzo 2016

El Presidente de Estados Unidos ha realizado en seguidilla visitas a dos países latinoamericanos muy diferentes en su orientación política y su vida social, pero con los cuales el imperialismo norteamericano tiene enormes deudas éticas, jurídicas y económicas.

En el caso de Cuba, entre otros crimines como la invasión a Bahía de Cochinos, intentos de asesinar a Fidel o injerencia en política interna,  el imperialismo norteamericano ha mantenido un infame bloqueo económico, comercial y financiero  por 54 años continuos. Desde 1992, año tras año se ha condenado este bloqueo en la Asamblea General de Naciones Unidas, llegando el año pasado a 191 países que exigen su terminación. Incluso la CEPAL reconoce que el bloque es una barrera al desarrollo de Cuba, afectando derechos humanos multilateralmente.

En el informe del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba presentado en septiembre de 2015, se calcula que, tomando los precios corrientes de la economía, el bloqueo ha costado 121.192 millones de dólares, pero si a esa cifra se le aplica la depreciación del dólar frente al precio del oro, el impacto del embargo en el país ascendería a 833.755 millones.

En el caso de Argentina, mucho también se reclama. Obama llegó en el aniversario 40 de la dictadura cívico militar que el gobierno norteamericano propició y apoyó, con el resultado de 30.000 desaparecidos entre trabajadores, dirigentes populares, jóvenes y militantes de izquierda; el robo de la identidad de niños que la está recuperando ahora; la imposición de leyes de mercado; la entrega del país a las empresas yanquis. Luego, Estados Unidos apoyó a Inglaterra en la guerra de las Malvinas y ahora apoya a los dueños de los fondos buitres de deuda externa. Estos y muchos más son sus crímenes.

Pero Obama no vino a pagar deudas. Ni siquiera las reconoce de frente. Insiste en que hay que dejar atrás el pasado, pero parte de estas deudas son de estos días; habla de mirar hacia el futuro, pero invita a continuar el camino hacia una mayor explotación de los trabajadores impulsando el capitalismo con empresas transnacionales. Claro, para ello puso buena cara y tuvo actitudes populistas, anunció que pedirá el fin del bloqueo a Cuba, pero no lo garantiza ni desea entregar el territorio usurpado en Guantánamo; anunció liberar cirtos archivos relacionados con la dictadura argentina y una posible autocrítica “light”, pero sin aceptar el genocidio y menos anunciar juicios a sus responsables.

¿A qué vino entonces? Los puntos en común de las dos visitas tienen que ver con la política imperialista de atender más a América Latina, pues varios documentos oficiales señalan que han debilitado su presencia en su “patio trasero” por ocupar mucha atención en las disputas interimperialistas en Oriente, principalmente amenazando a Rusia y China. En Cuba, tratando de poner la bota en donde fueron expulsados por una revolución popular por lo que reconoce que el bloqueo no pudo ante la dignidad del pueblo de la Isla y que hoy buscan otro camino para el retorno al capitalismo; y, en Argentina, poniendo el estandarte imperialista en complicidad con el presidente Macri que se muestra dispuesto a ser punta de lanza contra las expresiones de soberanía en Latinoamérica.

Pero el imperialismo no entiende ocuparse de su patio trasero sino como la forma de explotarlo de manera más profunda y acelerada. Por ello, el mensaje principal estuvo centrado en abrir las fronteras para recibir a las transnacionales. Incluso diría que los empresarios norteamericanos han sido víctimas del bloqueo, como si la consecuente violación de derechos humanos fuera comparable con un puñado de dólares en una empresa gringa. Presentó a la economía de mercado (léase neoliberal), como la solución a todos los males. Aunque reconoce los avances sociales de Cuba, los minimiza, no explica cómo fueron posibles, para terminar pidiendo apertura al gran capital. Acompañado de numerosos representantes de las transnacionales, en ambos países promovió los negocios de interés de los imperialistas, aquellos que alivien su crisis interna a costa de otros pueblos. En Argentina, por supuesto, le fue mejor pues firmó un nuevo acuerdo comercial que lo deberán pagar los trabajadores.

Importante en todo ello ha sido la promoción ideológica de los valores capitalistas junto al llamado a las juventudes a abandonar toda posición de principios. Que no importa si una política es de izquierda o derecha mientras tenga resultados, dijo más de una vez, en una frase que recuerda a ciertos voceros del gobierno ecuatoriano y sobre todo la conocida expresión  del revisionista chino Deng Xiaoping con la que se justificó el retorno pleno al capitalismo salvaje: “No importa el color del gato, lo importante es que cace ratones”.  Con ello, disimuladamente convocó al individualismo, asumiendo que eso genera mejoras para toda la sociedad. Nada dijo que, por el contrario, hoy 62 capitalistas acumulan la riqueza sumada de la mitad de la población mundial[1], demostrando que el lucro individual solo es posible con el empobrecimiento masivo.

Obama cumplió su tarea. Ahora retorna a su propio país donde la campaña electoral demuestra el creciente apoyo juvenil a un candidato (Bernie Sanders) que se califica de socialista democrático, algo impensable años atrás y que llama a una “revolución política” contra los millonarios y su gobierno.  Se suma que “Socialismo” fue la palabra más buscada de 2015 en el sitio web del diccionario Merriam-Webster, uno de los más respetados en Estados Unidos, mientras en varias ciudades hay victorias electorales de candidatos locales que se califican de marxistas. Todo demuestra que el imperialismo norteamericano tiene muchos frentes si quiere sostener un tiempo más a este sistema que vive una crisis que no deja de profundizarse. América Latina es solo uno de ellos y no tienen el camino fácil.

 NOTAS

[1] Ver el informe de Oxfam, llamado Una economía al servicio del 1%.

Foto: http://www.sinpermiso.info