EL ESPEJO DEL LENÍN Y SU REFLEJO EN MORENO. Por Hugo el búho

23 de noviembre 2016

Una mañana cualquiera, Lenín, se despertó a las 6am. Soñó que estaba sentado en Carondelet ordenando lo que en esa semana se debería hacer. Contentísimo en el sueño. Pero al despertar se sintió acongojado, porque la realidad no siempre se parece a los sueños. A los pocos minutos, una voz que salía de su espejo lo asustó. Era él, Moreno, quien lo saludó muy amablemente, le contó un chiste y le pidió muy formalmente que se levantara y lo mirara de frente.

Así, Lenín se enfrentaba a Moreno y viceversa o versavice.

Moreno le dijo: Escucha Lenín lo que tengo que contarte; te pido que no comentes nada. Hoy solo quiero hablar yo. Y Lenín, ya alimentado de un gran instinto político, vaticinó en silencio lo que se le avecinaba, sintió que iba a recibir un plomazo de su propio yo.

Verás. No sé qué te llevó a aceptar la candidatura. Es más, en tu estado de salud es imposible que alguien con cinco dedos de frente haya dicho que sí. Y tú eres muy inteligente, Lenín. Pero ¿qué pasó? ¿Qué oscuras conversaciones tuviste con el Mashi y su círculo cercano para aceptar tal desafío? ¿En serio te crees el cuento del proceso revolucionario con todos los escándalos y corrupción y el Fiscal que no sabía? ¿O tienes muchas presiones a las que no puedes negarte? Hay muchos amigos a los que hay que protegerles la espalda, eso lo sabemos, pero tanto sacrifico por eso?

Tú sabes Lenín que no vas a dar al cien por ciento de tu capacidad. Tú sabes que ese caballero, el matrix energético no es de fiar. Es más, estás consciente que es el mimado del círculo del Mashi; a él lo querían en Carondelet, no a ti. Ese señor es, digámoslo, más manejable, leal a la causa porque debe saber muchas cosas, muchas, muchas. Tú fuiste el que más toca, caso contrario se quedaban cazando tilingos. Y esos caballeros y mucha gente de mandos altos y medios no podrían dormir, porque esas horribles palabras que se llaman fiscalización y auditoría les caería como un piedrazo en pleno rostro.

Tú vas a ser el Presidente, pero sabes que estarás acorralado. Los Meras, los Alvarados, El Matrix energético y otros promashis estarán encima de ti las 24 horas del día. ¿Pusiste algún asambleísta? Nada. Todo te lo impusieron. Y tú, ¿qué hiciste? Nada. Sabes también que cuando mucho nombrarás un Ministro del Interior, uno de Salud, otro de Cultura y para de contar; el resto del Gabinete te lo endosarán gratuitamente. Y bien sabes que suena el Alexis como Contralor, como para que no quede duda de la honestidad de dos más dos es tres de la revolución ciudadana.

¿Por qué, Lenín? Sabes perfectamente que estás siendo usado para ganar la elección, y también sabes que quizás un año después tendrás que renunciar porque tu salud, Lenín, tu salud estará deteriorada. No vas a aguantar el ritmo, las crisis, las broncas, los medios, los viajes. Tú sabes que no podrás, humanamente no podrás, así sonrías siempre frente a las cámaras, no podrás. No podrás. Ser amable tiene sus límites y tener un Vice sospechoso y con ansias de tu sillón tiene sus amargas verdades.

¿Quién te manda, a ver? No seas irresponsable Lenín. El pueblo te eligirá a ti como Presidente no al otro. ¿Es por currículum quizás? No. ¿Estás seguro de la inocencia de tu binomio? Bien sabes que no le crees, ni una sola palabra. Petroecuador, la refinería, contratos, hidroeléctricas, frecuencias. Son demasiados muertos para tapar el cementerio. ¿Qué te dijo tu familia? ¿Que sí? Vaya nomás, luche por su país, no importa su salud. ¿En serio? Ya sabemos que los otros candidatos no mismo. Un Lasso, una Cinthya, no garantizan nada de nada, es para peor, lo sabemos. El Paco, bueno, el mal menor pero cada vez se parece a los otros. Es decir, no tenemos opciones. Bueno, teníamos uno, Alvarito, pero el muy cobarde ya no quiso, se nos esfumó en la bruma política. Vos mismo dices que hay que manejarse con humor, no te hagas.

Bueno Lenín, ya no te molesto más. Espero que por el bien del país, si ganas, te mantengas los cuatro años. Y que tu matrix energético no te serruche el piso cada treinta días. Pero los mal pensados que somos muchos, sabemos que lo que quieren ellos es uno a su altura. Me voy Lenín. Siento decirte en voz alta lo que tú callas o gritas en voz baja. Buen día. Regreso al espejo.