HABITAR CON HARTO MAQUILLAJE PARTE III. Por Hugo Palacios (el búho)

18 de Octubre 2016

Más la propaganda que han hecho. Más la plata que se han gastado. Más hechos los hábitat. ¿Para qué? El nombre perfecto de la famosa Conferencia mundial hubiera sido, para estar al tono con la coyuntura: “Habitar con harto maquillaje. Parte III”. Y ya. O “Maquillaje con desarrollo urbano”. O “Desarrollo sostenible por una semana”.

Parece que la orden de ese caballero que dice ser Alcalde fue: A ver, la disposición es la siguiente. Como seremos el centro del mundo, lo importante es hacerle creer a todo el mundo que en realidad somos el centro del mundo. Dos puntos. Cueste lo que cueste esa Casa de la Cultura debe quedar como si fuera un Centro de cinco estrellas. Las calles de todo el sector pintadas, con plantas, con luces. Fuera buses, fuera tráfico, fuera smog, fuera pobres, fuera todo. Un Hábitat amable para 45.000 turistas que vayan hablando maravillas de nosotros. Nada más moderno y estético que Mc Donalds frente a la Casa de la Cultura. Eso es pensar en imagen.

Y así mismo ha de ver sido. Porque de la noche a la mañana resulta que esta sí ha sido una ciudad para vivir. Es más, hemos tenido ciclovías. Récord Guinness, la adaptación de espacios para los ciclistas en una noche. Maravilla. La Mariscal y sus alrededores sin transporte, sólo apto para turistas. A esconder a los pobres, a bañarlos. A los vendedores de El Ejido, desaparecerles por una semana, que se dejen de hacer quedar mal a la carita de Dios. Si Dios se enterara de esto. ¿Se acuerdan de Miss Universo? Igualito. Hemos hecho todo esto con eficacia y pocos recursos dijo alguien por ahí en Carondelet.

Y claro, prohibido invitar a ese Hábitat a indígenas, a campesinos, a personas desalojadas de sus tierras, sus casas y las calles por ser eso: pobres que no entienden la lógica de lo que es ser moderno. ¿Para qué a ver? Se han de ir a quejar frente a las cámaras. Sólo eso saben. Quejarse. Cuestión de pobres. Que decidan cómo serán las ciudades del futuro ellos, los que saben, los que pueden habitar el Hábitat, los que vienen a hablarnos de las maravillas de la arquitectura futura, los que tienen para pagarse el avión y el hotel. Quejarse, sólo eso saben. No se puede permitir el ingreso a tanto resentido social que anda por ahí. Incluso haciendo marchas, reuniéndose en alguna Universidad de pobres, hablando de hábitat de pobres, criticando nuestro hermoso y aniñado lugar de remanso y de debate y propuestas para ellos mismos. Solo que para decidir están los que siempre deciden, no faltaba más. Ellos que decidan allá, en la U central, en el mercado de San Roque, esos lugarcitos de perdedores que no entienden de modernidad. ¿Hábitat en el campo, jaja, qués? De risa. Y claro, algunos trasnochados antihábitat como ese Harvey no se qué. Pobres, siempre oponiéndose a la visión futurista y progresista de los que sí saben.

Y para que no se quejen tanto, vayan a ver las lucecitas en las Iglesias. Un orgasmo a la retina. Lindo, no?, para qué también! Pero más allá de lo vistoso y los fuegos o luces artificiales, a uno le queda la sensación de que el maquillaje es materia prima para volverse esencial.