UN CUENTO BUSETERO EN LA DIEZ. Por Tomas Rodríguez León

29 de septiembre 2016

Hace un  calor espantoso  en Guayaquil, el sopor asfixia, el clima  quema. Sube el fogonazo desde el asfalto, pasa por la cresta  sudorosa y se deposita en tu frente y mi frente radiosa, más que al sol contemplamos lucir ¡buena tu guevada¡ son 38 grados Celsius, ¿entiendes paisano?,  un grado  sobre la fiebre ¡nos quemamos mierda¡ …Y aun  así  decido sin más, subir en el moribundo colectivo de la diez, la de los pobres, si, la que sube  por la Bahía, sigue al centro, llega a URDESA y se larga pedorreando smog,  para  meterse  por la entrada de la ocho, ayayayayyy, la entrada de la 8, la zona más dura de la ciudad donde está el Balerío con su historia y su pésima conducta, donde habitan los refugiados de la patria, esmeraldeños y sobre todo las manabas que le dan el colorido y belleza, peladas bonitas que repiten el amor en los tiempos del cólera  con sonrisas  en medio del infortunio.

Bueno, pues ya está, subo al vuelo, con la pata en el estribo y  alcanzo  un asiento, que por lo caliente, quema hasta las reflachetas, mientras tanto,  una inoportuna bachata se deja oír a las buenas o las malas, sin salvaguarda ni recurso de amparo:

 Poner en juego tu cuerpo,

Si te parece prudente,

Esta propuesta indecente.

Detrás de mí,  se embarca,  al coleta de la diez,  la de los pobres;  un comerciante, o más bien un sobreviviente, estrategia en pie: buenas tardes distinguido público me he subió en el medio de este transporte …(sonrió, habrá querido decir:  en este medio de trasporte) y ofrece unos caramelos mentolados, pidiéndole a la gente que no le dejen con la mano estirada, porque con ver y tocar no significa que lo vayas a comprar …Y le compro… no termino de chuparme el caramelo y un samaritano sube con botellas de agua…refréscate varón, la que refresca… y le compro, ganas da de tirarme el contenido de la botella en mi afiebrada cabeza, cuerpo y extremidades, más bien me la tomo de una. De inmediato, aparece una anciana con vocecita serrana suplicando una ayudita para una receta  porque  sufre de la presión  y porque ya le ha dado una imbolia y todos  estiran la mano solidaria…menos yo… pero le regalo una tierna mirada… y trepa de seguidilla un niño a vender chicles y le compro… masticando como un adolescente cumpliendo la consigna guayaca: masca chicle y no hagas bomba, mientras tanto veo un trasero de una linda porteña madera de guerrera, incitado aunque lo dudo, por la puta bachata que nunca me ha gustado.

Y en ese trance suben dos muchachos cargados de una caja de música, un micrófono y un raído traje de faraones de la salsa que con voz de locutores  cache de radio FM  tropical anuncian que  el talento ecuatoriano se cultiva en la caaaalle, subiendo a los buuuseeess de Guayaaaquil, y cantan, les juro que bacannnnnsisimo, dos canciones, la primera gracias a Dios por los bellos momentooos quiera diosoooos……. Y viene la  recogida, la taquilla es generosa, los chiros, las chicas  bonitas, la fea patuleca, el carebandido de al fondo y también yo, contribuimos y el muchacho distribuye sus gracias; a los jóvenes,  les dice; gracias mi panita, a  las chicas, gracias  mi reina y  a los mayorcitos como yo, gracias tío. Vaya mi sorpresa  cuando veo que  la viejita pequeña pedigüeña, arrugada de piel y traje, hipertensa, se levanta y entrega dos monedas  de su propia recolecta… ahí entiendo el pellejo de los ecuatorianos y ecuatorianas, niños y niñas, viejitos y viejitas, chiros y chiras, comerciantes y comerciantas, en su extremista solidaridad y ahí  mismo me acuerdo de pegarle una puteadita conciencia adentro, a los políticos, a  todos,  los  de la  diestra y la siniestra. Sube ahora, les juro que nunca viví tanta procesión, un vendedor de agua de coco con carne heladita y blanca, con su condumio vegetal que baila dentro de la botella, le compro   y me  como un coco esmeraldeño, acordándome de Facundo Cabral: lo que no te mata  te fortalece y a continuación le toca el turno a un vendedor de cocada,  mientras otro vendedor de sueños vende  CD  con música del recuerdo.

Al final para cerrar con broche de oro (para mí porque ya mismo me quedo) suben dos más que no venden nada pero dicen que no quieren robar,  pidiendo una contribución, y cuando les digo que aunque sea den un caramelo,  me contestan; no tío, en esta estamos pidiendo para el capital, ¡Das Kapital, maestro Karl¡ casi me cago de la risa, ¡este sí que sabe de economía¡ cuando llega el bus a la Carlos Julio e Higueras ya me toca bajar,  suben una pareja  de ancianos con pinta de aniñados,  rostros italo guayaquileños de burgueses derrotados, que en bancarrota trepan  a la banca rota de la diez  la de los pobres, con  barbilla levantada sin perder la dignidad ni dejarse abatir por el calor, suben y siento que venden su soledad a precio de gallina con peste a  quien  quiera regalarles  una mirada sin indiferencia y claro que venden.

Pongo el pie en el estribo y desciendo, en toda la  esquina; una carreta de vendedor de guineos se afana en su labor cuando se aleja el bus de la diez el de los pobres, esbozó una sonrisa y me acuerdo de que todo de que lo que compre no tenía IVA, y recuerdo mi falta de humanidad pequeño burguesa por andar en auto que ha cedido hoy al regresar a los tiempos de este Guayaquil profundo de buses proletarios.

Este  Guayaquil de los guacharos, este Guayaquil laborioso, honrado y digno   con su ejército de desocupados que no sucumben al nivel delincuencial ni a la mendicidad abierta, al que el poder le da a conveniencia la categoría de sub empleados, que vende cualquier cosa a 40 grados Celsius y a 72.8 de movimiento sísmico en la escala del Ricter, este Guayaquil sobreviviente de cuerpo y alma  con miles de vendedores  en medio de la  otra catástrofe, que patea todos los días. Guayaco que se respeta (todos mismos somos guayacos en este país) no se queda en casa llorando sobre la leche derramada, sale de mañanita como la Zenaida y regresa  para que la vida continúe  con  cinco centavitos  de felicidad.

Esta gente que se pone once,  (mejorcito que diez) no pide más aunque merece mucho, solo pide que si no le dan, que por favor no le quiten.