QUE VIVA EL GENERAL: por ahora. Por Gerard Coffey

Paco Moncayo during the convention in Quito, Ecuador on October 01, 2016. Acuerdo Nacional por el Cambio, Paco Moncayo elected as the candidate for the presidency of Ecuador. The elections will take place in February 2017. Moncayo designation came during the convention held at the Plaza Belmonte; in the center of Quito before some 10.000 people. (Photo by Franklin Jácome/ACG).

10 de octubre 2016

Cuando en el 2012 me contaron que grupos de izquierda consideraban proponer al ex General Paco Moncayo postularse a la presidencia en el 2013, comenté que sería muy buen candidato, siempre y cuando no ganara.

Ahora en el 2016 mi opinión ha variado algo, pero poco. Sin duda alguna Moncayo goza de un número de ventajas como el presidenciable de la Acuerdo Nacional para el cambio: es una persona reconocida y respetada a lo largo del país, capaz de aglutinar a varias fuerzas políticas, tiene una trayectoria larga y exitosa incluyendo dos períodos como alcalde de Quito, y si bien no es intachable (fue cuestionado su papel en las negociaciones alrededor de la construcción del nuevo aeropuerto) para un político de larga data es sorprendentemente limpio. Es también el único candidato serio de la sierra. En el contexto actual, incluso se podría decir que Moncayo es un candidato ideal.

El problema es que no es de izquierda.

No es que nos encontramos frente a un impostor, el mismo General lo reconoce. Hace unos años en una panel de luminarios de izquierda en donde él y su ahora co-idearia Maria Paula Romo figuraban, Mocayo dijo directamente que no se había pensado de izquierda, pero que si otros le consideraban de la tendencia no iba a dejar la oportunidad de presentar su punto de vista. Refrescante sinceridad.

Un segundo problema es que Moncayo es de la Izquierda Democrática, agrupación que se podría describir como de extremo centro, pero sin el extremo, y cuyo liderazgo ha sido, y evidentemente sigue siendo, un objetivo del general. Es su prioridad. Y lo ha manejado bien, levantado al lázaro político de su lecho y, mejor aún, con la ayuda del Acuerdo Nacional para el Cambio convirtiéndola una vez más en una de las principales fuerzas políticas del país. Al mismo tiempo el ex militar (¿es posible ser ex militar?) ahora luce como uno de los cuatro (tres?) candidatos con posibilidades.

¿Cuál es el valor entonces de respaldar la candidatura presidencial de Moncayo para tendencias de izquierda como la Unidad Popular, Montecristi Vive y  posiblemente Pachakutik, dependiendo del momento y del estado de ánimo de sus líderes? ¿Es posible que Moncayo logre llegar a la segunda vuelta y de ahí, aglutinando a todos, gane a Lenin Moreno y Alianza País? No es imposible. El centro sí podría llevar el día en la batalla contra la derecha (la Unidad, si es que esa sobreviva), el supuesto centro derecha de un Lasso que podría ser otro Macri, y una Alianza País debilitada después de 10 años de poder y cuyo candidato a la vice presidencia llega con tufo de azufre.

¿Con Moncayo se podría elegir un número suficiente de diputados de izquierda para que la tendencia juegue un papel preponderante en la próxima Asamblea? Es la gran interrogación. Dependerá mucho de las listas, de si uno considera izquierdistas a María Paula Romo, mujer de indudable capacidad intelectual, o a Lourdes Tibán, mujer de indudable capacidad jocosa e incansable luchadora por algo. Dependerá además de las conversaciones y alianzas que Moncayo consolide con otros partidos: SUMA del Alcalde Rodas por ejemplo. La película claramente no está clara.

La pregunta tampoco es frívola, porque sin suficiente fuerza en la Asamblea los objetivos de la izquierda pueden quedarse marginalizados. Cabe preguntar cuáles serían las leyes que un gobierno de Moncayo y sus aliados de centro derecha buscarían reformar: permitirían el aborto? Entregarían el poder de decisión sobre los recursos naturales a las comunidades? ¿Respetarían los derechos de la naturaleza o el derecho a la resistencia? ¿Cerrarían los pozos del bloque 43? ¿Reformarían la ley de medios, entregando en nombre de la famosa libertad de expresión el poder a El Universo y a dinosaurios como Emilio Palacios y Jorge Ortiz?

¿O simplemente utilizarán discursos más suaves?

Es un dilema. Es un dilema que seguramente vienen muchas horas intentando resolver la Unidad Popular y otros. Y con razón. Gane quien gane la izquierda progresista no tiene adelante un camino fácil. Nunca tiene un camino fácil. Y frente a una asamblea dominada por las fuerzas de cuatro partidos que van desde un centro izquierda débil hacia una derecha demagoga, es probable que salvo a unas concesiones lamparosas por parte del ejecutivo (pensar Nina Pacari como Canciller) su papel será el de siempre: proponer, informar, joder, y joder más.

Otro dilema para resolver es si unirse a un candidato fuerte que no es de izquierda pero que puede proporcionar resultados en el corto plazo, es mejor que optar por la estrategia lulista en el sentido de preparar desde ahora un candidato que puede también postularse en el 2021 y otra vez  en el 2025? ¿Es posible que tal candidato salga de los nuevos diputados de la nueva Asamblea? Veremos.

La decisión ya está tomada, sin embargo, y esta discusión quedará para otro día. Por ahora hay que ir con Moncayo, como sea. El general sí tiene quién le vote y no hay otra opción viable. La calle, aunque necesaria, tampoco representa una respuesta definitiva, y con Moncayo puede haber una presencia interesante de la izquierda en la próxima Asamblea. Pero, ojo, si bien pactos con el Acuerdo Nacional pueden haber, y pese a la buena gente que sea Moncayo, gobernar es distinto a elaborar acuerdos desde la oposición. A lo largo el pragmatismo inevitablemente gana espacio. Los estados y sus gobiernos no gozan de una independencia absoluta, ni mucho menos.

Al final, no hay que esperar que con la debilidad o hasta la derrota de Alianza País se abran las puertas del paraíso. La consigna es avanzar con ojos abiertos. El objetivo,  por ahora,  es evitar que se abran las puertas del infierno.