ELECCIONES 2017: CONTINUIDADES, DISPUTAS Y ESPECTATIVAS. Por Napoleón Saltos Galarza

31 de Octubre 2016

… si el enemigo triunfa, ni siquiera los muertos estarán seguros. Y ese enemigo no ha cesado de triunfar. (Benjamin, 1942, 2005)

En el Ecuador estamos a las puertas de un proceso electoral marcado por el postcorreismo. El 19 de febrero de 2017 se realizará la primera vuelta de las elecciones presidenciales y la elección de la Asamblea Nacional. 70 organizaciones políticas podrán presentar candidatos, de las cuales 16 son nacionales. La contienda se concentra en torno a cuatro candidatos principales: Lenin Moreno, candidato oficial de Alianza País; el General Paco Moncayo, de la alianza Izquierda Democrática – Acuerdo por el Cambio; Cynthia Viteri del Partido Social Cristiano y Guillermo Lasso de CREO.

PRESENTACIÓN Y REPRESENTACIÓN

Las coyunturas electorales se mueven en dos esferas: el mundo de la presentación, el mundo de la vida, de los procesos y los conflictos económicos, políticos y culturales; y el escenario de la representación, el mundo de la propaganda, de los procesos electorales.

En la presentación, el tema central es la crisis económica, el paso de la década de la abundancia (2003-2013), asentada en la ola alcista de los precios internacionales de las commodities, en especial, del petróleo, y el retorno del Estado, al período de escasez. De acuerdo a los datos del Banco Central, el movimiento del PIB tiende al descenso: 2014, 4%; 20145, 0,2%; 2016, -1,6%.

Allí empieza la discrepancia. El discurso oficial trata de presentar la situación como un período de dificultades temporales y manejables, y promete que el problema estará resuelto para el próximo año. La expectativa de la subida del petróleo, con el precio del barril de WTI en 51 dólares, las cifras de la liquidez monetaria por el ingreso de créditos externos, el crecimiento de los depósitos en la banca, son el fundamento para mostrar una recuperación. La estrategia oficial es empujar la crisis hacia adelante y mantenerla bajo control en el período electoral. El discurso de la oposición, sobre todo oligárquica, exacerba las debilidades, hasta presentar un escenario catastrófico, especialmente para las inversiones y el funcionamiento del capital. La evolución de la economía será uno de los grandes electores.

Las crisis económicas no se deciden en la economía; el desenlace es político. Más allá de los debates sobre el nivel de la crisis, arriba hay un consenso sobre la salida en los planes de austeridad (Hegemonía 1). Este es un tema de correlación de fuerzas global. En nuestro país no se ha producido ni siquiera el debate que se realizó en Europa, sobre todo en Grecia: Syrisa al menos pudo argumentar inicialmente sobre el plan de austeridad de la troika, aunque al final sucumbió a las presiones. En Ecuador, el debate no está allí, más bien se presenta un gran consenso arriba y una gran debilidad abajo para impulsar un camino alternativo.

La política anticrisis del gobierno se asienta en cinco pilares: agresivo endeudamiento externo e interno; privatizaciones de los bienes públicos y expansión minera; incremento de los impuestos indirectos; alianza público-privada para abrir paso a la iniciativa del capital local y transnacional; Acuerdo Económico con Europa, un Tratado de Libre Comercio de tercera generación, orientado no sólo al comercio de mercancías, sino de servicios, en la línea de los TPP.

La danza de cifras es incierta. Por ejemplo, en referencia a la deuda externa el gobierno argumenta que está en el 24% del PIB, pues en las contabilidades pasa a inversión los créditos chinos. Con el decrecimiento del PIB y la llegada de nuevos créditos, la deuda externa se ubicaría realmente en torno al 38% del PIB. El problema no está allí, pues se trataría todavía de un porcentaje manejable; la cuestión está en la calidad y los plazos: la tasa de interés de los créditos y la emisión de bonos ha llegado al 10,5% y los plazos se han acortado a cinco años. De modo que el próximo gobierno se verá ante obligaciones muy difíciles.

Estas políticas cuentan con el apoyo de los voceros de la derecha, o más bien la diferencia está en la cantidad y el ritmo. Si el gobierno impulsa la privatización de los campos petroleros históricos, las joyas de la corona, de los puertos, de las centrales hidroeléctricas, de los bancos y medios públicos; el reclamo del candidato Guillermo Lasso es que debiera ampliarse el número y la urgencia. El síntoma principal es el silencio sobre la próxima firma del TLC con Europa. Las políticas convergen en preservar la dolarización como la garantía de la estabilidad.

