LA MEDICINA DEL EXMINISTRO POZO Y SUS PELAGATOS[1] Por Lizardo Herrera*

16 de mayo 2016

El exministro de finanzas, Mauricio Pozo, concedió una entrevista a 4pelagatos. En el video, en blanco y negro y ante un fondo gris parecido al de las celdas de los manicomios de las películas norteamericanas, aparece el economista Pozo usando una camisa blanca de manga larga. Con la actitud de un boxeador de barrio, un tanto molesto, abre la entrevista retando a sus entrevistadores con la siguiente frase: “¿Y qué vamos a hablar?”. Luego, da rienda suelta a sus opiniones sobre la economía ecuatoriana, tan maltrecha últimamente, y diserta sobre las medidas necesarias para recuperar la senda de un crecimiento económico saludable. Más que entrar en discusiones eruditas en torno a temas de economía, lo que propongo en este artículo es analizar el discurso y la coherencia lógica de los argumentos de Pozo.

1) Una de las críticas más frecuentes que los ecuatorianos hacemos al presidente Rafael Correa es su falta de humildad y de autocrítica en sus intervenciones públicas. La manera en que el economista Pozo se expresa y el lenguaje que utiliza, sin embargo, no se diferencia en nada de los del presidente. El exministro imparte lecciones con tal seguridad que cualquier espectador que no estuviese familiarizado con la historia ecuatoriana, no podría sino imaginar que su paso por el Ministerio de Finanzas estuvo colmado de éxitos y que durante su gestión vivimos uno de los momentos más gloriosos de nuestra historia económica. Sin embargo, las cosas fueron radicalmente distintas: sabemos que fue una etapa caracterizada por un gran descontento social y que, tras un sinnúmero de marchas multitudinarias, Gutiérrez se refugió en la embajada de la hermana República del Brasil para luego huir del país. Gracias a esta huida poco decorosa, Rafael Correa saltó al estrellato político asumiendo el Ministerio de Finanzas en el gobierno de Alfredo Palacio, vicepresidente y sucesor de Gutiérrez. En su breve etapa como ministro, Correa dio un giro al manejo económico: se alejó de los principios ortodoxos de la austeridad económica neoliberal, ofreciendo incrementar el gasto social.

¿Cómo explica Pozo las razones del descontento social por las que Gutiérrez tuvo que huir del país? ¿O la enorme popularidad que alcanzó Correa como ministro y que lo llevaría a ganar la presidencia? Simplemente calla y, al igual que Correa en la actualidad, Pozo hace gala de una alarmante carencia de autocrítica. Dicen que la historia se repite dos veces: una como tragedia y otra como farsa. La tragedia que se esconde tras las palabras del exministro radica en el rotundo fracaso su “programa económico”, en el enojo que este provocó en la mayoría de los ecuatorianos y, finalmente, en la aparatosa caída de su jefe (Gutiérrez); la comedia, en cambio, se evidencia en el hecho de que después de esta fracasada experiencia se permita, lleno de arrogancia, impartir consejos ante unos periodistas que se llaman a sí mismos pelagatos y que no hacen sino alentar su petulante actitud de sabelotodo.

2) En este supuesto saberlo todo, Pozo muestra una curiosa fascinación por las metáforas médicas. Cuando fue ministro, el populista Gutiérrez, su jefe, recurrió a la imagen de un enfermo que requería un pinchazo para explicar la situación de la economía ecuatoriana; justificaba así la imposición de un paquetazo económico que suponía la eliminación de subsidios, reducción del gasto social, subida del costo de la vida para los trabajadores, etc. Con los pelagatos, el exfuncionario de Gutiérrez habla también de un enfermo económico para cuya dolencia propone un tratamiento basado en el maltrato más crudo y radical, maltrato que, evidentemente, estará dedicado de forma exclusiva para los sectores más pobres y vulnerables del país a quienes, para acompañarles en su dolor o protegerlos de la paliza que tiene pensado infringirles, seguramente querrá compensarlos con un módico bono de la pobreza o alguna limosna parecida. Esta recurrente imagen del enfermo económico me preocupa. El exministro se deleita con las imágenes de los triglicéridos, las coronarias, la diabetes o los famosos pinchazos; pero lo más grave es que parece sentir predilección por los tratamientos de aquellos antiguos médicos medievales, quienes confiaban en que sangrando al paciente lograrían curarlo cuando, en realidad, lo que hacían era debilitarlo hasta el punto de llevarlo a la muerte.

