EL PUEBLO, EL SOLIDARIO. Por Hugo Noboa*

26 de abril 2016

Desde el primer momento de la tragedia, allí estuvieron los vecinos ayudando a salir desde los escombros a quienes pedían auxilio, al niño y la anciana que habían quedado atrapados, sin tiempo ni fuerzas para la fuga.

En todos los frentes, el pueblo fue sin duda el gran protagonista de la solidaridad y lo seguirá siendo, por siempre, compartiendo lo poco que tiene, muchas veces hasta sus vidas. Los primeros medios de comunicación que alertaron sobre la magnitud de la tragedia, fueron del pueblo, las redes sociales y los rumores. Los grandes medios oficiales y privados no tuvieron capacidad para respuesta oportuna, contribuyendo a la desinformación y la confusión, como en la falsa alerta de tsunami que provocó la desbandada de aterrorizados pobladores, aumentando los efectos del desastre, sólo horas más tarde las autoridades nacionales pudieron desmentir tal alarma, que sus “técnicos” se encargaron de crearla.

El pueblo fue y es el primer protagonista de la solidaridad, también en las donaciones solidarias de agua, alimentos y otros insumos básicos, así como por su presencia en brigadas de voluntarios que ayudaron en el rescate de los sobrevivientes y de los cuerpos de los desafortunados que fallecieron en el siniestro. Aun a los bomberos, policías, militares, trabajadores de defensa civil y otros funcionarios del gobierno central y gobiernos descentralizados, hay que verlos fundamentalmente como parte de ese pueblo solidario, antes que como funcionarios, pues su labor no tuvo límites de tiempo ni de entrega.

Caudales de miembros llanos del pueblo contribuyeron ágilmente con lo que se requería y, manos solidarias ayudaron en la tarea de la recolección y el envío a los sitios del desastre. Hay historias de personajes populares, que por su cuenta organizaron viajes con las donaciones, para hacerlos llegar urgentemente, sin barreras burocráticas, ni olvidos, a poblaciones ocultas.

Cientos de jóvenes de universidades y ciudades menos afectadas, mostraron su coraje para sumarse a brigadas de voluntarios, aunque no tuvieran los medios y la preparación para esta dura misión. Muchos seguramente se abrumaron con las escenas del dolor y la tragedia, pero tuvieron la valentía de estar en primera línea y  tan pronto se requería, hasta que lleguen los rescatistas con formación y experiencia para ello, desde diferentes ciudades ecuatorianas y de países hermanos.

Los políticos, otra vez los perdedores ante la imagen del pueblo, aunque se darán modo para sacar provecho electoral de la tragedia.

A más de sus cortas apariciones para decirnos lo que ya sabíamos, o para mostrarse como el héroe magnánimo, o para anunciarnos que el peso de la reconstrucción recaerá –una vez más- sobre las espaldas del pueblo (ante el desastre de la economía nacional y la falta de fondos de contingencia para estos casos, que se los feriaron): el presidente pasó desapercibido en este desastre, el gran ausente. De hecho estuvo en El Vaticano cuando el terremoto, y no es una coincidencia sino una muestra de su estilo de gobierno, para la propaganda, para lucirse, para recibir honoris causa y otras distinciones.

Los ministros, asambleístas y demás funcionarios de alto rango del gobierno, cumplieron también, en general, un triste papel. Estuvieron para la foto, como dice nuestro pueblo. Verle y oírle a una novel Viceministra de Salud declarando que la situación sanitaria está totalmente controlada, no sólo da cuenta de su total falta de experiencia en la salud pública, sino de su obcecada fidelidad a las consignas políticas del poder. Una expresión de la grave crisis de la salud pública en nuestros días.

Tal vez, una de las pocas excepciones, es el sistema de gestión de riegos, que no es sólo una secretaria de estado sino un gran esfuerzo interinstitucional (gubernamental y no gubernamental), revela la cierta madurez y preparación que va adquiriendo este proceso en el país, lo que permitió canalizar algunas acciones fundamentales.

Los políticos de oposición no se salvan. Unos alcaldes de Quito y Guayaquil, potenciales candidatos presidenciales, compitiendo con el protagonismo del gobierno para canalizar los donativos del pueblo. Muy alejados de la sincera vocación solidaria de nuestros compatriotas. Un candidato banquero, anunciando su proyecto de ley para la emergencia, adelantándose a poner a buen recaudo los intereses de los grandes empresarios, aunque declare estar dispuesto al sacrificio.

El primero y más macabro impacto del terremoto ha pasado. Pero vienen todavía tiempos sombríos, que no serán cortos. Las familias y los amigos enterraron a sus muertos, a los que pudieron, muchos no fueron identificados y otros cuerpos estarán aun entre los escombros. Pero viene una etapa muy dura para los que lo perdieron todo, incluso sus familias. Por las difíciles posibilidades de sobrevivencia y de acceso a lo mínimo para las funciones básicas. En materia sanitaria, no sólo existe la posibilidad de epidemias de enfermedades infecciosas y hambruna, sino que la salud mental de los que recibieron el mayor impacto de la tragedia está gravemente afectada y requiere asistencia urgente y a gran escala, hay incluso que proteger a los niños, las niñas y las mujeres de la violencia sexual, que lamentable e increíblemente aumenta en estas circunstancias. La educación, por lo pronto quedará postergada para miles de niños, adolescentes y jóvenes.

El haberse quedado decenas de miles de familias sin su hogar, sin una fuente de trabajo y de ingresos económicos, obliga a que todos nos mantengamos en permanente campaña de solidaridad. Que se canalice de la mejor manera y con trasparencia la ayuda nacional e internacional que ha llegado y llegará, además de promover que ésta se mantenga a largo plazo. Pero sobre todo, el gobierno nacional está obligado, al menos por esta vez, a ser totalmente responsable con sus políticas y acciones en este momento de crisis, que sus medidas no contribuyan a empobrecer aún más a este pueblo que lo ha perdido todo.

*  Médico salubrista

Foto: abc.es