A DANIELA SALAZAR Y GABRIELA RIVADENEIRA. Por Atawallpa Oviedo

14 de junio 2016
“La civilización patriarcal no se define por el dominio de los hombres sobre las mujeres, sino por el tipo de ser humano, masculino y femenino, que hace posible tal dominación.”
Casilda Rodrigañez
Este artículo tiene el propósito de cuestionar los argumentos esgrimidos por Daniela Salazar en la Carta abierta a Gabriela Rivadeneira[1], no lo hago para defender a la presidenta de la Asamblea, pues también cuestiono su proceder, pero tampoco comparto la visión de Daniela Salazar ya que desde mi punto de vista sigue con la misma visión patriarcal pero desde el otro lado. Como asimismo, no participo de una serie de memes y de escritos contra Gabriela, pues detrás de ellos hay todo un machismo y un sexismo, que es más de lo mismo y que refleja que no hay cambio. Correistas y anti-correistas, los dos lados de la misma moneda.
En primer lugar, voy a definir lo que entiendo por patriarcalismo: Hace unos 4000 años se imponen los patriarcas en el medio oriente. Según la historia oficial de Occidente, el más importante patriarca es Abraham, quién declara que dios se le había presentado para decirle que él era “único verdadero” y que los demás eran paganos. A partir de esta fábula, Abraham empieza la persecución y muerte de quienes no creían en su dios monoteísta. Esto, conllevará paulatinamente a la instalación de la monodia o el monismo, y de todos los tentáculos que irá recreando en su recorrido hasta alcanzar el máximo nivel en nuestros días, con el perfeccionamiento del pensamiento único o paradigma monocultural de la civilización patriarcal. La historia se divide: antes y después del patriarcalismo.
El propósito fundamental del patriarcalismo fue el matricidio, para terminar con todos los modelos de lo matricial o principio femenino de vida, a la que consideraban inferior, salvaje, atrasado, deforme, etc. (Platón: Las mujeres son” inferiores por naturaleza”. “Las mujeres son resultado de una degeneración física del ser humano”. Del matricidio vino el etnocidio, el genocidio, el ecocidio, el teocidio, el infanticidio, etc., etc. Desde la muerte de la gran madre y de la matria (no: patria), la humanidad está huérfana. La eliminación de lo maternal consistió en domeñar a todo lo femenino que hay en la vida: la mujer, la naturaleza (dominad a la naturaleza), la sensibilidad, la emocionalidad, la sensitividad, la sexualidad, las etnias, las culturas, la espiritualidad (no confundir con la religión que es patriarcal), etc. Esto, al mismo tiempo condujo a la creación del prototipo perfecto: varón, adulto, blanco, rico, heterosexual, profesional, libre; convirtiéndose en el referente y espejo de lo que deben ser todas las personas, familias, comunidades y sociedades, en todo el mundo (“lo que debe ser”: La Ley del Padre).
Esto es, la búsqueda de la homogenización y de la uniformización, en contraposición, a la idea de diversidad, de variedad, de pluralidad, de heterogeneidad. Por ello, su razón de vida ha sido la anulación y/o eliminación del otro, de lo diferente, de lo opuesto; en contraste al otro paradigma, que entiende que el hombre y la mujer son complementarios, y, por ende, todo en la vida sigue esa misma matriz y su sentido de vida es la búsqueda de la armonía y equilibrio entre posiciones polares. Siendo ese, el gran y profundo dilema, que ha recreado dos mundos totalmente diferentes, los que chocan permanentemente con la cantidad de conquistas, guerras, depredaciones, explotaciones, que cuenta la historia desde el patriarcalismo, antes de ello, no se han encontrado vestigios a ese nivel.
De toda esta persecución a la pluralidad, surgió la monarquía, el monoteísmo, el monopolio, la monogamia, el monocultivo, etc., etc., los cuales, son la manifestación y expresión de su sistema-mundo, al cual le llamaron “la civilización”. Y todos quienes no responden a estas lógicas (concepto patriarcal), han sido perseguidos y catalogados, como: salvajes, primitivos, bárbaros, atrasados, incultos, subdesarrollados, tercermundistas, etc.
Esta dominación por alrededor de 4000 años de lo femenino y de todo lo que no se ajuste al esquema vertical, divisorio, separatista, racionalista, etc., conllevó a una serie de luchas de emancipación por cada uno de ellos: el indigenismo, el ecologismo, la psicología transpersonal, el relativismo cultural, el feminismo, el veganismo, los GLTB, el igualitarismo, el antiespecismo, la quántica, etc., etc.