3) Pozo habla de la necesidad de un “programa económico”. Sostiene que para salir de la crisis se necesita que entre dinero de afuera; es decir, que tengamos acceso al crédito internacional. En pocas palabras, el exministro pide una nueva carta de intención con los organismos multilaterales (FMI), lo que supondría las respectivas privatizaciones, medidas de ajuste fiscal, austeridad económica y las típicas recetas aplicadas en los 90 e inicios del 2000. Aunque no lo dice explícitamente, es claro que, desde su punto de vista, los ecuatorianos fuimos incapaces de ver los beneficios de tales acuerdos y, sin motivo, nos llenamos de un injustificado enojo que nos llevó a manifestarnos en las calles. ¿Será que el contexto de la entrevista en blanco y negro y con fondo gris, ha dado rienda suelta a una nueva fascinación médica, esta vez con la psiquiatría? Pues parecería que, desde su perspectiva, la mayoría de ecuatorianos no estamos enfermos solo de los triglicéridos o las coronarias, sino también mentalmente perturbados, pues no supimos reconocer lo beneficioso de su paso por el Ministerio de Finanzas de una administración presidencial defenestrada ante la magnitud del malestar ciudadano.

4) Los pelagatos tratan a Pozo con tanta deferencia que incrementan su vanidad y su arrogancia. El economista agarra tal confianza (en los deportes decimos se vuelve canchero) que baja la guardia y, como no podía ser de otra manera, se contradice. Pozo se convierte en experto de aviación y compara la economía con un avión de dos motores: el privado y el Estado, a los que es importante mantener operativos. Explica que cuando el uno falla (por ejemplo, cuando el Estado se queda sin plata por la caída del precio del petróleo), el sector privado está allí para salvar el vuelo y evitar percances mayores. Pero minutos después, aparece su vena neoliberal (aunque se hace el loco diciendo que no entiende que mismo es eso del neoliberalismo) y afirma que no es responsabilidad del Estado generar empleo, sino limitarse a ser un ente regulador y dar reglas claras. Así, el exministro deja a su avión con un solo motor, el privado, porque público desaparece o se convierte en un asistente de vuelo. Me pregunto, ¿quién va a querer subirse en un avión de un solo motor y tan peligroso? Arriesgo una respuesta: aquellos a los que les gusta los deportes extremos que en economía es más o menos lo mismo que la especulación financiera. En esto, los amigos del exministro, con su turbio historial de préstamos vinculados y feriados bancarios, son unos maestros.

Por las cualidades de estos pasajeros, uno va entendiendo la insistencia de Pozo en firmar una carta de intención con los organismos multilaterales. Resulta que el temerario capital financiero internacional, siempre inclinado a los vuelos de alto riesgo o a las apuestas especulativas (la burbuja del 2008), controla esos organismos. Entonces, la intención del exministro sería de que este capital financiero pilotee su inseguro avión prestándole dinero al Ecuador a cambio de que el país abra su economía a los inversionistas extranjeros, entre otras cosas, privatizando la infraestructura pública, reduciendo los costos salariales, eliminando las tasas impositivas al sector privado –la típica terapia del shock o descarga eléctrica que da rienda suelta a la pasión médica o psiquiátrica del exministro. Así los arriesgados inversionistas extranjeros no corren ningún riesgo y obtienen plenas garantías para hacerse más ricos de lo que son. Pero como lastimosamente no se contentan solo con las utilidades de los activos privatizados, también exigen la renta de los jugosos intereses de la deuda que el país está obligado a contraer para equilibrar las finanzas públicas de las cuales irónicamente el pago de la deuda se irá constituyendo en el rubro más oneroso. El negocio, de este modo, se vuelve redondo o, mejor dicho, un circulo vicioso porque el “programa económico” de Pozo contempla que el país se endeude con los multilaterales básicamente para pagar la deuda que irá contrayendo con esos mismos organismos.

