EL BREXIT, ES ANTI-GREXIT. Por Étienne Balibar

(AP Photo/Geert Vanden Wijngaert)

Anarquía Coronada

4 de julio de 2016

Débil, Atenas fue condenada al ostracismo en el interior de las fronteras de la Unión. Hay fuertes evidencias de que el proceso se dará de forma inversa respecto a los británicos: la geometría del sistema europeo se adaptará para reintegrarlos por el margen.

Lejos de mí la idea de minimizar el carácter dramático de las consecuencias que serán producidas por el voto del Reino Unido: para los británicos y para la Europa. Pero me sorprende la manera como se nos presentan los hechos en los títulos de la prensa francesa y extranjera: “Après le Brexit…. [Después del Brexit…]”. Salvo raras excepciones, todos parecen dar por sentado que el divorcio ocurrió. En realidad, adentramos seguramente en una fase de turbulencias cuyo desenlace, sin embargo, no tiene nada de claro. Es esta incertidumbre que me gustaría intentar comentar e interpretar. Sabemos bien que comparación no es razón, y, sin embargo, cómo no recordar que en la historia reciente de la política europea los referéndums nacionales o transnacionales jamás son aplicados? Este fue el caso en el 2005 y en el 2008 a propósito de la “Constitución Europea” y del tratado de Lisboa, y, de manera todavía más evidente en 2015, en el caso del memorándum impuesto a Grecia. Probablemente, lo mismo ocurrirá ahora. La clase dirigente británica, más allá de los conflictos personales que la dividieron tácticamente, maniobra para retardar los plazos y negociar de la mejor forma la “salida”. Ciertos gobiernos (el francés a la cabeza), así como los porta-voces de la Comisión, multiplican la fantochada (“fuera es fuera”, “salir quiere decir salir”). Pero Alemana no lo ve así, y no habrá unanimidad alguna a propósito, salvo de mentira.

Lo más verosímil – al término de un periodo de tensiones cuyo resultado no será tan determinado por las opiniones públicas como por las situaciones de los mercados financieros – es que se fabricará una nueva geometría del sistema de los Estados europeos en la cual la pertenencia a la Unión europea será siempre compensada por otras estructuras: la eurozona, pero también la OTAN, el sistema de seguridad en las fronteras que sucederá al acuerdo de Schengen, y una zona de “libre comercio” a ser definida en función de las relaciones de fuerzas económicas. También desde este punto de vista, la comparación entre el Grexit y el Brexit puede revelarse instructiva; la debilidad de Grecia, abandonada por todos aquellos que, lógicamente, tendrían que haber sostenido sus reivindicaciones, llevó a un régimen de exclusión interna; la fuerza relativa del Reino Unido (que puede contar con sólidos apoyos en la UE) conducirá sin duda a una forma acentuada de inclusión externa. Eso quiere decir que giro algún acaba de ser dado? Obvio que no. Examinemos brevemente el “lado inglés” y el “lado europeo” antes de decir porque ellos no son separables, sino que representan los dos lados de una misma moneda.

Es evidente que la historia particular de la Grand Bretaña – su pasado imperial, su historia social hecha de cambios brutales –  debe ser llevada en cuenta para explicar la emergencia de un sentimiento “anti-europeo” hegemónico. Los análisis que nos son propuestos muestran que este último abarca una diversidad de motivaciones, repartidas según factores de clase, generación, nacionalidad y etnicidad. Potencialmente, son contradictorios entre sí, y es esta contradicción que es ocultada por el discurso “soberanista”, que fue manipulado por los partidarios del Brexit. Entonces, tenemos que plantearnos la cuestión de saber por cuánto tiempo lo mismo discurso estará en condiciones de “mascarar” el hecho de que las tensiones económicas y sociales, en primer plano, de las cuales una proporción creciente de los “nuevos pobres” del reino son victimas hoy en día, se deben a los efectos acumulados de políticas neoliberales que la UE no impuso sola a la Gran Bretaña, ya que esta última ha sido, al contrario, desde la época de Thatcher y después en la del New Labour, uno de sus más activos sostenedores en relación a toda la Europa. Por si solo, el Brexit – cualesquiera que sean sus modalidades – no aportará correctivo alguno para esta situación. Salvo si, evidentemente, una política alternativa se tornase mayoritaria. Para eso será necesario, empero, y esa no es la principal paradoja de la situación, que ella implique una contrapartida continental, pues la ley de concurrencia entre los territorios se impondrá  más que nunca.

Lo que nos lleva al lado “europeo”. Todas las especificidades consideradas, ninguno de los problemas que asolan el Reino Unido están ausentes de las naciones europeas. Es lo que hay de verdadero en la propaganda “populista” (“ni izquierda ni derecha”) que se despliega ahora por toda UE, demandando referéndums como el inglés. Ya por el 2005 el canciller Schmidt observaba que, salvo excepción, las consultas como las hechas en Francia y Holanda tendrían dado resultados negativos por todas partes. La crisis de legitimidad, el retorno del nacionalismo, la tendencia a proyectar el malestar social y cultural sobre un “enemigo interno”, buscada por los partidos xenófobos e islamofóbicos, se desarrollaron por todos lados. La crisis griega ha sido utilizada por los gobiernos adeptos a la austeridad social para hacer de la deuda pública el fantasma de los contribuyentes. La crisis de los refugiados ha sido amalgamada a las cuestiones de seguridad. Dicho claramente: aquello que se manifiesta más allá de la Mancha como “separatismo” se traduce por todos lados en Europa como tendencia al despedazamiento de las sociedades, agravación de sus fracturas internas y externas.

Digamos mejor: cruzamos un límite en el proceso de disgregación de la construcción europea, no en razón del voto británico, sino en razón de aquello que lo mismo revela en términos de tendencias hacia la polarización del conjunto europeo y de la crisis política, que es también moral. No solo estamos en un “interregno”, como ya he escrito, sino que asistimos también a un proceso destituyente que, por ahora, no tiene contrapartida constituyente.

¿Impotentes? Esa es toda la cuestión. A corto plazo, soy muy pesimista ya que todos los discursos de “refundación” de Europa están en manos de una clase política y tecnocrática que no vislumbra transformación alguna de las orientaciones que le aseguran la indulgencia del poder oculto (lo de los mercados financieros), y no quieren reformar en profundidad el sistema de poder de dónde saca su monopolio de representación. Y, por vía de consecuencia, la función de contestación es asumida por partidos e ideólogos que tienden a destruir los lazos entre los pueblos (o más genéricamente los residentes) europeos. Será necesaria una muy larga marcha para que se conjuguen y se precisen a los ojos de una mayoría de ciudadanos, a través de las fronteras, la estrecha interdependencia entre soberanía compartida, democracia transnacional, alter-mundialización, codesarrollo de las regiones y naciones, traducción entre culturas. No estamos a la altura,  y el tiempo urge… Una razón más – si creemos en Europa – para buscar la explicación sin cesar.

Fuente: http://anarquiacoronada.blogspot.com.ar/2016/07/el-brexit-es-anti-grexit-etienne-balibar.html?m=1

[Fuente en idioma original: http://www.liberation.fr/debats/2016/06/27/le-brexit-cet-anti-grexit_1462429 escrito en 27/6/2016]