EL CAMBIO DESDE ARRIBA Y ADENTRO, Y EL CAMBIO DESDE ABAJO Y AFUERA. Por Atawallpa Oviedo Freire

RED GLOBAL SUR

AtahualpaOviedo

25 de julio de 2016

Las trampas de las políticas de género, interculturalidad, sustentabilidad…

Cuotas de poder, participación en el Estado, inclusión al sistema oficial, son las nuevas tácticas del establishment en la práctica social para el control hegemónico. Si antes se sometía mediante la dictadura o la segregación o la educación forzada, ahora es mediante la integración y cooptación al poder y la racionalidad dominante. Es la manera sutil del manejo sistémico para anular, inmovilizar, negar, y asimilar a todos al pensamiento y hegemonía oficial.

En la retórica social se hace un reconocimiento a las mujeres, su aporte a la vida, sus capacidades y talentos, etc. Ante ello, se exige igualdad de derechos, igualdad de participación, igualdad económica, en fin, igualdad de género. La lucha se transforma en la búsqueda de la equidad en la intervención de hombres y mujeres en la vida social, política y económica. El poder accede y entrega a ciertas mujeres el mando de ciertas instituciones, las mismas que tienen la impronta de la mente patriarcal configurada en cientos de años de patriarquía o pramidalismo. Pero no le entrega a cualquier mujer, sino a aquellas que han asimilado y enraizado el patriarcado, es decir, a aquellas que han devenido “mujeres patriarcales”.

Así la lucha distal e integral contra el sistema patriarcal, causa y origen del machismo, el sexismo y de toda la segregación y ablación de la mujer, queda postergada para simplemente centralizarse en una acción por un mayor nivel cuantitativo de participación de las mujeres dentro del sistema-mundo patriarcal. De esta manera estratégica, la acción queda reducida a tener las mismas ventajas que tienen los hombres en el sistema creado y estructurado por el patriarcalismo. Se les entrega cuotas en el poder misógino, pero ellas no se convierten en luchadoras contra el sistema que les domeña, máximo se esfuerzan en lograr más derechos dentro del mismo Estado y sistema de poder sexista.

De esta manera, la mayoría de mujeres creen estar representadas o de que ya tienen los mismos derechos que los varones o de que al fin ya tienen participación en el poder. Sin que se dan cuenta que con ello están legitimando y naturalizando el mismo sistema de biopoder piramidal, en el que ahora hay mujeres enfrentándose contra otras mujeres. Mujeres que atacan inconscientemente a las formas y paradigmas femeninos de lo matricial o espiralado, y defienden al sistema piramidalista y sus múltiples tentáculos: colonialismo, capitalismo, productivismo, racismo, separatismo, materialismo, racionalismo, etc.

Las mujeres que han llegado a sitios de poder o que están dentro del sistema dominante, no han hecho acciones para desestructurar el poder vertical, por el contrario, estas mujeres han sido fieles defensoras del sistema divisorio, lineal, clasista, homogeneizador, etc. Lo que significa su fortificación y apuntalamiento para que el sistema patriarcal se renueve de otra forma y con otros medios, pero ahora impulsado desde arriba y desde adentro, no solo por los varones sino también por las mujeres. En definitiva, la neo-misoginia consiste en introducir personas con rasgos físicos femeninos en el sistema patriarcal, pero sin integrar los principios y paradigmas de lo femenino, matricial, integral, espiral; y cuyo propósito es que ellas mismas se encarguen de cuidar y de prolongar perpetuamente el sistema que las somete.

Por su parte, de los indígenas se dice que son los guardianes de la tierra, que viven en el continuum de la naturaleza, que sus conocimientos son necesarios para construir una nueva humanidad. Por lo que se pregona su inclusión en las políticas de desarrollo, se les integra a los beneficios del progreso y la modernidad, se les permite tener puestos en los gobiernos nacionales e instancias internacionales, etc. Se convierten en diputados, alcaldes, y hasta presidente de la república (Bolivia), pero no se produce ninguna transformación estructural, ni se cambia el estado colonial y republicano, ni se integran las ontologías y epistemologías indígenas, y a la final todo sigue igual. La inclusión indígena se convierte en la integración de personajes con fenotipo o pigmento “del color de la tierra” al mismo poder y sistema racista, pero no de la filosofía, metodologías, axiologías, hermenéuticas indígenas. Estos indios en el poder no están para recrear otro sistema sino para continuar con el blanqueamiento que ahora lo ejecutan los mismos indígenas. La mentalidad colonial instrumentalizada por los indios, que articulan ideas liberales, marxistas, positivistas, capitalistas, desarrollistas, progresistas, religiocentristas, etc.

La interculturalidad y la plurinacionalidad tan solo queda en la intervención de indígenas dentro del mismo Estado y gobierno colonial-liberal. Se introducen algunas simbologías y parafernalias ancestrales al mismo sistema de dominación, en un típico pachamamismo para maquillar al mismo sistema-mundo xenófobo y homofóbico, y no, para cuestionarlo y resquebrajarlo. Se convierten en nuevos felipillos que se encargan de tender los lazos con los neo-conquistadores, para que el indio siga sirviendo a la biopolítica de los grupos hegemónicos.