Al fin y al cabo, los intereses históricos y orgánicos del capital, en particular financiero y rentista, están resguardados. En medio de la crisis, al cierre del 2015, las captaciones bancarias registraron un saldo de 25.112 millones de dólares, con un crecimiento anual del 8,91%, según datos de la Asociación de Bancos Privados del Ecuador. El crédito, al cierre del 2014, se ubicó en 21.674 millones de dólares, el 54,4% fue destinado a la industria y sectores productivos.

Las diferencias, los matices se construyen en la relación con la sociedad, en la construcción del consenso abajo (Hegemonía 2). El discurso oficial trata de combinar la austeridad con algunas medidas de compensación focal, sobre todo con una lógica clientelar-electoral. La reducción de fondos públicos ha limitado la capacidad de respuesta y seducción para las clases medias que se ampliaron en el período de abundancia y que ahora son los actores del descontento  y la crítica. El régimen apunta a mantener el acuerdo arriba con los sectores dinámicos del capital local y transnacional, bajo la lógica de la matriz rentista-financiera, y abajo, con los sectores marginales, que carecen de capacidad de auto-representación. Todavía funciona un esquema bonapartista de respuesta al conjunto del capital y de control de la masa.

La derecha busca restablecer y renovar el discurso neoliberal con rostro humano en torno al espíritu emprendedor y las bondades del aperturismo, mientras responsabiliza al gobierno sobre la gravedad de la crisis y sus consecuencias. Es un problema de administración y de confianza.

Por ello, la pugna en la escena política se ha dirigido más al campo ético, al problema de la corrupción. El proceso de Alianza País representa algunas modificaciones post-neoliberales, sobre todo por el retorno del “Estado mágico” (Coronil, 2013) y la combinación de un capitalismo monopolista de Estado con algunas formas subordinadas de capitalismo popular, pero no se propone ni se proyecta a modificaciones post-capitalistas y post-patriarcales. En el tiempo medio logra la modernización del Estado y la economía para una rearticulación al proceso global del capital y el poder, bajo la regencia del capital financiero-rentista.

LA ESCENA ELECTORAL

La escena se mueve en tres montajes principales. Desde el lado del régimen al propaganda gira en torno a la “década ganada” y al mensaje de “vamos por más”; un mensaje de temor ante la “restauración conservadora”  o la “amenaza desestabilizadora de la derecha”.

Desde el lado de la oposición se ha privilegiado el discurso en contra de la corrupción. Sobre todo las denuncias en torno a los sobreprecios, al traspaso a empresas constituidas en los paraísos fiscales, la vinculación de negocios en las áreas estratégicas, en particular en petróleos, se ha convertido en uno de los caballos de batalla principales. La sombra del proceso de Dilma-Lula en Brasil aparece como un fantasma. La oposición ha logrado destapar casos como la repotenciación de la Refinería de Esmeraldas que involucran a cuadros medios y altos del Gobierno y amenazan con afectar al candidato vicepresidencial. El gobierno ha respondido con persecución  judicializada en contra de los denunciantes.

La corrupción pública, más allá del problema ético, es un mecanismo de acumulación por desposesión con apoyo del Estado, la acumulación para la constitución de nuevos grupos económicos o el fortalecimiento de los grupos vinculados. El problema se proyecta al modelo de acumulación.

El polo oficial busca unir dos tendencias constitutivas: los intereses de los nuevos grupos vinculados y la representación del proceso de modernización en su conjunto. El retiro de Correa debilita la capacidad de regulación y se agudizan las disputas internas; sin embargo al contar con el poder ordenador del Estado puede presentarse con menos debilidad que los contendientes. La fuerza del polo oficial es la debilidad de la oposición. La estrategia es ganar en la primera vuelta.

