EL RACISMO INTERNALIZADO. Por Atawallpa Oviedo

10 de agosto 2016

El racismo no se define por el dominio de los blancos sobre la gente de color, sino por el tipo de ser humano, blanco o gente de color, que hace posible tal dominación.

Una serie de principios provenientes desde la milenaria racionalidad andina (con ciertas diferencias entre la costa, sierra y amazonia) han puesto en crisis a la racionalidad de las ciencias sociales de patrón occidental, las que, con su positivismo, materialismo y objetivismo, creyeron que su verdad era la única y universal. Y, por otro lado, el emerger del sumak kawsay/suma qamaña, y de los derechos de la naturaleza y de la madre tierra, en las constituciones de Ecuador y Bolivia, han roto con el dogma de que solo es posible elegir entre el capitalismo y el socialismo.

La dicotomía occidental que divide a la política en tendencias de derecha e izquierda, no es parte de la racionalidad andina milenaria, en tanto funciona con otros paradigmas basados en la armonía de complementarios y no en la lucha de contrarios (izquierda) o la competencia (derecha). La ideología como teoría social de occidente es también una visión sectorial y sesgada de la “realidad”, cuando hay también otras formas y medios de la conciencia que permiten una multidimensionalidad y transversalidad del conocimiento.

Empero, es importante tener claro, que estos paradigmas emergieron y funcionaron dentro de una realidad cultural determinada, la cual ya no existe, al ser alterada por la colonización y por la introducción de una serie de lógicas incompatibles que han alterado la situación social de sus milenarios habitantes. Lo cual ha provocado que se genere una dicotomía de tipo paradigmático y conciencial entre lo andino y lo eurocéntrico, la misma que no puede cambiarse buscando la “convivencia entre los diversos” paradigmas, como plantea Mónica Chuji[1]

Hay un claro desencuentro o disimetría entre el paradigma andino que es incluyente y su concepción de lo complementario, relacional y el tercero incluido; con el paradigma occidental que es excluyente y su teoría de la no-contradicción, la identidad y el tercero excluido. No puede haber complementariedad entre paradigmas que se niegan el uno del otro, como demuestra la historia de 500 años en que ha sido imposible ese encuentro bajo ninguna forma. Y, por otro lado, porque lo andino está en situación de desventaja, de minoría, de dominado, y eso lo pone en una condición desigual, y en tanto juega en una cancha que no es la suya y con reglas que le afectan.

En este sentido, y de acuerdo a la realidad histórica republicana, consideramos que los pueblos con una visión andina de la vida no tenemos una ideología de izquierda, pero tampoco podemos considerarnos anti-izquierda sino complementarios de la izquierda; pero, en relación con la derecha si somos alternativos a ésta. Lo complementario es con posiciones y perspectivas opuestas pero que son recíprocas una de la otra, en cambio, lo alternativo es con visiones totalmente diferentes. Por tanto, no se puede olvidar el proceso histórico vivido y perder la perspectiva de que todavía estamos inmersos en el patrial-capitalismo traído e impuesto por occidente, y el cual, funciona en la lucha de clases como forma propia de su configuración y existencia. Si bien en la racionalidad andina no existe esta concepción, pero al estar inmersos y atrapados en el sistema occidental, no podemos sobrepasarla conceptualmente mientras ésta sea todavía una realidad latente en el mundo occidental y occidentalizado.

Esto también implica, el no confundirse con ciertas teorías de la derecha que hablan del “fin de la historia”, el “fin de las ideologías”, o de “rebasar a las ideologías”, o el “superar la lucha de clases”, etc., todos las cuales tiene propósitos neocoloniales y que difieren totalmente de nuestra racionalidad andina. La derecha quiere rebasar las ideologías para imponer la hegemonía del capital, y nosotros los andinos pretendemos ampliar las ideologías para convivir en la variedad y la diferencia de conciencias, lo cual es totalmente diferente. Si bien hay que cuestionar el dogmatismo de la izquierda occidentalizada, no se puede caer en un eclecticismo o un integrismo o un inclusivismo, incauto e ingenuo, para ser cómplices de la homogenización del pensamiento dominante.

Por ende, Mónica Chuji, ¿cómo se puede pretender dialogar con la derecha para buscar con ellos “la defensa de los más vulnerables, terminar con la explotación y opresión, la defensa de la naturaleza”? ¿Desde cuando acá la derecha, en el Ecuador o en alguna parte del mundo, se ha interesado por los más vulnerables, por la opresión, por la naturaleza? Desde cuando acá, Marcelino Chumpi, “la única ideología que hará levantar al Ecuador es la unidad sin exclusión”, para palmearse con Nebot quien cada día reprime al pueblo trabajador con sus policías municipales al mismo estilo del correato. Desde cuando acá, Marlon Santi, no hay que quedarse en “ideologías y dogmatismos” para unificarse en un “contexto pluralista” y con ello dialogar con la misma derecha dogmática o neoliberal que abrió las puertas al correismo ,y que justamente quiere imponer el monoculturalismo del capital en todo el mundo.