En el caso del feminismo han surgido varias tendencias, una de ellas, propugna que las mujeres tengan los mismos derechos, atribuciones, funciones, formas, como la tienen los varones, es decir, igualarse a los varones para ser como ellos. Un otro feminismo y en oposición a esta visión, plantean que hay que marcar la diferencia entre lo masculino y femenino, pero con una valoración equitativa. Y así otras tendencias. Pero a la final, se ha impuesto mayoritariamente la concepción de igualdad, por ello, hoy se habla de “igualdad de género”.  Que básicamente se refiere a una participación cuantitativa igualitaria entre hombres y mujeres en las instituciones, organismos, entidades, sin darse cuenta que todas ellas fueron creadas y sirven para mantener la civilización patriarcal. Dándose el caso, de que algunas mujeres han llegado a puestos de poder (Margaret Thatcher, Angela Merkel), desde donde han defendido y consolidado -aún más- el sistema-mundo patriarcal.
Esto es, lo que llama Casilda Rodrigañez la configuración de la “mujer patriarcal”, la que ha asimilado e interiorizado el patriarcalismo y lo defiende hasta mucho mejor que algunos varones. Esto también se relaciona con lo que Claudio Naranjo habla de la “mente patriarcal”, como la forma de pensamiento de la civilización que nos ha conducido a la crisis global, y entre ellos, al calentamiento climático que ha puesto en peligro la existencia misma de la especie humana.
Ante ello, han surgido el feminismo decolonial o el integral, que han visto que el problema no es de cantidad sino de calidad, lo que implica la intervención de categorías, principios, formas, ontologías, desde el senti-pensar de todo lo femenino de la vida y de todos aquellos pueblos y formas de vida anti-patriarcales. Esto es, conceptos como: espiralidad, ciclicidad, reciprocidad, correspondencia, integralidad, complementariedad,
armonicidad, etc. La presencia abierta y manifiesta de “mujeres patriarcales” en el ejercicio del poder patriarcal, ha hecho que se desvíe o deforme la lucha y se haga más difícil y compleja la introducción de la femineidad o matrilidad a todo nivel en la vida humana, al haber propias mujeres que se oponen.
La “igualdad o equidad de género”, a la final se ha constituido en una trampa que integra y coopta a las mujeres al servicio del sistema-mundo patriarcal civilizatorio. Tanto es así, que la derecha lo acepta, y los organismos internacionales y las ongs también hablan de “igualdad de género”, pues hay mujeres patriarcales enfrentándose a las mujeres y varones que quieren acabar con la civilización patriarcal, colonial, capitalista, desarrollista. La “igualdad de género” se queda en la resiliencia, la adaptación la mitigación, la vulnerabilidad, la sustentabilidad, el desarrollo, la pobreza, es decir, en parches, para así no enfrentar y resolver los problemas estructurales que originan todo ello.
Dentro de la teoría de género hay dos vertientes: la que defiende los roles por género, y la que dice que los roles son construcciones sociales. En el primer caso, está Gabriela Rivadeneira y que es la posición conservadora, y en el otro, Daniela Salazar que es la liberal, pero ambas, son expresiones de la “mujer patriarcal”, ya que desovillan algunas, no en conjunto, una serie de categorías y formas patriarcales. Gabriela y todas las correistas, han “reconocido” que son “sumisas” ante su patriarca Rafael Correa y ante todo lo que él ha dicho y hecho, a pretexto de procesos y de lo positivo que él ha realizado. Son la máxima expresión de la obsecuencia, y promoción del verticalismo del poder, de la uniformización en el pensamiento único, del cristianocentrismo curuchupa, del autoritarismo de su majestad, en definitiva, de todo el menosprecio y morbo de la “mente patriarcal” sobre las mujeres, los indígenas, los homosexuales, la naturaleza, la espiritualidad, la democracia, etc.
Dentro de las mujeres patriarcales liberales, tenemos conceptos como los que señala Daniela (preciso que muchos otros conceptos que señala no son patriarcales): Empecemos por la principal que critica a Gabriela “Todas las mujeres en el país tenemos la tarea de ser madre, ser esposa, trabajar“, y su argumento de cuestionamiento dice: “(…) no puedes concebir una mujer libre, una mujer que en vez de tareas tenga opciones, derechos y libertades (…) eres capaz de desconocer décadas de lucha para redefinir el rol de la mujer en la familia y el trabajo (…) no pueda comprender que la naturaleza no nos encadena ni fija nuestro destino. La capacidad de reproducción no nos define como mujeres. No tenemos un mandato biológico de criar hijos (…) Hasta tanto, mientras dure tu mandato, como tu mandante te exijo una disculpa pública. (…) Una disculpa a todas las mujeres libres, que no nos dejamos oprimir ni cumplimos tareas o roles asignados arbitrariamente por la sociedad.”