La oposición oligárquica no logró unificarse, se presenta en torno a dos representaciones: de Guillermo Lasso,  un banquero de la Costa que ha logrado el respaldo de poderes locales de Quito y Azuay, e intenta constituirse en el opositor legítimo desde un discurso de modernización aperturista, con rostro humano, en la línea de Sebastián Piñera en Chile. Y el retorno del Partido Social Cristiano, con una figura femenina de renovación, Cynthia Viteri, que intenta restablecer el viejo poder desde la Costa y los vínculos continentales con figuras como Leopoldo López en Venezuela. Los vínculos orgánicos con poderes locales han dificultado la constitución de alianzas y la selección de binomios. La estrategia es constituirse en los finalistas más opcionados para una segunda vuelta.

Desde el espacio de la centroizquierda a la izquierda se ha constituido una alianza, basada en el retorno de la Izquierda Democrática y la convergencia de diversos sectores sociales y políticos de la izquierda electoral, incluido el movimiento indígena y el movimiento sindical opositor al régimen.

En tiempos electorales, la verdad es la primera víctima. Las encuestas presentadas se han convertido en instrumentos de los partidos que las financian. Hasta el cierre de este artículo, en una lectura cruzada de diversas fuentes, se puede establecer las siguientes tendencias de voto. En el Ecuador el voto es obligatorio. El dato más importante es que todas las encuestas coinciden en la presencia de alrededor del 60% de electores indecisos que no han definido su voto; esta tendencia se acentúa en los electores menores a 40 años. Se manifiesta una tendencia a una crisis de representación y a la desconfianza en la democracia representativa; aunque el proceso electoral modificará los resultados finales y no existen fuerzas orgánicas que recojan el descontento con potencialidad antisistémica.

El candidato oficial contaría con un respaldo del 32% de los votos decididos, mientras existiría un empate técnico entre Cynthia Viteri, Guillermo Lasso y Paco Moncayo, en torno al 15%. Según estas tendencias, habría segunda vuelta electoral y estaría por definirse el contendiente de Alianza País. La composición de la Asamblea va a ser más dispersa que la integración actual. Es difícil realizar un pronóstico sobre los resultados, pues todavía falta la campaña electoral.

VARIACIONES Y CONTINUIDADES

En el período de Alianza País se ha producido una variación del bloque histórico, desde el árbol financiero-agroexportador, articulado al eje Norte-Sur, liderado por la tríada USA-UE-Japón, del período de hegemonía social cristiana; al árbol financiero-rentista-importador, con una articulación diversificada y con alguna orientación hacia el eje Este-Oeste, liderado por los BRICs. En esta variación hay un reordenamiento de los grupos tradicionales de poder y la emergencia de nuevos grupos asentados en el poder del Estado.

Veamos algunos indicadores de la continuidad-modernización: crece la monopolización de la riqueza, se profundiza la reprimarización y la transnacionalización de la economía, y el Estado tiene un funcionamiento de subsidiariedad y de transferencia de la riqueza hacia los capitales privados transnacionales y locales.

napo-elecciones-16-1Fuente: Banco Central

El porcentaje de los productos primarios pasa de 74,24% en el 2007 al 77,34% en el 2012. El período de bonanza termina reforzando el rol de exportador de bienes primarios, y no hay el paso prometido al cambio de matriz productiva.

napo-elecciones-16-2Fuentes: Supercías, INEC, Revista EKOS, SRI. Elaboración propia

Si bien se refiere a diversas variables, ingresos y capital, los datos nos muestran que la alta concentración monopólica heredada, en lugar de reducirse se amplía. En términos de ingresos, el Gini en los doce sectores principales de la economía, pasa de 0,902 en el 2005 a 0,964 en el 2010.

napo-elecciones-16-3Fuente: CDES, varios reportes – SUPERCÍA 2006 al 2013, Boletín No. 37 – BCE 2016.

Sobre la base de datos oficiales, las 300 empresas más grandes que controlaban el 45% del PIB en el 2006 (al momento del acceso de Rafael Correa al gobierno), pasan a controlar el 54% en el 2013 y el 57% en el 2015; no se trata de las mismas, pues hay un reordenamiento.

napo-elecciones-16-4Fuente: Varios reportes – SUPERCÍA 2006 al 2013, Boletín No. 37 – BCE 2016. Elaboración: Pablo Iturralde, CDES, 2016

En el mismo período, la participación de las 3 mil empresas menores pasa del 0,35% en el 2006 al 0,01% en el 2012 y al 0,17% en el 2013.

napo-elecciones-16-5Fuente: SRI. Elaboración propia

Si bien crece la participación del Estado hasta cerca del 40% del PIB en el 2014, crece el número de Grupos económicos o se diversifica, y la participación de ubica en torno al 50%, por encima de la participación estatal.

