LA CUESTIÓN NACIONAL EN ECUADOR: Contribución al Plan de Gobierno de la Izquierda Ecuatoriana. Por Ileana Almeida *

20 de Abril 2016

Contribución al Plan de Gobierno de la Izquierda Ecuatoriana

Los errores de la política del presidente Correa son conocidos: individualismo  extremo en el manejo de la vida política, falta de democracia en los órganos representativos del Estado, indiferencia a los pedidos sociales, modificaciones de la Constitución sin consulta previa, abuso del poder y autoritarismo, irresponsabilidad con la economía del país, irrespeto a la naturaleza,  crecimiento de la burocracia en la administración, criminalización de la justicia, arbitrariedad y equivocación en el mando de la educación. A todo esto se suman un discurso agresivo contrario a la psicología social de los ecuatorianos y una publicidad política estridente.

Lo dicho en el  párrafo anterior, no es sino una síntesis de la complicada situación que vive el país a la luz de planteamientos económicos, ecológicos, políticos, jurídicos y psicológicos necesarios para “descorreizar” el país.

La propia realidad ha llevado a encontrar como única vía para enmendar errores, la ampliación y fortalecimiento de los sectores opositores al gobierno del presidente Correa. Por ahora son movimientos heterogéneos y sin acuerdos definitivos, pero se prevé escuchar desde cada sector esbozos de alternativas a la política gubernamental para consolidar los caminos del debate y las consecuentes decisiones que deberán adoptarse. Sin embargo, los planteamientos políticos del momento se caracterizan por la variedad y hasta por la contraposición ideológica.

Cabe reflexionar, ante todo, sobre las reales posibilidades de acuerdo en lo que toca a la administración democrática de los asuntos estatales y la solución de los problemas sociales a través de la consulta a los distintos grupos sociales, a tiempo de impedir con garantías jurídicas los abusos del poder.

No parece factible encontrar solución a los conflictos entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, y en concreto al manejo y reparto del agua y la tierra. No sería fácil, por lo que se percibe, llegar a un entendimiento que impulse la economía prescindiendo de reformas sociales y políticas. Además, quizás no sea aceptado por todos los sectores interesados admitir que las graves injusticias y desigualdades sociales provienen de la propiedad privada, régimen que no es fácil eliminar sin cometer errores.

Seguramente resultan inevitables las divergencias entre los planteamientos ecologistas sobre el desarrollo económico y otras posiciones que no dan la debida importancia a la  protección de la naturaleza.

Por su parte, las organizaciones indígenas  plantean con firmeza  la necesidad de cumplir la Constitución de la República y poner en práctica el Estado Plurinacional estipulado en ella para satisfacer las legítimas demandas de los pueblos indígenas, por supuesto considerando la situación social y política de todo el país.

A través de los siglos, en el Ecuador no  se ha prestado atención a las necesidades políticas, culturales, lingüísticas, territoriales y existenciales específicas de los pueblos indígenas. Como resultado de esta omisión, se carece de las regulaciones estatales indispensables para darles representación política en el Estado ecuatoriano y permitirles que opten por una práctica política propia que garantice sus derechos.

En el ámbito científico, ninguna institución se ocupa de valorar y encauzar los conocimientos ancestrales sobre la naturaleza que conservan los indígenas y que podrían traducirse en soluciones a problemas de salud, producción y bienestar universales.

Los asuntos indígenas no son conocidos por la “opinión pública”, lo que se refleja negativamente en las relaciones nacionales.  Las comunidades campesinas rurales, que son núcleos de las formaciones nacionales, son abandonadas por falta de apoyo para la producción agrícola, los territorios indígenas están a merced de las transnacionales, no se atiende al fomento de sus economías.

No se trata, desde luego, de declarar a las tierras y territorios indígenas “zonas cerradas”, sino de reconocer que para los indígenas son su suelo natal, Disponer de su riqueza arbitrariamente implica “vivir a costa del otro”. Es lo que se ha hecho desde las épocas coloniales. Desde el Estado se resuelve arbitrariamente el destino de las tierras comunales y de los recursos naturales que contienen. Pero la inobservancia de los derechos indígenas ahora cobra una nueva dimensión pues con la globalización se agudizan las contradicciones entre los intereses étnicos y nacionales y los intereses de las transnacionales.

El Estado nacional es incapaz de defender los derechos de las nacionalidades y pueblos ante la voracidad de las transnacionales. No se han desarrollado instituciones que logren limitar los daños sociales y culturales del capitalismo industrial moderno sobre aquellos.

Las compañías madereras, petroleras, mineras, agroquímicas, farmacéuticas, se apoderan y devastan los territorios indígenas de la Amazonía. El desbordamiento del capital y sus abusos presiona sobre las comunidades serranas. Los monocultivos transnacionalizados desplazan a los cultivos comunales, arrebatan las tierras ancestrales y las fuentes de agua. Las fronteras del Estado nacional se vuelven permeables al mercado y al capital móvil.