En síntesis, el gran debate por el rol-centrismo, en la que algunas defienden la idea de eliminar los roles para que la asuman indistintamente hombres y mujeres. Ellas ven que el problema está en el rol en sí mismo y no en la discriminación por un rol, y cuyo argumento de defensa es la visión patriarcal del estar más allá de la naturaleza para estar encima o en dominio de ella. Y, por otro lado, la concepción patriarcal cristianocéntrica de exigir disculpas.
Todo lo señalado anteriormente, nos ha conducido a que la mujer rica o de clase media que trabaja fuera de la casa, se sirva de empleadas domésticas para que hagan las tareas del hogar, a que los niños sean criados y educados por las sirvientas y no por sus propios padres, etc. Con ello, reafirmando y consolidando el sistema de dominación patriarcal-capitalista con otras mujeres, las cuales generalmente son las indígenas y negras, que también han abandonado a sus hijos con las abuelas. Etc., etc. Qué sería de ellas y de ellos, si no hubiera quien les dé haciendo esos roles que no quieren hacer.
Esto quiere decir que el asunto es integral, de un tipo de sistema social que ha dividido a la familia, y que ha sacado de la comunidad: la escuela, la espiritualidad, el trabajo, la medicina, etc., para separarlo y especializarlo todo. Lo que ha generado una sociedad cada día más patriarcal, es decir, individualista y hedonista, en la que a pretexto de libertad, quieren estar más allá de lo biológico, de la naturaleza, de lo comunitario, de la espiritualidad, de lo armónico, de lo complementario, etc.
Cuántas mujeres se sienten tristes, porque este sistema les obliga a trabajar por un salario y abandonar a sus hijos. Pero tampoco es solución que el hombre se quede en casa y ella salga a trabajar, y que él alimente a su hijo con leche de vaca y no con leche materna, que el niño no viva el cuerpo a cuerpo con su madre, etc. Aquí vale anotar, lo que hace referencia Casilda Rodrigañez[2]: “Todas (prácticamente) hemos carecido del cuerpo a cuerpo con la madre, del contacto piel con piel con la madre, de la sexualidad básica de nuestra vida, donde se cargan las pilas y se organiza todo el desarrollo ontogénico. Esto ha sido comprobado recientemente por la neurofisiología (Nils Bergman…) (…) Al quitarnos la madre, nos cortan las raíces de la vida, como a los bonsáis.”
El gran logro del patriarcalismo para construir la “mujer patriarcal” fue la pérdida de la maternidad, así, ella se convierte en defensora del poder falocéntrico. Esto lo resumió Freud, cuando aseguraba que sólo había un sexo y que la mujer era un varón castrado. Ésta, la forma más terrible de describir a la mujer por su vacío de maternidad. La Biblia de origen patriarcal lo proclamó: ‘El hombre te dominará’, ‘parirás con dolor’ y ‘pondré enemistad entre ti y la serpiente’…así resumía el Génesis a la nueva civilización que se levantaba contra las sociedades matriciales.
Entonces, el problema no está en los roles ni en el género ni en la paridad numérica ni en nada parecido, sino en la “mente y sociedad patriarcal”. Es esta mente dictatorial, la que nos ha conducido a toda esta disfuncionalidad entre lo masculino y femenino, en todos los órdenes y formas de nuestra vida social y natural. Necesitamos otro mundo, que funcione de otra manera, entre las cuales, es fundamental recuperar la mayoría de actividades en la familia y en la comunidad. Un mundo donde los roles naturales de las mujeres sean valorados y respetados por los varones y viceversa. Para que haya diferencia y variedad entre varón y mujer, en respeto y apoyo mutuo, y no, para que se haga una mezcla en que no sepamos las cualidades y condiciones de ser varón y de ser mujer. Para que la igualdad sea en la diferencia y con ello hagamos un mundo de complementariedad y no de anulación del otro. Para que las mujeres retomen la dirección de sus familias y de las comunidades. Para que ellas se hagan cargo de la economía pues tienen mejores condiciones, ya que se ha demostrado científicamente que ellas tienen mejor capacidad de adaptación a los riesgos y de resiliencia ante situaciones vulnerables, que los varones. Etc.
En definitiva, para que haya un equilibrio entre nuestro hemisferio cerebral masculino (derecho) con el femenino (izquierdo), y podamos salir de toda forma de dominación anoréxica y miope, conservadora o liberal, y regresemos a la naturaleza, es decir, a la madre vida, a la madre tierra, a la diosa-madre, a la madre cósmica, para amarla y cuidarla. Y así, recuperar a nuestra madre y dejar de estar huérfanos que caminan desolados por la vida, y aprendamos a caminar en consenso, conciliación, mediación, correspondencia, simbiosis, sinergia, homeostasis, etc.