No se trata únicamente del funcionamiento estructural del capital, sino que también indicen las políticas del Estado.

napo-elecciones-16-6Fuente: Datos Superintendencia de Compañías. Elaboración: Pablo Iturralde, CDES, 2016

La acumulación funciona como una relación: se concentra arriba y se desacumula abajo. La participación de las grandes empresas en las utilidades y ganancia pasa del 79%  en el 2010 al 89% en el 2013, mientras la participación de las pequeñas baja del 6% al 2% en el mismo período; y la participación de las micro se vuelve negativa, del 0,5% a -1,7%.

napo-elecciones-16-7Fuente: SERCOP. Elaboración Pablo Mera, 2015

La tendencia de acumulación arriba y desacumulación abajo, se evidencia en las políticas del SERCOP (Servicio de Compra Públicas), que termina favoreciendo a las grandes empresas. La adjudicación a las grandes empresas pasa de 26% en el 2010 a 39% en el 2013, que además, se reducen en número; mientras en el otro polo, la adjudicación a las microempresas baja de 32% a 23%, que además crecen en número.

No se trata de una acumulación local, sino más bien de la transnacionalización, con procesos sistémicos y políticas de privatización. Más allá de la norma, “los productos y materiales no son abastecidos por el mercado nacional, sino que se importan en un 88%, quedando apenas el 12% para adquisiciones locales,” como lo reconoce el Gobierno en el Proyecto Inversión Pública para la Transformación de la Matriz Productiva. (Córdova, 2013, pág. 8) Esta tendencia se mantiene incluso en áreas en las que se esperaría que la participación nacional sea mayor. En “la provisión de alimentos tuvo un componente internacional cercano al 59% en 2011” (El Telégrafo – Revista MasQMenos, 2013)

Una vez cumplida la tarea, la disputa está en la continuidad de un bonapartismo de arbitraje o el paso al control directo de la dirección del Estado por las fracciones orgánicas del capital.

Después del retiro de Rafael Correa, Alianza País busca moverse en los dos campos, con un binomio que combina una figura que todavía intenta presentarse bajo la forma bonapartista, la cara buena del proyecto – el exVicepresidente Lenin Moreno – y una figura vinculada a los nuevos grupos económicos y de poder, locales y trasnacionales, la cara brumosa del proyecto – el Vicepresidente Jorge Glass –. La oposición oligárquica se presenta con vínculos orgánicos con fracciones del capital local y transnacional: Cynthia Viteri del Partido Social Cristiano, representa el bloque financiero-exportador, con base en la Costa; Lasso representa al sector financiero moderno, una nueva versión del aperturismo. La alianza de centro-izquierda, en torno a Paco Montaño, se diluye en representaciones que van desde sectores financieros hasta movimientos sociales orgánicos.

LOS DAMNIFICADOS

El desenlace político está en la pregunta sobre los beneficiarios y las víctimas de la crisis. Uno de los logros publicitados del régimen de Alianza País fueron los avances en el combate a la pobreza. Y efectivamente, según datos reconocidos por los organismos internacionales, el régimen logra un reducción significativa del 15% entre el 2007 y el 2014. Empero hay una variación en el período de la escasez, nuevamente empieza a repuntar la pobreza y el desempleo a los niveles iniciales del período, sobre todo con afectaciones a los sectores más vulnerables, mujeres, jóvenes, etnias.

Todavía en el período electoral, hay una contención del ritmo de la crisis social y una política de posposición de los efectos visibles. La propaganda y actos clientelares focalizados buscan mostrar la preocupación social del régimen.

