LA CIA Y LA PARAFERNALIA GUBERNAMENTAL. Por Jaime Muñoz Mantilla

13 de junio 2016

Que la CIA no ceja en su empeño de penetrar todas las instancias de las sociedades en el mundo entero no es ninguna novedad.  Que trata de desestabilizar gobiernos que no le son obedientes, tampoco es novedad.  Que puede descender, y en efecto desciende, a la calumnia, la mentira, el chantaje y el asesinato es como haber descubierto el agua fría. Y ahora, que opta por otras alternativas, distintas de las denunciadas por Philip Agee o John Perkins, porque esas o están desgastadas o no funcionan en tiempos en que el Plan Cóndor pasó a mejor vida (aunque pueda tentativamente reactivarse).

El imperio usa la “ayuda económica” a personas y ONGs nacionales, siempre que combatan al gobierno.  Y claro, esos periodistas y esas ONGs lo hacen. Lo grave es que aquello que denuncian, por ejemplo sobre actos de corrupción, sobre autoritarismo, sobre persecución a todo el mundo y encarcelamiento a la gente por quítame esas pajas, sobre violaciones a la Carta Fundamental, por injerencia burda del Ejecutivo en las otras funciones del Estado,  es verdad. Y la respuesta oficial a las denuncias es el silencio y junto con ello la persecución a quienes se atreven a hacerlo.

Personalmente nunca confiaré en personajes que reciben dinero de unas supuestas ONGs,  (que en el caso de los EE.UU. son parte del aparato de la CIA). Más si éstos son sujetos como aquél que declara pomposamente su propósito de acusar al gobierno de la mal llamada “revolución ciudadana” ante el Senado yanqui. O un ex jefe de inteligencia, encargado de otorgar información permanente a la Embajada yanqui.  Creer que USAID o la NED son filantrópicas ONGs es una ingenuidad. Son organismos al servicio de los intereses imperiales.

Ahora bien, en medio de todo esto, el escándalo generado por Telesur cobra ribetes demenciales, cuando se pretende que las denuncias ciertas sobre actos de corrupción, autoritarismo bonapartista, violación a preceptos constitucionales, persecución y criminalización de la protesta social sólo responden a la intención de “desestabilizar” al gobierno de AP.  Hábil la política correista de gritar contra los “agentes de la CIA”, (sin real sustento para calificarlos de tales) como respuesta a esas acusaciones.  Y perseguirlos.  Y enjuiciarlos y pretender encarcelarlos. E intimidarlos.

¿Puede tener crédito, entre gente sensata, la propaganda gubernamental que ante las denuncias su respuesta en cadenas televisivas es mostrar, con mayúsculas y entre signos de admiración la palabra ¡MENTIRA!,  sin sustentarla?

El aparato de propaganda del correismo es de corte fascista. Digno discípulo de Goebbles, el señor Alvarado no cesa de bombardear con respuestas que nada responden, con las sabatinas que atosigan y muestran unas cuantas gentes entre ingenuas y pagadas o forzadas a concurrir a esas mojigangas semanales, enfocando a unos cuantos que aplauden los insultos de su majestad. Propaganda que incluye la mentira institucionalizada.

Y esa política de sesgarlo todo pretende que la izquierda es cómplice del proyecto derechista de desestabilización. Entre los recursos sucios está aquél de calificar de izquierdista a Auqui Tituaña –por su ex militancia en PK- personaje ajeno a su pueblo, divorciado de él, indígena con ideología neoliberal, que quiso ser binomio en la candidatura del banquero Lasso.

Las elecciones se avecinan.  Y es tiempo de agitarlo todo.  Qué mejor oportunidad que la que le brinda Telesur para calificar a toda la oposición no sólo de cómplices de la derecha sino de agentes de la CIA. Y ponen a funcionar activamente a intelectuales como Jaime Galarza, cuyo conocimiento, fruto de investigación abnegada, le ha permitido mostrar pormenores de las andanzas de la CIA, con todas sus tenebrosas connotaciones. Jaime desempolva verdades.  Lo deplorable es que calla las otras verdades: las de los trapos sucios de AP.

Alguna vez escribió La Olla Sucia, artículo en el que mencionaba tibiamente la corrupción en instancias del gobierno. Y de ello no pasó.  Calla también sobre la política neoliberal del gobierno: las privatizaciones, las tercerizaciones, la agresión a los derechos laborales, el nefasto TLC con la UE, el extractivismo desaforado con que pretende justificar la obra infraestructural que sienta las bases para el desarrollo capitalista y que, de paso, agrede a la naturaleza y a los pueblos ancestrales. Calla sobre el endeudamiento “agresivo” –en el mejor estilo de los que precedieron al feriado bancario- con la República Popular China, a la que el escritor calificó alguna vez de amiga desinteresada, no sé si ya a sabiendas de la usura con que nos acogotaba y nos acogota.

