LA BANALIZACIÓN DE LA POLÍTICA. Por Mónica Mancero Acosta*

22 de noviembre 2016

A las puertas de la campaña electoral observamos, mitad perplejos y mitad hilarantes, la forma cómo se pretende banalizar la representación política en la Asamblea Nacional.

La incorporación de las masas a la política supuso en el siglo XX distintas vías para abrir cauces democráticos. La vía liberal lo hizo a través del sufragio; la vía populista operó a través del discurso; la vía socialista lo hizo por medio de la revolución.  Esas vías fallaron muchas veces, aunque algunas se mantienen en pie, bajo nuevos ropajes. Esto significa que la democracia no podía, ni puede continuar siendo elitista y restrictiva; que la incorporación de las mayorías, del pueblo, de la masa -según las distintas vías señaladas- se evidenció como una necesidad histórica que tomó cursos variables.

De ahí que criticar las propuestas de que sean actrices y actores de la farándula, futbolistas, payasos profesionales, entre otros, los representantes a la Asamblea, no se debe basar en un elitismo que se hizo añicos en el propio siglo XX.  No se trata de que para elegir asambleístas se deba hacer un trámite igual de pernicioso y supuestamente meritocrático, como lo hace la Senescyt con los exámenes de ingreso a las Universidades. Menos aún que los candidatos deban acumular títulos universitarios como demostración de sus experticias. La Asamblea no es la Universidad, ni ahí se van a impartir conocimientos u otorgar títulos profesionales. En la Asamblea se va a deliberar, a legislar y fiscalizar para, por estos medios, procurar cambiar situaciones de desigualdades e inequidades presentes en la sociedad. Para ello no se requiere tanto un título universitario cuanto ser cercano, empático, conocer y pretender transformar realidades sociales por medio de la legislación

En la Asamblea deben estar representados los distintos grupos, tendencias, estratos, vanguardias y procesos sociales y políticos de la sociedad ecuatoriana. Si esos faranduleros, payasos o futbolistas lo representan enhorabuena, si no lo hacen, significa que se está contribuyendo a una banalización de la política. No es que la política deban hacerlo solo los supuestos políticos profesionales ¡no! significa que quien hace política debe tener un sector de la sociedad civil, un proceso social o político progresivo, por detrás y por delante.  Es decir, como una fuente que lo alimente, pero a la vez como perspectiva futura.

Para la pensadora Hannah Arendt, el mal se banalizó en el totalitarismo cuando el ser humano perdió su capacidad de autonomía y de pensar por sí mismo, lo cual llevó a una verdadera catástrofe con el holocausto. Diríamos que la política se banaliza cuando se quiere llegar a ella por el relumbrón y la fama; o, para defender intereses particulares y restrictivos de grupos de poder económico o político, por ejemplo; o, para actuar en nombre de ideas o eslogans racistas, elitistas o excluyentes. Por ello, más peligroso que un payaso o una actriz de la farándula en la Asamblea, puede resultar el abogado de corporaciones nacionales y transnacionales; el economista que defiende los intereses de sectores financieros; el político que busca estar allí para tener inmunidad parlamentaria, y que no se fiscalicen sus actos de corrupción o los de su grupo; o el fundamentalista que busca, no ampliar derechos para grupos sociales que defienden cambios culturales, sino restringirlos. Ahí reside la verdadera banalización de la política, y no en su apertura a una incorporación de ella de sectores mayoritarios o minoritarios excluidos.

La política, siguiendo a Arendt, no se deriva de ninguna esencia del ser humano aislado, sino que trata sobre el hecho de estar juntos los diversos, del convivir de la pluralidad y diversidad de los seres humanos en libertad, y no buscar exclusivamente lo común entre ellos. La política en la Asamblea se trata de juntar a los distintos, para que esta pluralidad represente a la diversidad de una sociedad ecuatoriana que sigue teniendo problemas de pobreza, escaso acceso a servicios básicos, salud, educación y empleo. Pero también una sociedad diversa, que quiere ser reconocida y disfrutar de derechos e identidad propia. Es decir, buscar una justicia redistributiva sin olvidar la justicia por reconocimiento. No tenemos porqué hipotecar lo uno por lo otro si podemos articularlo.

*  Mónica Mancero es candidata a Asambleísta alterna de Humberto Cholango, por Pachakutik, lista 15.