Lo que significa que el racismo sigue latente al mantenerse los mismos conceptos y valores coloniales y de la modernidad occidental en la vida común y corriente. De esta manera, los indios quedan máximo como adorno para recibir a personalidades, como turismo comunitario, como danzas y músicas para el mercado posmoderno, como espiritualidades para buscadores new age. Con ello el sistema continúa incólume, con indios incorporados al mismo poder racializado, para reclamar solo ciertos derechos para los indígenas dentro del mismo sistema xenófobo. De esta manera, se posterga el asunto de fondo que es el cambio del sistema eurocentrista o de blanqueamiento ontológico y epistémico. En definitiva, el neo-racismo consiste en incorporar gente con características físicas indígenas al poder estatuido, pero que su mentalidad está estructurada en lo colonial y formada en la modernidad capitalista, para que se responsabilicen en naturalizar y legalizar el sistema de dominación eurocéntrica.

En el mismo sentido podemos hablar de los ecologistas y ambientalistas. Se dice que ellos han cambiado las dimensiones de la naturaleza, que sus conceptos de sustentabilidad y de todo lo verde han replanteado la relación cultura-medio ambiente, que sin el ecologismo la explotación y depredación de la naturaleza habría alcanzado niveles dramáticos. Ante ello, promueven su intervención en los altos organismos mundiales y nacionales, son tomados en cuenta sus planteamientos de los derechos de la naturaleza, sus miembros pasan a puestos importantes en los gobiernos nacionales y mundiales, etc. Pero no pasa nada de fondo, ni siquiera se ha logrado detener el cambio climático peor la crisis global, todo se queda en medidas de adaptación, de mitigación, de resiliencia, y el capitalismo devorador sigue campante. Por el contrario, eufemísticamente se acomodan las formas depredadoras y aparece el capitalismo verde o el desarrollo sostenible como referentes para todo el mundo. Es decir, el estado extractivista se mantiene y el sistema utilitarista y cosificador de la naturaleza se resignifica desde un nuevo discurso de prácticas “amigables con el medio ambiente”.

El saber ambiental que debiera cuestionar y transformar a las epistemes positivistas del sistema de objetivación de la naturaleza, queda relegado y visualizado como no científico o serio, para presentarlo como un concepción apocalíptica o catastrofista. Con ello se desdibuja y se desarma la posibilidad de terminar con el ecocidio, para continuar por otros enfoques con el mismo esquema, como por ejemplo, el discurso demagógico de que los recursos naturales serán utilizados para terminar con la pobreza. De esta manera, la epistemología ambiental que podría abrir el camino a la construcción de un nuevo mundo, es atrapado en el poder oficial y con ello adormecido en su capacidad de ruptura profunda con la racionalidad económica y la racionalidad tecnológica. El ambiente deja de ser una fuente de pensamientos, sensaciones y sentidos para tan solo seguir siendo un objeto de conocimiento y de manipulación por la ciencia tecnocrática. Cumpliéndose así con el objetivo primordial, que es mantener el mismo sistema depredador y explotador de la naturaleza y del ser humano, con la intervención de ecologistas y ambientalistas que adornan su discurso de verde y de sustentabilidad.

Con ello, lo único que se consigue es florecer de otras maneras el mismo sistema, pero dejándose intactas al mismo tronco y raíces del sistema contra-natura, consecuentemente manteniéndose en peligro la sobrevivencia misma de la especie humana. En definitiva, el neo-ecocidio es la introducción de personajes con maquillaje y ropaje verde, pero que no viven ni manejan políticas desde las epistemologías ambientales, los cuales tienen la función de adornar de sustentabilidad y de sostenibilidad al mismo proyecto catastrofista del capitalismo voraz.

Irónicamente, quienes cuestionan a estas formas cosméticas o parches, que son las políticas de género o de interculturalidad o de sostenibilidad, son calificados de extremistas, de aventureros, de demagogos y hasta de contrarevolucionarios. Los opacan con el argumento de que todo es proceso y de que se está avanzado paulatinamente, cuando de lo que se trata es de sembrar las semillas de algo nuevo y diferente para que eso germine, y no de repintar o de reacomodar las mismas estructuras de disciplinamiento y sumisión. Obviamente que eso no se consigue en poco tiempo, como pretenden cuestionar los desarrollistas y progresistas de que la “revolución no se hace en 5 minutos”. Pero de lo que se trata es de empezar, pues jamás puede haber cambio desde el propio sistema sino desde la alteridad (afuera).

