EL SIGLO DE LA BARBARIE. Por Tomás Quevedo Ramírez

02 de agosto 2016

“El ser humano neo-liberal no está ahí para inventar y transformar su propio programa de vida sino para adivinar y ejecutar un programa que estaría ya dado y sería inalterable.”  Bolívar Echeverría/Violencia y Modernidad

 

¿Qué le pasa al mundo contemporáneo?

Esta pregunta me ha estado rondado la cabeza, sobre todo después de recordar esa celebre frase de Rosa Luxemburgo “Socialismo o Barbarie” que sería enarbolada como una de las banderas de la izquierda mundial. Diana Fuentes en una entrevista señalaba que en realidad estamos viviendo el tiempo de la barbarie. Es decir, la utopía socialista ha sufrido una suspensión temporal o en algunos casos derrotas permanentes en especial para la opinión pública neoliberal.

Sin lugar a dudas vivimos el siglo de la barbarie, desde los atentados a las torres gemelas en 2001, la guerra en Afganistán, Irak, la invasión de Libia y el surgimiento del Estado Islámico. Hoy los seres humanos contemplamos desde nuestros sillones, en nuestros computadores y plasmas el teatro del horror en el que se ha convertido el mundo: decapitaciones, secuestro masivo de mujeres, desaparición de estudiantes, violaciones colectivas, renacimiento del fascismo, niños y niñas ahogadas, racismo, atentados, explotación laboral y el renacimiento de nuevas formas de esclavitud.

Todo ello transmito en vivo y en HD. Celebrado, condenado y difundido por comunidades virtuales mediante las redes sociales. Si sumamos a esto el calentamiento global, consecuencia directa de la relación que el capitalismo entabla con la naturaleza podríamos señalar que el cuadro esta completo. Es decir el proyecto de la barbarie capitalista ha triunfado, y el darwinismo social es la nueva ideología, en la cual vivirían los más fuertes o en este caso los más emprendedores.

Así las cosas ¿qué nos queda? Resignarnos a ser espectadores del fin del mundo, vivir bajo el miedo o ¿podemos hacer algo? Esta respuesta en los actuales momentos se dibuja difusa, la mayoría no quiere bajarse del tren de la comodidad, ponerse en riesgo y reconocerse en el otro. Mientras esto siga siendo un síntoma de nuestro tiempo seguiremos condenados a la barbarie.