QUÉ PASA EN EL MOVIMIENTO INDÍGENA. Por Atawallpa Oviedo

06 de septiembre 2016

Luego de salir de la universidad y de pasar por la militancia marxista comprendí que, si quería conocer lo indígena verdaderamente, tenía que asimilar el “espíritu indígena” para no hablar solo desde los imaginarios intelectuales de las ciencias sociales occidentales. Por muchos años pasé por innumerables prácticas y llegué a comprender que la genética humana con sus distintos fenotipos y diversos colores no representa ninguna condición que determine el ser parte de una cultura o de una cosmovisión en particular. Que no había una genética o un fenotipo racial que le hacía ser de una determinada manera, sino que era el tipo y el nivel de conciencia el que le configuraba. Que no era una vestimenta o el vivir en el campo lo que establecía una manera de concebir el mundo, sino que era el tipo de racionalidad en el cual había sido construido integralmente el individuo el que le hacía ser parte de una cultura determinada. Y por otra parte, comprendí que no había el “espíritu indígena” en las personas en particular sino en el conjunto socio-natural, por lo que no cabía hablar antropocéntricamente sino vitalmente, del individuo como parte o miembro de la naturaleza y del cosmos.

En este sentido, veía que muchos tenían una apariencia física “indígena” pero que su pensamiento llegaba –incluso- hasta ser “anti-indígena”. Desde ahí, no me dejo llevar por el racismo que quiere identificar a los seres humanos a según su corporalidad, comprendiendo que la diferencia entre seres humanos está en sus maneras de concebir la “realidad” y de vivir la vida. Tome conciencia que éramos hijos de los Andes o andinos, y no indígenas, blanco, mestizos, negros, como se dice desde hace 500 años a según la lógica racializadora impuesta.

Desde una visión antropocéntrica y colonial la gente se mira y se clasifica por la presentación física, pero desde una racionalidad integral y natural se reconoce el ser humano desde todo lo que le constituye y le alimenta en sus múltiples interrelaciones con su medio ambiente. En occidente y los occidentalizados, el individuo se mira en el espejo y dice: soy blanco, mestizo, negro, etc. Fuera de occidente, la gente se mira en la totalidad y se define desde su condición interrelacional. En este sentido, se sabe que es andino o hijo de la madre andina que le constituye y le construye, dentro de la pluralidad de los Andes de acuerdo a los pisos ecológicos y a la situación astronómica donde se construye holísticamente y se forma culturalmente. Por ejemplo, solo en Francia podía surgir la lengua francesa, en la China el mandarín, en los Andes el kechwa, etc. Cada lengua y por ende cada cultura ha sido construida por el espacio geográfico y astronómico que le envuelve. No es el ego del hombre el que hace la cultura, como en la modernidad se lo cree y por eso occidente ha devenido en unkultur, pues es la imbricación con el todo el que recrea los simbolismos de cada región.

Después de la colonización y de todo el proceso criollo y republicano, existen actualmente dos tipos de andinos, los que piensan centenariamente desde el occidente colonial y los que senti-piensan milenariamente desde lo andino vital. Es decir, físicamente son formados por los Andes, pero intelectualmente por la educación y las creencias que asimilen.

La casi totalidad de la población andina es educada y formada epistémica y axiológicamente en el paradigma eurocéntrico de tipo liberal/conservador y secundariamente en el marxista, y desde allí responden a la vida en sus múltiples expresiones. Por la convivencia con los pueblos primeros, algo aprenden del paradigma andino pero que en su mayoría es minimizado, incluso por la misma mayoría de “indígenas”. Habiendo actualmente dentro de estas líneas señaladas (liberal, marxista, andina), gente de todos los colores de piel.

Y esto también se reproduce en el denominado “mundo o población indígena” a diferentes escalas, habiendo gente con fenotipo físico autóctono pero que piensa y actúa desde las diferentes lógicas que ha interiorizado de la modernidad y de la civilización con todo su patriarcalismo y colonialismo inmanente. Personas que han asimilado y enraizado en su ser los paradigmas coloniales positivistas, pudiendo pensar como el colonizador y hasta convertirse en colonizador de sus demás congéneres. En este sentido, hay quienes aprovechan de una condición física “indígena” para hablar a nombre de todos ellos, de la misma manera en que el cientista social o la izquierda occidentalizada hablan por ellos y establecen cuál es su cultura y su futuro. Asimismo, otros crean teorías “indigenistas” o “indianistas” desde sus posiciones y ambiciones personales para presentarlas como que son de todos. Todo ello partiendo de que el interlocutor tiene una apariencia física “indígena” y por ende representa a la “cultura indígena”. Hoy, detrás de lo “indígena” se esconden muchas trampas.