5) El exministro pretende ser un gran humanista. Explica que será necesario congelar los salarios por lo menos por cinco años porque ahora no es posible flexibilizar las leyes del trabajo; esto es, no hay cómo contratar jovencitos y jovencitas por horas, sin beneficios de ley o seguridad social porque los candados que se han impuesto a la reforma laboral son tantos que esta ha quedado inutilizable. En tanto el “heroico” sector privado (entiéndase los grandes banqueros o empresarios porque a los pequeños ni los considera) es el responsable de dinamizar la economía, los trabajadores y, en general, los pobres también deben poner su parte asumiendo con resignación los costos de las rigurosas recetas médicas del exministro. Así, las élites empresariales y financieras recibirían suculentas utilidades por el esfuerzo que realizan al mantener el avión a flote; mientras que los trabajadores, a pesar de la brutal precarización de sus condiciones de vida, deberían estar agradecidos por recibir un salario cada vez más miserable.  En USA, semejante humanismo se conoce como la economía del 1%.

6) Aunque a riesgo de marearnos con sus vericuetos y contradicciones, debemos reconocer que Pozo es un hombre de valores. Habla una y otra vez de confianza. Es claro, sin embargo, que esta confianza se reduce a generar las condiciones necesarias para que los inversionistas extranjeros (fundamentalmente las grandes transnacionales petroleras, mineras, bancos y agroexportadores) hagan negocios con tranquilidad en nuestro país, se apropien de los recursos y tengan libertad de enriquecerse. Con esto de la confianza y del fondo gris semejante al de un manicomio, parece que Pozo se convenció definitivamente de que los ecuatorianos estamos mentalmente perturbados. De otra forma, no se explica que nos crea tan ingenuos para no entender que la confianza que predica nada tiene que ver con el “programa económico”, sino con la política internacional. Si no cumplimos con los dictados de quienes detentan el poder a nivel global (los grandes bancos internacionales que valga reiterar dominan los organismos multilaterales y que nos metieron en la crisis del 2008 de la cual el mundo aún no acaba de recuperarse), nos castigan con sus corruptas empresas evaluadoras de riesgo (esas mismas que permitieron la venta e hipotecas tóxicas en las bolsas de valores –Wall Street–recibiendo como recompensa bonos millonarios por la manipulación de los datos) cerrándonos el acceso al crédito o fuentes de capital.

7) La psiquiatría de Pozo, de este modo, se constituye en un ejemplo del colonialismo interno o la mirada acomplejada de nuestras élites ecuatorianas. El economista es desafiante o paternalista con quienes tienen menos poder, por lo menos así trata a los pelagatos que lo entrevistan. También se muestra implacable con los trabajadores para quienes no se aplica esto de la confianza. Es más, podríamos decir que no quiere que se vuelvan confianzudos y se acostumbren a ser ociosos por las prebendas del gasto social, que para el ministro es sinónimo de quitarle recursos al sector privado y, por ende, de despilfarro.

En cambio, hacia afuera se angustia, se le sube la presión arterial o el colesterol. Le preocupa que las evaluadoras de riesgo bajen la calificación del Ecuador o las opiniones de los grandes inversionistas (quienes a lo largo de la historia han mostrado un olfato inigualable para beneficiarse de los negocios truculentos) sobre una economía –como él mismo lo dice– tan pequeña (léase insignificante) como la ecuatoriana. Hace y dice cuanto puede para que los multilaterales (el capital financiero internacional) y los grandes inversionistas lo vean como un buen chico y no como un camorrista callejero o boxeador de barrio.

8) Los pelagatos preguntan con el deseo. Su frase favorita a lo largo de toda la entrevista es “el presidente Correa”. Le piden a Pozo que se ponga en la cabeza del presidente y le dé diciendo (lenguaje quiteño) los problemas del país, que haga el favor de explicarle las cosas, que piense como el presidente, que le dé clases de economía, que se coloque en su lugar. Ante tanta insistencia, el pobre exministro queda escindido. Ya no sabe si cuando habla es él o si se ha convertido en un monigote de Correa (una pozomachine capaz de decir cualquier disparate y dar rienda suelta aun discurso contradictorio). Creo que se va aclarando lo del fondo gris y la celda del manicomio, resulta que el economista Pozo no piensa como psiquiatra, sino que él mismo queda trastornado ante la obsesión de los pelagatos que le bombardean por todos lados con “el presidente Correa” y, seguramente, por esta razón se contradice como un loco con su avioncito de motor privado o privado de un motor. Quizás, eso también explica, la intención de los realizadores al resaltar su camisa blanca de manga larga.