Todo esto significa que lo principal es todo lo que se pueda hacer “desde fuera” de la racionalidad dominante y “desde abajo” al interior del sistema de poder. Eso implica la recreación de nuevas formas de vida desde fuera de lo convencional u oficial, y no solo la idea de asaltar o tomar el poder. El de reconstruir el poder desde “abajo” con la sociedad civil organizada, y no particularmente “desde arriba” o desde el Estado como aparato y medio creado por la racionalidad hegemónica.  La izquierda solo quiere hacerlo al interior del sistema, desde arriba y desde adentro, desde el gobierno y desde la democracia formal, de ahí el perenne fracaso y sin que terminen de aprender.

Fatalmente, la izquierda no termina de abrirse a la otredad o la alteridad (exterioridad), las que se inscriben dentro de otras racionalidades y complejidades que funcionan en la multidimensionalidad y la intersectorialidad. Continúan en su visión dialéctica basada en la totalidad, la contradicción, y la negación, cuando las ciencias cuánticas y los saberes de la complejidad han demostrado que la vida funciona desde otras variables como la complementariedad (Lupasco), la reciprocidad (Temple), la paridad, la armonicidad, la entropía, la sinergia… (pensamiento de lo espiral). Con ello, señalando que la diversidad, la diferencia, la variedad, son elementos con los que guiarse para repensar la naturaleza y un nuevo mundo, donde quepan todas las formas de vida y no solamente las humanas, y dentro de las humanas, todas las diversidades sociales y no solo la eurocéntrica.

La izquierda se dice ser la más avanzada, la más revolucionaria, la más vanguardista, pero en la práctica son de las más conservadores entre las tendencias alterativas. Son de los que recién han abrazado algo del ecologismo, del ambientalismo, del feminismo, del multiculturalismo, de la colonialidad, del igualitarismo, etc. Pero todo queda como un añadido o un brazo exterior y no como algo transversal o diagonal a toda la co-racionalidad[1] ontológica y epistémica de la vitalidad. Su lucha es eminentemente economicista y productivista (capitalista), y en el fondo, no le interesa lo patriarcal, ni lo colonial, ni la naturaleza, en otras palabras, no le importa los verdaderos cambios sino tan solo pretenden disfrutar de la modernidad, de la ciencia positiva y de tener mayores ventajas económicas.

Por ello, no abrazan el decrecimiento, la autogestión, la autosuficiencia, la autonomía comunitaria, el autogobierno, los sistemas de transición, el bien común, el buen vivir, el sumak kawsay, y todo aquello que implica la resistencia y/o reconstrucción desde abajo (al interior del sistema) y desde afuera (al exterior del sistema), a partir de vivir y de recrear nuevas formas y estilos de vida, de producción, de educación, de vivienda, etc., más allá del Estado y de la sociedad oficial. Se quedan enmarcados en el sistema biopolítico y en el biopoder hegemónico, pretendiendo autodestruir su hegemonismo en una segunda etapa de un comunismo utópico, algo que solo pueden creerlo idealistas materialistas históricos y dialécticos que siguen teniendo solo a Marx y a Lenin como sus libros de cabecera.

Por su parte, la mayoría del feminismo, del multiculturalismo, del ecologismo y demás corrientes alternativas no se transforman en alterativas. Tienen miedo del poder, cuando el poder en sí mismo no es negativo sino en cómo se utiliza el poder. Todo en la vida es un poder, el poder del agua, del sol, del pensamiento, de los sentidos, de las emociones; y en el caso de la naturaleza, lo que ella hace es buscar simbiosis, homeostasis, entre todos esos poderes. Algo que lo sabe también el cuerpo humano, pero la mente patriarcal, racionalista, sexista, se encuentra divorciada y enajenada de su organismo, como de la naturaleza extra-humana. Si bien hay que ser críticos con la izquierda, no significa entrar en contradicción sino en una complementariedad. Indudablemente que hay que avanzar más allá del socialismo, pero no se trata de quedarse en formas que rozan con el capitalismo antes que con algo realmente transgresor.

Esto significa abrazar a todas las alteridades y alternativas en conjunto, no puede haber una izquierda machista, un feminismo racista, un ecologismo materialista, un indigenismo anti-blanco, un ambientalista contra el matrimonio gay, un izquierdista antiinmigración, un ecologista carnívoro, etc. Si no se hace un gran paraguas de tipo integral, diverso y complementario, cada cual en su secta seguirá reproduciendo desde otros ángulos e instrumentos al mismos sistema-mundo que los separa y divide. Los maquillajes están de moda y lo que se hace necesario son actitudes y posiciones medulares.

En síntesis, la izquierda tiene que aprender a construir la nueva vida, caminar con los de abajo y los de afuera, y no solo pretender tomarse el poder y construir desde arriba. A su vez los alternativos, deben plantearse llegar al poder, formar organizaciones globales, y caminar complementariamente con la izquierda. Esto es, la izquierda tiene que actuar también en la micro-política y los alternativos en la macro-política. Todas las formas de lucha, de acción y de resistencia utilizadas, pero principalizando la construcción desde las bases para llegar a arriba en forma espiral, tejiendo las jerarquías para que se sostengan las unas con las otras, y conjugándose en sintonía con los modelos complejos de la naturaleza.