También en este terreno, hay que buscar los sentidos estructurales de las políticas sociales. El sentido del capital desterritorializa y reterritoriliza las iniciativas de reformas: “el capitalismo es de naturaleza coyuntural. Incluso hoy en día, uno de sus grandes valores es su facilidad de adaptación y de reconversión. (…) El capitalismo los conoce  todos (los medios, procedimientos y astucias  del  dinero) y, tanto ayer como hoy, su característica principal y su fuerza consisten en poder pasar de un ardid a otro,  de una manera de actuar a otra, en recargar diez veces sus baterías según las circunstancias coyunturales y en seguir permaneciendo al mismo tiempo suficientemente fiel y semejante a sí mismo. (Braudel, 2002)

El crecimiento del “inversión” social en el presupuesto de salud, que se triplica en el período de bonanza, desemboca en la acumulación para las empresas privadas, nacionales y sobre todo trasnacionales. En la salud, la política oficial delega la atención a la empresa privada, lo que genera un boom de empresas privadas en el sector salud: entre el 2006 y el 2012 surgen 7 mil prestadores privados de servicios de salud. El 87% de la oferta de bienes y servicios de salud está concentrado en el sector privado y el 13% en el sector público, especialmente en el campo de acción del gobierno central. (Instituto de Salud Pública – PUCE, 2013)

DESDE ABAJO

El poder busca crear un escenario binario, la pugna entre gobierno y oposición oligárquica, y silencia la presencia de las fuerzas subalternas. En los diez años de la Revolución Ciudadana hay un debilitamiento de los movimientos sociales orgánicos, el movimiento indígena y el movimiento sindical. Sin embargo a partir del 2012 empiezan a recuperar alguna capacidad de movilización y autonomía, sobre todo en torno a dos temas claves: la resistencia al modelo extractivista y la defensa de la vida y el agua; y el enfrentamiento al autoritarismo y la criminalización de las luchas sociales.

El régimen responde con estrategias de control, basadas en la judicialización de la persecución y en el atemorizamiento a los dirigentes. Según los organismos de derechos humanos, en los diez años de Alianza País, se contabilizaría más de un millar de dirigentes y luchadores populares enjuiciados y algunos encarcelados.

El giro de la movilización es todavía débil, y no logra una proyección política; de modo que en el contexto electoral termina incorporándose a una alianza de centro-izquierda, sin mayores exigencias programáticas. Quizás el cálculo, como han manifestado algunos voceros, es pasar el pantano electoral con el menor degaste posible y reorganizar las fuerzas para el período postelectoral en que se van agudizar las luchas de resistencia ante los ajustes que asumirá el gobierno de cualquier tendencia política que triunfe. Y un segundo cálculo es reubicarse en la disputa de representaciones locales-territoriales, como nuevo punto de apoyo a una presencia nacional.

La complejidad de una respuesta alternativa está en la necesidad de combinar en un mismo proceso las luchas antiimperialistas por la democracia y la soberanía, con las luchas anticapitalistas por el socialismo, y las luchas civilizatorias y postpatriarcales. Una complejidad que implicaría la autonomía ante el proyecto oficial y la oposición ante el proyecto oligárquico.

Este ya no es un tema local. No se trata únicamente del “fin de ciclo”, de los signos de repliegue de los gobiernos “progresistas” en el Continente, sino de la entrada en una nueva fase de la lucha de los pueblos y los trabajadores. La pregunta no se reduce a los límites de la modernización sin reformas de un capitalismo monopolista de Estado con ciertas capacidades redistributivas, sino a la posibilidad misma del cambio del sistema capitalista. La pregunta retorna al dilema “reforma o revolución”.

Bibliografía citada

Banco Central del Ecuador. (2013). Estadísticas macroeconómicas. Presentación estructural. Quito.

Braudel, F. (2002). La dinámica del capitalismo. (R. Tusón, Trad.) México: Fondo de Cultura Económica.

Coronil, F. (2013). El Estado mágico: naturaleza, dinero y modernidad en Venezuela. Caracas: Editorial Alfa.

El Telégrafo – Revista MasQMenos. (29 de Julio de 2013). Aún hay poca participación nacional en las compras públicas. Recuperado el 2 de Octubre de 2014, de http://www.telegrafo.com.ec/economia/masqmenos/item/aun-hay-poca-participacion-nacional-en-las-compras-publicas.html

Mera, J. P. (2015). La inversión pública en el Ecuador, mecanismos de reproducción del capital, a partir del segundo período del Gobierno de Alianza País. Quito: Universidad Central del Ecuador.

SERCOP. (2013). SERCOP Servicio Nacional de Contratación Pública. Recuperado el 5 de Octubre de 2014, de http://portal.compraspublicas.gob.ec/incop/wp-content/uploads/downloads/2014/05/2013-Informe-de-Labores.pdf

Sistema de Recaudación de Impuestos. (2014). Estadísticas generales de recaudación. Quito.