Al inicio ingenuamente pensé que los pelagatos querían mucho a Correa y que, por ello, le daban mayor importancia que a Pozo en la entrevista. Luego comprendí que se trataba más bien de una decepción amorosa: como Correa no les hace mucho caso, andan resentidos. Están tan enojados que no pueden pensar en nada que no sea “el presidente Correa”. Como la decepción es fuerte, se han puesto un poco vengativos y no pueden sino discurrir en términos de medidas duras y de los costos políticos. Cuando el exministro hablaba del enfermo, lo hacía con una sonrisa un tanto sospechosa; los pelagatos, en cambio, hablan desde la angustia: emplazan al ministro a que formule las medidas que se deben tomar, que hable con claridad sobre los costos políticos, que denuncie el capitalismo rentista de los empresarios que se beneficiaron con el régimen de Correa, que defienda el capitalismo financiero transnacional que, ese sí, es competitivo. Pero el ministro les hace una finta. Celebra que al fin los ecuatorianos hemos aprendido que gastar mucho –entiéndase el gasto social– es malo porque con los impuestos se le quitan recursos al sector privado y “esto no se soluciona con más impuestos”; que a los empresarios de ahora les encanta la competencia, por lo que están invitando a expertos extranjeros para que les enseñen cómo competir y, de paso, les obsequien con algún cumplido en sus prodigiosas evaluaciones de riesgo.

9) Por último, Pozo dice de que existen 3.400 millones de dólares fuera del sistema bancario listos para ser inyectados en la economía apenas el gobierno presente un “programa económico” y vuelva a dar confianza a los inversores que, se entiende, son quienes mantienen el avión privado de un motor en el aire. Para mí, se trata de un mensajito a Correa para que sea este quien asuma los costos políticos y tome las decisiones impopulares de austeridad que piden otros rencorosos como los pelagatos. Correa parece que ha mordido el anzuelo y tomado la palabra al exministro, ya empezó con lo de la flexibilización laboral, las privatizaciones, el aumento del IVA, etc. Sin embargo, como el avión del exministro es bastante peligroso y apto solo para los enamorados de los deportes extremos (especuladores en economía) algo me dice que ese dinero no volverá al sistema y que los inversionistas, más astutos aún que el exministro, ya saltaron con su dinero en paracaídas dejando el avión a la deriva y sin el mentado motor privado.

Parece que Pozo, como peleador canchero, le está tendiendo una celada a Correa para que, cuando este se confié, sea capaz de propinarle un certero contragolpe como el de Juan Manuel Vargas a Manny Pacquiao. El exministro quiere noquear al presidente, pues asume que de este modo se podría bloquear el regreso del temido “populismo” –aunque solo al del mal llamado “socialismo del siglo XXI” porque al de la derecha, como buen vasallo, le rinde pleitesía sirviéndole como Ministro de Finanzas–, el cual no ha hecho sino dificultar la administración técnica/ortodoxa que a él tanto le gusta. Personalmente, considero que ni él mismo confía en que los 3.400 millones regresen al sistema financiero. Sus recomendaciones se encaminan, más bien, a borrar a Correa del mapa político: si el gobierno asume las medidas sugeridas por Pozo, la difícil situación que atraviesan los ecuatorianos empeorará aún más con un costo político tan alto que resultaría en el punto final del correísmo.

Coda: Creo que ya entendí la fascinación del economista Pozo con las metáforas médicas. Parece que sus amigos, esos del avión de un solo motor, nunca han tenido en mente curar al enfermo. Ellos, como amantes de los deportes extremos, hacen negocio con las crisis, especulan con ellas porque así pueden imponer las medidas impopulares –esas que exigen los muchos pelagatos rencorosos– que, al precarizar las condiciones de vida de los trabajadores y de la mayoría de los ecuatorianos, garantizan la ampliación de los márgenes de utilidad de los inversionistas, aquellos que a los que Pozo se esfuerza tanto por halagar. Si el enfermo sale de la sala de terapia intensiva resulta que se les acabaría el negocio y se les vendría abajo el “programa económico”; desaparecería, de este modo, el rentismo financiero internacional que domina la economía global y que está en la base de las escandalosas fortunas de una pequeña fracción del 1% de la población mundial.

* Whittier College

[1] Quiero agradecer a Lucía Herrera Montero por su lectura atenta, sus valiosos comentarios y su colaboración generosa.

Foto: ubicatv.com