Seguramente, ustedes estarán cuestionando a Fanny Campos y Auki Tituaña, de que se han ido con CREO. Pero, cuál es la diferencia con ustedes que creen diferenciarse porque simplemente no dialogarán con Lasso, Nebot y Correa. Acaso con zafarse de estos personajes, ya son diferentes a Campos y Tituaña? Salvador Quishpe, dice que no quiere quedarse con el 3%. Acaso poniéndose a la cola de la derecha y sacando mayor porcentaje ya no van a estar entre los últimos?

Aquí lo que se ve, como siempre, es que en tiempo de elecciones saltan los intereses personales y se puede ver quienes realmente son. Aquí se desnudan tal cual son, pero luego que pasan las elecciones y dependiendo de cómo les ha ido, salen sus discursos rebeldes, revolucionarios, identitarios. Si algo habrá que valorar de esta época correista, es que nos deja ver quien es quien, en la que los supuestos izquierdistas e indianistas se alían con la derecha para defenderse de la “falsa izquierda” de Correa. Los que se unen en el mismo paraguas de opositores al correismo y se codean con la derecha más recalcitrante que hasta hace poco les trataba como peones, e incluso se sientan a su mesa y los invitan a sus fiestas familiares.

A pretexto de combatir al correismo se ponen a la cola de la derecha esperando remar alguna tajada, pues creen que serán los próximos ganadores y no confían en otras posibilidades como el “Acuerdo Nacional por el Cambio”. Y conjuntamente entonan con la derecha que ya desaparecieron las ideologías y de que ellos van a recuperar la democracia, la institucionalidad, la separación de poderes, etc.; cuando a ellos les importa un “pepino” los indios y peor sus epistemologías y paradigmas. Es esta ideología pro-derechista la que construyó Fanny Campos en el movimiento Pachakutik, y cuyos miembros son los que han puesto a la “evolucionada” de Lourdes Tibán como pre-candidata presidencial, pues en el fondo son coincidentes y ambas se pavonean con la derecha ultra liberal. Realmente, el paso de Campos a Santi, me temo que será más de lo mismo.

Lo mismo se puede decir de los “indígenas” que están en Alianza País y otros partidos, lo cual demuestra que no es la raza o la etnia o una genética la que determina una posición sino la manera de asumir y de responder a la vida y la “realidad”. El racismo no se define por el dominio de los blancos sobre la gente de color, sino por el tipo de ser humano, blanco o gente de color, que hace posible tal dominación.<

En definitiva, lo que sucede con estas disfuncionalidades es que hay un racismo internalizado o asimilado, en la cual, se han incorporado o encarnado una serie de visiones del colonizador y que ahora las reproduce el colonizado de distintas formas. Gente con fenotipo o pigmento de tipo originario que ha digerido el pensamiento colonial y burgués, y que aprovecha de una condición física para hablar a nombre de todos. Personas que creen que “ser indígena” es un color de piel, para con ello apoderarse de una identidad haciéndola a su medida y presentándola como que fuera de todos. Personajes que a nombre de ciertas etnias dicen que luchan por su gente o cultura, pero que en el fondo es para sacar algún provecho personal. Es decir, son gente con una apariencia física pero que no manejan las ontologías, axiologías y epistemologías andinas sino las del colonizador, por lo que no se pueden guiar por ellas.

Es más, actualmente hay gente de piel blanca que conoce y vive mucho más profundamente la racionalidad andina que muchos de fenotipo oscuro. Todo esto quiere decir, que el problema no es de color de piel sino del color de entender y de vivir la vida. De ahí, que seguir hablando en términos de blanco, mestizo, indígena, negro, es continuar con el racismo. Los pueblos no se dividen por la apariencia física, tal como impuso el conquistador con su apartheid racista sino por sus maneras de pensar, de ser, de estar y de vivir.

Por lo tanto, hablar y unirse con la derecha que ha atacado desde hace 500 años al mundo andino, indudablemente que es una traición. Como los felipillos en la época de la invasión ayudando a los colonizadores, ahora los neo-felipillos poniendo la alfombra roja a los grupos hegemónicos, los que hoy se hacen los abiertos y democráticos cuando necesitan del voto de todos pero que luego les dan yuca, tal como somos testigos de la historia política nacional y mundial.

Esto nos conduce inexorablemente a la necesidad de descolonizar al “movimiento indígena”, como a casi toda la población nacional, y, por ende, pasa también por descolonizar a la izquierda. En todo caso, existe la esperanza y la posibilidad de descolonizar a los “indígenas” y la izquierda, pero con la derecha es soñar en castillos en el aire, pero, algunitos ya lo creen posible y seguramente piensan que metiéndose en su patio los van a convencer de luchar por los oprimidos.

Gente, como Lucho Macas, Nina Pacari, Blanca Chancoso, Carlos Pérez Guartambel, quedan muy pocos en el “movimiento indígena”. Hay que revolucionar al interior, si se quiere dar saltos a otro nivel más profundo.