LOS LEONES VEGANOS NO EXISTEN. por Rodrigo Alonso

Brecha

21 de Abril 2016

La aprobación del proceso de impeachment contra Dilma Rousseff el domingo pasado es un punto de inflexión en la historia sudamericana. Los puntos de inflexión o saturación política son momentos que redefinen el escenario y las relaciones de fuerza y que condensan en poco tiempo procesos de largo aliento.

Su fuerza disruptiva radica precisamente en desencadenar la energía acumulada de contradicciones largamente contenidas. Para este caso, el impeachment era casi inevitable, la cuestión era cómo se llegaba a él. Más que la batalla en sí, lo importante es cómo arriban los ejércitos a ésta; cuando amanece el día de las definiciones ya está casi todo dicho.

El resultado se fue gestando durante años. Crecía junto con la popularidad de un Lula que, a pesar de venir de abajo, era el mejor aliado de los poderes empresariales. Crecía también junto con la aprobación generalizada de este líder de la “izquierda vegetariana” (Vargas Llosa dixit; la carnívora era la venezolana) con el que todos querían salir en la foto y que nos decía que ser de izquierda y revolucionario era cosa de jóvenes, que en la madurez de la vida todos somos de centro, razonables. Lo que pasó el domingo se hizo cada vez más posible a medida que el PT fue cambiando el gorro rojo del Mst para terminar su ciclo con Katia Abreu (representante del agronegocio) como ministra de Agricultura. Los sucesivos ministros de Economía salidos del riñón de la banca hicieron al domingo cada vez más inminente y patético.

Mientras ocurrían las manifestaciones de junio de 2013, que comenzaron siendo de izquierda, con reclamos de derechos sociales y económicos, el PT apostó al achique y fue rebasado por un movimiento de masas cada vez más derechizado, y terminó saliendo de la crisis transando una agenda con la derecha (contener el déficit fiscal, la inflación y la corrupción), el impeachment no paró de crecer. Con el fin del ciclo de crecimiento económico y el gobierno planteando como respuestas la ortodoxia económica y el ajuste, el domingo y su resultado ya eran cosas a las que sólo había que ponerles fecha.

Desde el inicio (véase la “Carta ao povo brasileiro”1) no había más estrategia en el PT que la gestión y proyección mundial y regional del capital brasileño. Es cierto que su posición en términos institucionales siempre fue frágil, y la amenaza del impeachment latente. A eso el PT respondió cediendo posiciones para evitar en lo inmediato el cerco de la derecha en el parlamento, pero al precio de hundirse cada vez más en términos estratégicos. Se fue gestando una encerrona para salir de la cual lo único que atinó a hacer el PT fue profundizar la estrategia equivocada: seguir cediendo y asumir la mera gestión del capital. La que parecía ser la sola estrategia posible para sostener al gobierno y evitar el impeachment, únicamente incrementaba la impotencia para enfrentarlo.

Así se llegó al punto actual, donde se alinearon las precondiciones para la ofensiva reaccionaria destituyente: a) la caída del apoyo social al gobierno, y b) la pérdida de la calle, ahora en manos de la derecha; la otra precondición era la salida del Pmdb de la base aliada, consecuencia inmediata de a y b.

Que el domingo pasado no haya sido recibido en medio de una huelga general, una ocupación generalizada de los lugares de estudio y/o cortes de rutas, y que su consumación no haya habilitado acciones de este tipo, es sintomático de la impotencia para enfrentar el golpe y la precaria acumulación de poder de clase. La sola denuncia y los llamados a la conciencia democrática no son suficientes para enfrentar a la derecha envalentonada y decidida a recuperar el terreno perdido.

Situarse por encima de los antagonismos de clase puede llevarlo a uno a la ilusión de que está habitando el privilegiado y electoralmente rentable centro político, cuando en realidad está en el aire. Si el gobierno no es de unos ni de otros, ¿quién va a poner el pellejo para sostenerlo cuando el crecimiento ya no permita seguir conciliando? A la vista están los resultados de la renuncia a disputar poder de clase y apostar a la mera gestión del capital como estrategia. La burguesía siempre fue ingrata y traicionera con sus gestores.

Decía un viejo miliciano chino: “Salvo el poder, todo lo demás es ilusión”. Que en medio del trago amargo al menos nos quede el aprendizaje: con cazamariposas no se atrapan dragones.

* Economista uruguayo.

Carta pública de Lula antes de la contienda electoral que lo llevó por primera vez al gobierno.

Fuente: http://brecha.com.uy/los-leones-veganos-no-existen/