Y lo mismo sucede al exterior del “mundo indígena”, convenciéndose o aprobando una acción a partir de la expresión corporal del proponente, validando teorías porque es un “indígena” el que está hablando. Es decir, hay un racismo internalizado en la mayoría de seres humanos, en la que casi todos hablan desde ahí y se siguen manejando con las mismas categorías racializantes. Incluso, pensadores brillantes se siguen manejando dentro de estas categorías racializadas a pesar de que las critican y además se equivocan en su apreciación. Por ejemplo, Ramón Grosfoguel: “Incluso un intelectual indígena-amazónico en el Perú tan reconocido como Javier Lajo, que ha escrito extensamente sobre el tema del buen vivir, no es siquiera mencionado en el artículo del intelectual mestizo peruano Aníbal Quijano, reproduciendo las prácticas más nefastas del «extractivismo epistémico»[1]. Cuando Quijano tiene un fenotipo mucho más “indígena” que Lajo, o Lajo es mucho más “blanco” físicamente que Quijano. Quijano y Lajo son mestizos en su apariencia física. Por ende, Grosfoguel cae en el “racismo epistémico” que cuestiona.

Esta racialización está tan metida y arraigada en la idiosincrasia mundial, en la que casi todo se clasifica a partir de lo corporal, con lo cual se quedan atrapados en el racismo, el sexismo, el machismo, la xenofobia, el fanatismo religioso, etc., etc.

Esto mismo sucede en el organizado “movimiento indígena” en general y sus diferentes estructuras, pudiendo observarse gente de todo tipo de posición ideológica y filosófica, a según como han asimilado el pensamiento eurocentrista positivista de derecha o izquierda. La mayoría de ellos tienen una carga marxista, otros liberales, y muy poco andino. Aun cuando, muchos juegan entre todas estas categorías, especialmente en lo religioso cristiano. Es decir, la gran mayoría actúa desde la cosmovisión occidental de izquierda, conocen muy poco de la cosmovisión andina, y han perdido el “espíritu andino” (ajayu) en su ser, como en su vida común y corriente. Esto se puede ver claramente en sus discursos y acciones políticas, a partir de cómo responden a la realidad local, nacional y mundial.

Si bien el “movimiento indígena” se alineó (o alienó) desde su constitución en una corriente izquierdista, paulatinamente la racionalidad de derecha de tipo liberal y hasta neoliberal ha ido calando en muchos de ellos. Y algunos son abiertamente derechistas (Auki Tituaña), pero como tienen el fenotipo “indígena” se siguen presentando como sus representantes y sus referentes. En estos 10 años del correismo y como consecuencia de su acción autoritaria y política, han reflotado dos extremos: quienes se han radicalizado en la tendencia izquierdista y aquellos en la de derecha. Y los pocos alternativos andinos que existen, han logrado marcar distancia plena con el liberalismo y una distancia prudente con el marxismo, sabiendo que son categorías eurocéntricas y racializantes con sus intereses particulares.

Dentro del movimiento político “Pachakutik”, los que en los últimos años han encabezado la directiva y la mayoría de puestos de elección popular, son gente de tendencia que va hacia la derecha liberal y hasta neoliberal, unos cuántos hacia la izquierda (no necesariamente o exclusivamente marxista). Y eso pasa igual dentro de la militancia de Pachakutik (en la que hay gente de todos los colores de piel), como se vio en las elecciones internas en la que votaron mayoritariamente por Lourdes Tibán y Salvador Quishpe. Y ya sabemos la simpatía pública que tienen estos dos personajes por ciertos cuadros de la derecha neoliberal, simpatías que no son solo personales (Lulu y Cynthia) sino que entrañan otro tipo de empatías. Nada es casual.

Pero lo más oportunista y que demuestra la calidad de algunos de sus miembros, es que una vez que han sido despreciados por la derecha, repentinamente aparecen la Lulú, el Santi, el Acacho, diciendo que ahora ya no hay que conversar con la derecha ni hacer ninguna alianza con ellos, cuando hasta hace poco decían lo contrario. Pero si la derecha hubiera aceptado entregarles la candidatura a la vicepresidencia, estarían saltando en una sola pierna.

