PASEO POR LA PLAYA: ROBO Y SOLIDARIDAD CON MANABÍ Por Gerard Coffey

Enero 12 de 2017

“Agencia Nacional de Tránsito trabajando por su seguridad” dice el aviso digital del bus, “Velocidad 0Km/hora, Placa 34.9 grados centígrado”. Viajamos de Santo Domingo a Quito en un vehículo de Transportes Carmenses, para este  privilegio en la boletería nos cobraron más de la tarifa normal. Este es, en otras palabras, un bus pirata. Caímos en la trampa, lo admito, pensé que cuando nos ofrecieron los pasajes a USD$5.25 íbamos a encontrar un minibús, transporte puerta a puerta o algo así, evitando el largo viaje desde el terminal de Quitumbe al centro de la ciudad.Pero no, solo un bus normal con  un precio anormal.

Lo que es más, el bus no aparece.Reclamo en la boletería pero solo me preguntan si tengo boleto “sí claro” les digo “tengo boleto pero no tengo bus, No llega. ¿Dónde está?” “Ya mismo llega, ya está en la entrada…” Ya mismo resulta ser treinta minutos y mientras esperamos salen varios  buses del puente. Perdedores.

Pero pasamos bien en la playa, el año nuevo, los años viejos en Cojimíes, pueblo que por la estructura del subsuelo no sufrió mayores daños durante el terremoto del abril pasado. No lo sabía, pensaba que estábamos contribuyendo a mejorar la situación económica de Manabí; bueno, quizás sí, pero más indirectamente de lo que me imaginaba. El treinta y uno no veo a mucha gente, y bailamos en la arena y la lluvia al sonido, respetable tengo que decir, de la banda de la policía nacional completa con chalecos. Da pena que seamos tan pocos.

El primero es otro cuento, llegan buses de Santo Domingo y vehículos privados de Guayas, es incluso difícil encontrar donde comer. Lo logramos. “Pero el encocado de pescado no tiene mucho sabor a coco” le comento a la cocinera. “Es que no hay.” “Le debemos una” dice una ayudante con sonrisa tierna. Solidaridad con Manabí.

Si la salida de Cojimíes fue ‘interesante’ la salida de Quito unos días antes también lo fue, y algo más. En el bus No. 10 de la cooperativa Vencedores, con rumbo a Pedernales, el controlador nos ayuda con  las maletas, colocándolas arriba. También, y con mucha preocupación por mi comodidad, me explica cómo funciona el aparato para descansar los pies durante el largo viaje. Que ternura. Por desgracia, no era el controlador verdadero (que sospechosamenteno apareció durante todo el operativo)  y su compañero, sentado detrás de mí, aprovecha de mi desconcentración para meter la mano en la mochila y sustraer una cámara  y un par de binoculares.

Enfrentado cuando al fin subió, el verdadero controlador no pudo ofrecer más que decir “estaba afuera, no vi nada” y cuando le decimos varios que seguramente se registró todo en la camera que obligatoriamente tiene que llevar cada bus, nos explicó que no estaba funcionando porque el bus era nuevo.Contradictorio en lo extremo. El aviso de que ‘La Agencia de Tránsito está trabajando por su seguridad’ parece solo un ruido más (digital) entre los tantos a los que estamos sometidos todos los días. Es de esperar que la Fiscalía funcione con mayor agilidad cuando procesa la denuncia.

¿Robo o solidaridad con Manabí?

Un bien conocido intelectual me dijo una vez, después de haber sufrido un robo, que lo consideraba una forma de repartición de bienes. Puede ser, y en mis momentos más filosóficos entiendo su punto de vista. Pero en el momento del acto admito haberme sentido algo menos que solidario, con pocas ganas de repartir de esta forma lo poco que tengo. Me sentía en realidad con unas iras frías, y determinado a denunciar lo que para mí parecía el trabajo de una red delincuencial. La venganza, dicen, es un plato más sabroso cuando se come  frio. En realidad, no me importan tanto los bienes, eran viejos y sin mucho valor de intercambio, pero valor de uso sí tenían y sinceramente no quiero que otros sufran lo mismo.

A fin de cuentas, no he perdido el sentido de solidaridad con Manabí, pero no estoy seguro de que canalizar los apoyos a través de grupos de ladrones sea la mejor forma de llevar adelante a estas provincias sufridas.