EL CONFUNDIDO. Por Geovanny Pangol

18 de junio 2016

Después de tanta contaminación de la prensa corrupta me estallaba la cabeza, me sentía incómodo, no sé… me daban ganas de salir y darles duro a esos que solo se pasan hablando y viendo todo lo malo de este gobierno. Ya no les aguanto a esos desinformados, mediocres y malas personas.

Tiene razón el máximo, de estar cansado de nosotros. Es que no es justo que después de tanto sacrificio, aún haya gente que no se conmueva. Imagínense, días enteros sin ver a la familia, por preparar las sabatinas; horas y horas de hablar y hablar para que todos entiendan, para que todo esté claro y no nos dejemos contagiar de aquellos sufridores que solo quieren el mal para nosotros.

Yo si les admiro a quienes están al frente, porque son tan creativos que se valen de tantos mensajes, canciones, intervenciones, fotos etc.; solo para que seamos felices con lo que tenemos.

Pero, esa prensa que no sirve ni para madurar aguacates, nos está desinformando tanto, que hasta a mí me está haciendo dudar. Yo sé que eso no es de cristianos; peor aún de militantes, pero de ver tanta mala fe, hasta uno se confunde.

Así que me fui un sábado para escucharle al gran líder, para que me quite esos demonios derechistas que estaban entrando en mi mente. Segurito que él me iba a ayudar. Me senté en la última fila, no había donde poner un pie, qué cantidad de seguidores que tenemos.

Y yo que regreso a ver, a mi lado me encuentro con un viejo compañero, de aquellos que éramos re camaradas de esos súper firmes. Me dije a mi mismo: quien más que él para que me haga entender algunas cosas que me rondaban por la cabeza.

-Hola compañero.

– ¿Cómo le va compañerito?

Me puse contento de que aún se acuerde de mí, nada de poses, ni de prepotencias, súper sencillo.

-Vea compa, sáqueme de algunas dudas que tengo. Hay algunas cosas que me están inquietando.

-Diga nomas compañerito -me dijo.

– Se acuerda cuando usted y yo éramos guambras rebeldes, inquietos.

– Lindos tiempos. ¿Cómo olvidar?

–    Y salíamos a protestar, a las calles, contra las medidas económicas o las injusticias de la sociedad, bien apasionados éramos, se acuerda. Usted que era nuestro dirigente, sin ser chino, cogía una piedrita y la lanzaba contra los chapas.

-No les diga chapas. Ahora son compañeros que cuidan nuestra revolución.

– ¡Cierto es! (Pausa incómoda) Y se acuerda de esos discursos fogosos en el colegio diciendo que los jóvenes jamás pueden estar callados ante la prepotencia y que nunca olvidaremos el pensamiento de Montalvo. Esa frase tan linda que aprendimos, como el padre nuestro: “Desgraciado el pueblo donde la juventud no haga temblar al tirano”

Y todos, sin miedo, salíamos a las calles. Se acuerda que la gente nos aplaudía y decía que estaban orgullosos de nosotros, que éramos los únicos que protestaban. ¿Si se acuerda? Se da cuenta que antes eso era bueno. Y ahora salen unos estudiantes y les calificamos con los mismos términos que usaban los que gobernaban en esa larga noche.

Confundidos, vagos, manipulados, agitadores. Peor, ahora se les dice terroristas, manzanas podridas y no solo eso, sino que se van donde nuestros compañeros de la justicia – que por cierto y punto a parte están haciendo buen trabajo – y se les quiere meter a la cárcel por hacer lo mismo que nosotros hacíamos. Esas cosas, con las disculpas del caso… no entiendo.

– ¿Qué le pasa a usted? Compañero, esas son cosas que hay que olvidar. Ahora reconocemos que eran errores: salir a la calle, estar gritando como locos, perdiendo clases; todo eso hay que superar. No se da cuenta que antes entraban los agitadores a nuestras aulas a organizarnos para que salgamos a las calles y era un partido político que se encontraba detrás. Las aulas no son para hacer política, los alumnos a estudiar y los maestros a enseñar y punto.

-Vea compita y qué hay de nuestras organizaciones; esas lindas que estamos creando con los del ministerio, una con los guambras y la otra con los maestros. ¿No me diga que ellos no hacen política? Porque yo, sí he visto a nuestros compañeros que entran a los colegios a hablar a favor nuestro. Pegan carteles en los pasillos pidiendo que se unan y a aquellos que no están con nosotros les mandamos a otros colegios, para que solo nosotros seamos los únicos revolucionarios.

-Compañero, tenga cuidado, usted se está desviando…

– ¿Desviando? No compañero, pensando no más. Es que veo tantas cosas… Se acuerda de los levantamientos indígenas, esos que nos hacían sentir orgullosos de nuestra identidad, con los que hacíamos temblar a los de la derecha. Esos, que usted y yo ayudábamos a organizar, con los que cerrábamos carreteras y no dejábamos que pase nadie. Esos que nos permitieron conquistar reivindicaciones. ¿Si se acuerda?

En cambio, ahora, a los dirigentes indígenas que eran compañeros; y que lamentablemente no están aquí, sino allá, se les condena a estar encerrados en la cárcel por salir a protestar, cerrar carreteras y responder a los chapas – perdón- a los compañeros guardianes de la revolución. Y se les dice que están en contra de los intereses de la patria.

-Hasta ahí nomás señor. Ya veo que usted es un infiltrado, le voy a pedir de manera discreta que se vaya de aquí, antes de que el máximo líder le vea que está haciendo relajo. Así son ustedes, vienen a provocarnos y luego se creen perseguidos, victimas.

Y me fui no más. Yo tengo la culpa por escuchar y leer tantas mentiras en las redes sociales y en la mala prensa. Elé, ahora si los compañeros se enojarán conmigo. Me da tanto coraje.

Y eso que no le pregunté de aquellos aliados de la partidocracia, ni de los nuevos ricos, ni de los papeles de panamá, ni del TLC con Europa, ni del monopolio de medios… Uy mejor me callo, así podré seguir siendo parte de los verdaderos…