Y esto se debe, a que en la administración de Fanny Campos se potencializó los paradigmas de derecha dentro de Pachakutik. La prueba es que ella luego de su salida terminó en el partido más fuerte que tiene el neoliberalismo. Lo que quiere decir que al interior de Pachakutik se va instalando cada vez con más fuerza el pensamiento liberal que el marxista, y que la racionalidad andina sigue siendo más folclórica que orgánica. Valga anotar que los que se han enajenado con el correismo son de izquierda liberal, pero irónicamente son los más anti-andinos al apoyar a uno de los más grandes colonizadores de la historia ecuatoriana, como es Rafael Correa.

Al interior de la CONAIE, especialmente en la sierra, la mayoría de sus dirigentes y de sus organizados siguen una línea de izquierda, con cierta influencia andina y con ciertos influjos de la derecha liberal y la conservadora. En el caso del movimiento organizado en la amazonia ecuatoriana, se presentan tendencias simétricas entre los liberales, los marxistas y los andinos-amazónicos. Valga resaltar que el movimiento más fuerte de lo andino está en la amazonia, especialmente dentro de la comunidad de Sarayaku. En la costa es muy débil y son más liberales de derecha.

Por lo tanto, el “movimiento indígena” en su gran mayoría NO es un movimiento andino sino de izquierda occidental. Últimamente cierto sector ha querido salir de la clasificación de derechas e izquierdas, especialmente gente de tendencia liberal y hasta neoliberal. Lo cual es interesante pero peligroso, pues a partir de ello y siguiendo las concepciones neoliberales pretenden terminar con las ideologías para enmarcarse en el pensamiento oficial estatuido y naturalizado. Los andinistas también son conscientes de estas trampas ideológicas, pero también saben que todo se maneja por una racionalidad y no se puede caer en la trampa des-ideologizante que conlleve a una des-filosofización de lo andino, lo que implicaría la colonización definitiva del “indígena”, que ahora sería claramente eurocéntrico liberal y/o marxista. De esta manera, se cumpliría el objetivo del colonialismo interno de terminar con lo andino, y ahora de la mano de descendientes andinos. Esto implica comprender, que lo andino es complementario del marxismo/izquierda y alternativo de lo liberal/derecha.

Todo esto conmina, a que si el movimiento “indígena” quiere ser una alternativa y una opción a la crisis ambiental y global, a nivel nacional y mundial, tiene que andinizarse para funcionar desde las ontologías, epistemologías y axiologías andinas construidas milenariamente. Por tanto, se hace necesario el resignificar lo indígena o cambiar de nombre, para que no quede circunscrito al fenotipo y de esta manera continuar con el racismo. Resignificar lo indígena como una construcción colonial por una condición filosófica y una racionalidad que haga referencia a un estado de conciencia o un estado del espíritu, en relación a su manera de comprender la vida como una forma de ser, estar, pensar, gustar y existir. Lo que implica abrir las puertas a todos los colores de piel para disputar en su interior lo ontológico andino y rebasar el racismo eurocentrista.

Al menos, en Pachakutik es urgente y el primer paso. Hoy están más preocupados de lo electoral y de ganar puestos en el sistema colonial-burgués, que de consolidar a las comunidades existentes en sus formas de ayllus andinos, y de reorganizar epistémica y ontológicamente a sus organizaciones y a la población ecuatoriana en general. De que serviría llegar al poder si no hay una población organizada y formada en una racionalidad andina. Sería otro fracaso, como el caso de Evo Morales y quedaría deslegitimado lo “indígena”. De hecho, ya lo está con todo lo sucedido en los últimos años a nivel de lo “indígena” en toda América y será muy difícil recuperar credibilidad.

Caso contrario terminarán absorbidos por el colonialismo interno y solo veremos ropajes “indígenas” que viven eurocéntricamente (no confundir con occidental).  Desaparecería definitivamente el sumak kawsay y nos quedaríamos en una disputa entre el buen vivir de la izquierda y el bienestar de la derecha, entre el neodesarrollismo y el neoliberalismo, entre el marxismo y el liberalismo, etc. Es decir, únicamente dentro de las contradicciones al interior del eurocentrismo, y por ende, veríamos la culminación de la civilización globalizadora del “indígena” a través de la modernidad y de la posmodernidad.

No creo que así termine, siento que lo andino va a reverberar luego de la triste noche colonial de 500 años, y como dijeron nuestros abuelos: regresaremos en mitad de la noche.

NOTAS

[1] Grosfoguel, R. (2016) Del «extractivismo económico» al «extractivismo epistémico» y al «extractivismo ontológico»: una forma destructiva de conocer, ser y estar en el mundo. Revista tabula rasa.