Escribió la señora Erika Silva, repitiendo los mismos lugares comunes sobre la CIA y pretendiendo que lo mismo que acontece en Venezuela – la brutal agresión de la derecha para derrocar a Maduro – se pretende ejecutarlo aquí.  Cuando es de todos sabido que aun la derecha más recalcitrante, la de Lasso, Nebot, Rodas y compañía e incluso los militares, le exigen al presidente terminar su período, ante los amagues de abandonarlo antes de hora.

No dudamos  que lo acontecido en Brasil no es sino fraguado por la derecha corrupta, con el capo Temer a la cabeza, pero acá las cosas pasan de otro modo.  La verdad es que la otra derecha –la una nos gobierna- la de Creo, Suma, PSC, etc., se aprovecha de todas las quiebras de esta seudo revolución ciudadana para encaramarse, en mayo de 2017, en el poder. Y lo hará -si el pueblo obnubilado lo permite- para dar continuidad al plan neoliberal de  privatizaciones que comenzó a ponerlo en práctica, desde hace rato, el gobierno de la “revolución ciudadana”, el del “socialismo del siglo XXI”; a la venta de la  soberanía nacional vía TLC con la UE, vía saqueo del subsuelo por las corporaciones a las que Correa ha entregado gran parte de la heredad nacional. Y para todo lo cual cuenta con un Código Orgánico Integral Penal, funcional al neoliberalismo desatado, con el cual perseguir y encarcelar a quienes protesten por la laceración de los derechos de los trabajadores, por los abusos del poder fascistoide.

Escribe el señor Fernando Falconí, sobre los mismos lugares comunes, callando los pecados capitales del gobierno y el descontento popular, que lo atribuyen a la propaganda de la oposición, sin ver la viga en ojo propio. Y por ahí, en El Telégrafo, diario oficial de adulos al líder y  de tergiversaciones, sesgado y con verdades a medias, igual que la “prensa corrupta”, publica una curiosa carta de un lector al director del diario, el señor “N.N. jubilado de la República del Ecuador” (sic) (El Telégrafo. 10 de junio de 2016. Pág. 13) que dice, entre otras, estas perlas: “Empezaré por decirle que los agentes de la CIA son personas serias, bien formadas, con una ética bien cimentada. Nada tienen que ver con las personas por ustedes mencionadas”. Y en otro párrafo: “Ninguno de los mencionados tiene la estatura moral para ser agentes de una entidad tan profesional y técnica”. Para terminar con este panegírico a la central del crimen: “Y volviendo a los supuestos agentes de la CIA, no ofendamos a esa institución noble de los estadounidenses que ha logrado frenar a los más atroces terroristas del mundo. (Los subrayados son míos)

El periódico del “socialismo del S XXI” no aclara, como era de esperarse, al final del anónimo, nada sobre la verdadera naturaleza de la tenebrosa institución del espionaje imperial norteamericano. Preguntamos: ¿No era pertinente, en Nota de la Redacción, recordarle al señor N.N. jubilado de la República del Ecuador, que la CIA echó del poder al gobierno legítimo y progresista de Guatemala, en el año 1954, expulsando a Jacobo Árbenz del poder? ¿Qué fue la artífice del derrocamiento del presidente Salvador Allende con la secuelas de persecución y crímenes masivos?  Pero había que publicarlo, porque lo importante era recoger toda la agresión, todos los insultos a los acusados, inocentes o culpables. Porque las elecciones se acercan, porque hay que tender una cortina de humo, porque hay que acallar el clamor de un pueblo decepcionado y traicionado.

Apostilla.

El Presidente Correa cuenta que, al comienzo de su mandato fue visitado por un agente de la CIA.  No lo dudamos.  Sólo nos preguntamos: ¿Por qué no cuenta qué le dijo el agente, qué le propuso el sujeto de marras? ¿Lo amenazó? ¿Qué le contesto el Presidente? ¿Le amenazó de muerte, como cuenta Perkins, “el sicario económico”, que hacen los agentes a los flamantes presidentes que no  aceptan las amenazas disfrazadas de propuestas? ¿Temió por su vida? ¿Él, que “prefiere la muerte antes que perder la vida”?