EL CELULAR RING RING Y LAS CLASES EN LA UNIVERSIDAD RONG RONG Por Hugo Palacios (El Búho)

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Enero 11 de 2017

Definitivamente no va más. He decidido volver a la escuela tradicional en la educación. La letra con sangre entra. Es imposible competir con las redes sociales. Los estudiantes prefieren pasar con su extensión de la mano a colores que atender una clase. Incluso, un excelente docente y que es referente académico para sus miles de alumnos en 35 años de docencia, se me quejó: “Yo, que nunca prohibí nada, ahora lo hago. Si alguien saca su celular, paro la clase y lo quedo viendo despectivamente hasta que lo guarde. ¡Esto no es una parodia!”

Y que no salgan con el pretexto de que: “el internet nos sirve para investigar y constatar lo que dice el profe, para establecer un diálogo teórico y una crítica saludable en favor de la ciencia”. Mentira. Falso de falsedad absoluta. Se ha constatado que el 99% de quienes lo usan en clase es por estar clavados en el Facebook, Instagram, y demás redes sociales que ni siquiera sé cómo se pronuncian. A saber: 33% chateando; 15% memes; 17% pornografía; 35% revisando la basura de sus actuales, de sus ex, de sus enemigos.

Así que ahí les va unas cuantas recomendaciones a los profes que, hartos de contemplar a sus estudiantes embobados con su celular, quieran otro tipo de educación, no alternativa ni moderna ni revolucionaria. No. A la antigua con ellos. A la mala. A la me obedeces o chupas. ¡A la mierda con todos!

– Si a un estudiante le suena su celular en media clase, tome el borrador con su mano diestra, flexione el hombro a 45 grados, apunte a su parietal derecho y dispare! Si falla la primera, tranquilo, ellos recaen fácilmente, son como drogadictos incorregibles. La segunda vez será efectiva, ya no con ese efecto maravilloso que dejaba el polvo de tiza en el aire, pero sí con la calidad metodológica de la experiencia reprimida en las aulas.

– Si de plano saca descaradamente su celular y lo revisa como quien mira porno a escondidas, no lo dude ni un segundo, acaricie su marcador de tinta líquida, mejor si es el rojo para que se confunda si aparece alguna herida, y láncelo con todo el cariño del mundo en la nariz del infractor.

– ¿Lo miró chateando? Grave error del estudiante. Solicite a sus cuatro compañeros más cercanos que le apliquen dos coscachos por mano, y que el último le escupa a quemarropa. Recuerdos de esa infancia en la escuela y en el colegio en las que sí se educaba, no como ahora.

– El mojigato. Disimula que está leyendo el texto de clase, pero en su interior está el celular. Ahí sí la falta es seria. Primero introduzca el bullyng, burlándose de su aspecto físico, de su peinado, de su intrascendencia en el mundo. “Vas a terminar vendiendo bonice en cualquier esquina”; “ni para ratero has de servir”. Y luego sí, que pase adelante, que le explique el resumen de lo que se hablaba. Como seguro no sabrá qué decir, ordénele que se compre un cuaderno de 100 hojas a cuadros y que repita 10.000 veces: “no debo sacar el celular en clase”. Y para rematar, una sonora patada en el medio centro de la mitad de su cansancio trasero.

No se preocupen por los dizque derechos de los estudiantes. No. Ellos ya pasan de los 18 años, eso aplica solo a niños y adolescentes. Así que tiene carta abierta para mejorar la pedagogía. Libertad de cátedra que llaman. ¿Eso querían? ¡Hasta ahí estaban! Miserables alumnitos que engañan a sus padres con el cuento de “Voy a la U para estudiar, para ser alguien en la vida” Farsantes. Nadie aprende Comunicación o Literatura en el Facebook ni Teoría de la Imagen en Instagram.

Sólo con estos consejos haremos estudiantes sanos, saludables, creativos. Los que exclamaron “no hay que tocar a los alumnos, no se los puede violentar, es que sus derechos, todo a la buena, y otras mentiras más, no saben de lo que hablan. Es una mentira de la modernidad para construir seres anómalos y faltos de creatividad. Las mamás de antes lo sabían. No había mejor psicólogo que ese juete colgado en la pared para ocasiones especiales, o sea casi todos los días. Ahí están las consecuencias: hemos parido una generación de… de… “complete usted la palabra, por favor”. Este tema es un pendiente pedagógico que se le olvidó a Eco, a Habermas y a Bauman.

Por una “nueva” educación en las aulas universitarias, y siempre pensando en el futuro del país y el mundo, me suscribo muy atentamente.

Un docente cualquiera a cualquier hora de clase.