EL DERECHO A LA PEREZA Y LA LIBERACION DEL TRABAJO. Por Tomas Rodríguez león

09 de agosto 2016

“Trabajad, trabajad, proletarios, para aumentar la fortuna social y vuestras miserias individuales; trabajad, trabajad para que, haciéndoos cada vez más pobres, tengáis más razón de trabajar y de ser miserables. Tal es la ley inexorable de la producción capitalista”

Le droit à la paresse  obra del hijo político de C. Marx, Paul Lafargue, es la antípoda de lo que ocurre revolucionariamente en nuestro medio.  Se ha desechado la conquista de las 8 horas de trabajo diario, la jornada  llega hasta las 14 horas y se encubre la sobre explotación como forma de sobrevivencia de los trabajadores. Los proletarios festejan el pago de horas extras, al no concientizarse del hurto y la sobre explotación. En el sector público se provocan desplazamientos masivos (miles de empleados de tropa se desplazan hasta seis horas al día para cumplir nueve horas más, y no se considera la hora del lunch como parte de la jornada, aunque nadie come en más de 15 minutos). Los sindicatos han logrado en muchos países que se considere las horas de desplazamiento y comida como parte de la jornada laboral. La agobiante revolución ciudadana, hace lo contrario ¡que belleza¡

El tiempo de trabajo socialmente necesario para la producción de bienes y generación de plusvalía se ha recortado por la maximización productiva y el uso de tecnologías, pero esto no ha provocado la reducción del tiempo de labor. La imposición del capital o el estado, extendiendo el jornal, extrae mayor margen de utilidad y plusvalía.

La crítica marxista al capitalismo y el juicio al carácter enajenante del trabajo,  no expresan amor al trabajo sino la exaltación al ocio. No es pues, como se  lo pretende, el derecho al trabajo sino al descanso y al tiempo libre donde se tiene que evidenciar la emancipación del trabajo.

La realización humana es personal y al mismo tiempo solidaria; nadie en sana condición es feliz fuera de lo que ama y el capitalismo o el socialismo hiperdesarrollista expulsan a los trabajadores de sus centros de afectividad. El trabajo, más que derecho, es una necesidad de obligación limitada que nunca debería ser  extenuante. Solo la ampliación del tiempo libre hará posible  la liberación  del trabajo y del trabajador. Así la humanidad verá la  consagración de la vida, en proyección  a la contemplación, el arte y la satisfacción de las necesidades espirituales. Trabajar menos y ganar más, es una consigna libertaria.

El Derecho a la Pereza debe ser incorporada a la agenda de la clase trabajadora y debe ser  parte de  la reivindicación patrimonial  universal de la  humanidad. La liberación de la esclavitud del trabajo es romper los eslabones  del burgués y  del burócrata que dominan  en los tiempos y los  espacios.  Es  desprenderse de la rutina gobernante de la maquina o la oficina que somete brutalmente el tiempo creativo.

El trabajo, una imposición del estado y sus dueños; feudales, capitalistas o burócratas,  será cuando alcancemos la libertad, un mínimo esfuerzo respetuoso del entorno; nunca será generador de basura o bienes   programablemente perecibles.  La clase obrera  es la única que puede ser portadora de la plataforma del derecho a la pereza  y el ocio  con agenda libertaria. En el ocio  se verá  la  más alta expresión de creatividad libre y no enajenada;  la existencia y sus lúdicos  acordes estarán a tono con los instintos de la naturaleza  y sus sensibilidades,

El mundo burgués  y el modelo chino estatista, están provocando un excedente perverso de producción de basura que no solo contamina el planeta, sino que somete a la sociedad a una lógica estúpida de consumo. Los ciudadanos producen 14 horas y llegan a sus casas para sacar la basura que compraron el día anterior, cuando también produjeron para comprar  basura.  En ese tiempo le restaron espacio al arte, la cultura y la ternura, se nos fue la vida.

Los templos de la esclavitud son mercados decorados con desperdicios descomunales, que hay que derribar. Al reducir las jornadas laborales a 6 horas como máximo y mejorar el poder adquisitivo de la clase trabajadora, la dinamización económica sería suficiente y la producción de bienes de arte no perecibles, realidades posibles.  El tiempo libre  generaría  además,  producción artesanal doméstica  en un ámbito  afectivo familiar cooperativo.

La sociedad  industrial  de consumo es aburrida y tan insensible que  propicia la socialización de la  disfunción eréctil y la anorgasmia,  ¡ Falta el tiempo y el espacio para tales delicias¡. Sociedad Conservadora y clerical, hipócrita y farisea, le apesta el hedonismo  y es hedionda, es de la cultura clerical, quiere  recuperar con toda su fuerza la enseñanza medieval de que  el hombre que está aquí para sufrir, considerando el disfrute como subversivo y satánico

Los libertarios, paganos confesos que  glorificamos  carne y  pasiones, nos oponemos a la conducta neo conservadora disfrazada, que anatemiza la carne del trabajador, que juega con sus necesidades, suprime  sus placeres  y  quiere condenarlo al rol de máquina que produce trabajo sin tregua ni piedad.

El combate está por librarse, los trabajadores deben declarar su pasión por el descanso, demostrar que es posible trabajar menos y ganar más, embestir contra la moral y las teorías sociales del capitalismo y proclamar que no es verdad que la vida es un valle de lágrimas.