PENSAMIENTO POLITICO Y PENSAMIENTO FILOSOFICO EN LA PERSPECTIVA LIBERTARIA. Por Tomas Rodríguez León

02 de Agosto 2016

“La conciencia del pueblo no cabe en la cabeza del Estado” Jerzy Lec

No existen  ganas de reflexionar la política desde la filosofía por la elementalidad de los enfoques coyunturales. El análisis del  poder desde la perspectiva del pensamiento abstracto es pobre aunque  debería ser un imperativo, no tanto para la filosofía que bien copado tiene su tiempo, sino para la política y sus actores que mal definido tienen  su espacio.

El poder y el conflicto político que lo circunda, es para el pensamiento común una fatalidad que hay que abordarla, para aceptarla o negarla. En su análisis,  solo aceptando la naturalidad del  estado y sus consecuencias es posible no marginarse y el binomio irreparablemente dual: adhesión al poder u oposición a él (mientras la oposición  no se  haga del poder), marcará la agenda del discernimiento. Rechazar las manifestaciones del poder o de la oposición no son definidas como una opción sino como una  autoexclusión y el rechazo a la “cosa pública” será tildada como irresponsabilidad. Por eso,  la exageración del anunciado aristotélico de que el animal es un ser político y el mal uso del pronunciamiento de Gramsci contra la indiferencia política.

Indiferencia o rechazo  son asimilados como equivalentes recíprocos  y se obliga al ciudadano a  participar, al punto de que se minusválida a quien no acude a las urnas o a quien vota nulo o blanco. ¡Democracia participativa donde la participación no es un derecho sino un obligación¡ ¡vaya democracia¡

La esencia del poder, de todos los poderes, tiene que ver con el dominio político, que no es sino la facultad de aceptar que son necesarios los gobernantes, y que el acto de  obedecer no puede ser eludido ni en lo íntimo ni en lo global. La construcción del Estado, por analogía, se asimila al poder de Dios  y la construcción de todas las contemplaciones se definirá en  la creación natural o elaborada  de las  leyes. Las leyes de la naturaleza  o las leyes de la economía serán sacralizadas en la misma lógica de las leyes de  sociedad.

Pero, contemplar  la naturaleza, la sociedad y el pensamiento no puede ser necesariamente aceptar el poder o la ley, cual destino fatal. No existen leyes ni dominios en las tormentas, las epidemias o en las formas de  gobierno, tampoco existen  leyes en el  advenimiento de la historia  (aunque se afirme lo contrario). La  sociabilidad, la solidaridad y el apoyo mutuo   son  productos esenciales  en la supervivencia, que hacen   posible la  convivencia permanente,  en tanto las guerras y  las maldades de los poderes, son su oposición  dialéctica. Un mal momento en la vida misma. ¿Qué tal si el humanismo libertario tienen que enfrentarse a la naturaleza en su hostilidad? ¿Cómo enfrentarse a las llamadas leyes de  naturaleza sin dejar de  respetar a la naturaleza?

La existencia  humana, pero también la existencia animal, es una coexistencia, sobre todo  entre  los  humanos  porque  es donde el ser  existe  para la sociedad,  tanto como la sociedad para el ser. La ética anarquista  se opone a la sujeción  a la ley y concibe que los sujetos de derecho son fácilmente sujetos al derecho. La  justicia y la  libertad acrática se proyectan en una dimensión  ética – estética distinta,  integrando  el placer y la belleza al ánimo de construir desarmando el espíritu normativo que precede lo imperativo a la conducta.

Desde luego, romper la dinámica de subordinación legal nos llevará a reflexionar sobre el derecho y su devenir en la historia, y como se sabe, aun  somos víctimas en la modernidad del derecho romano. Este  creó  los  estados centralizados y unitarios, con  monarcas absolutos  y dioses terrenalizados. A diferencia del derecho anglosajón que no anticipo la ley a la práctica social, el derecho romano creo la supremacía del estado  y su mórbida omnisciencia. Desde luego al no rechazar el estado, el derecho anglosajón  se inventó otros mecanismos para  la consolidación del poder.

El estado en todas sus vertientes como lo jurídicamente organizado, quiere tener derecho de autoría de la bondad  y asume que son los estados-gobiernos  quienes deben hacer el bienestar a la humanidad, ocurriendo en los hechos  lo contrario. [i] En realidad lo que  necesita  el estado es  sepultar  la ayuda mutua,  la libertad autónoma y la solidaridad comunal. ¡Cómo le fastidian los fondos de cesantía y los fondos mutuales¡ …

Así, el  crecimiento maligno del Estado  que nada   presenta, sino  opresión, cárcel y guerras, devora  las instituciones comunes  libres, y promueve  el  individualismo mezquino (se excluye incluso al individualismo solidario). Pero  sin embargo  insisten los apologistas del estado que  quieren hacer creer que sin poder no hay energía, ¿pero es  la energía capaz de realizar   fuerza sin dominio? ….para los amantes de la libertad, la fuerza sin dominio existe en tanto   la fuerza no aplaste a nada y a nadie. La energía es libre si es fuerza que empuja y da  elevación

El poder proviene de Dios y  la sangre del Cristo tiene poder  ¡será posible tal  aseveración¡ Qué pena que así sea y que este sea el mismo catecismo del estado y sus perversiones. Pero, cuando  a la  consustanciòn del estado, pan y vino de sacrifico “socialmente necesario” se suman los Mesías iluminates que aplican la dosis de su   voluntad, la forma de fenómeno monstruoso contra la libertad  toma cuerpo, porque la apariencia moralmente neutra del acto de gobernar adquiere el aspecto de  un valor moral en  la “razón de estado” gobernando muchos espíritus con mordazas y grilletes desde la egida personal.

Seamos optimistas, digamos, constatemos. Ya la humanidad,  para ánimo de la liberación, se siente gobernada por fuerzas ocultas, superiores, omnipresentes que se perciben como destino o  fatalidad, buen momento porque inconscientemente todos los pueblos perciben que el poder es exógeno  a la voluntad y sienten que esa fuerza es destrucción y estorbo para  el espíritu creador. Este rasgo del poder,  muy pronto se entenderá  no como una fatalidad a la que hay que soportar, sino de la cual hay que prescindir.

Y el ejercicio del poder,  que se presume anónimo, caerá en desplome  y no habrá chance  para re surgimiento del Estado.  Por ahora, bien vale realizarnos  preguntas previas de libertad urgida.  ¿Por qué obedecemos, por qué delegamos autoridad a censores corrompidos o por corromperse? ¿Es ético gobernar y sentirse gobernados?  Tiene lógica: para saber mandar hay que saber obedecer y obedecer es algo que al hombre moderno no le agrada.  Repitamos, nadie es feliz en la obediencia.

El  miedo a la libertad,  sentimiento de debilidad, o de indefensión frente al poder político debe desvanecerse y las funciones de protección y solidaridad social deben   retornar a  los individuos y a los  grupos endógenos comunitarios, pequeños e íntimos, que den al traste con las burocracias centralizadas

Decidir solo desde la comunidad próxima es comunismo comunalista y libertario más no liberalismo, porque  el liberalismo es otra  forma de estado todopoderoso deshumanizado.

[i] Recordemos los celos por la solidaridad con los damnificados y las exigencia monopólicas de  protagonismo