LA POLÍTICA SIN IMAGINACIÓN Por Tomás Quevedo Ramírez*

Febrero 14 de 2017

Los ecuatorianos hemos sido testigos de dos debates presidenciales, uno organizado por Las Cámaras de Comercio, y el otro por el grupo El Comercio. En está oportunidad, se busca hacer referencia a lo que los debates reflejan sobre el sistema político ecuatoriano y la clase de políticos que tenemos.

La ciudadanía observó a una clase política sin imaginación, con poca capacidad de argumentación y sin propuestas claras para el conjunto de los ecuatorianos. Se evidenció la opacidad ideológica de las propuestas de la derecha y la izquierda, quienes coinciden incluso en su crítica al correísmo, en el libre comercio y en la necesidad de un nuevo consenso con los empresarios. Es paradójico escuchar a Cynthia Viteri y a Guillermo Lasso hablar de la defensa de los campesinos y de la necesidad del libre ingreso a las universidades, e incluso de la conservación del Yasuní, en lo cual coinciden con Paco Moncayo.

Además, las candidaturas marginales –Bucaram, Zuquilanda, Pesántez o Espinel– demuestran la debilidad del sistema político. Estos presidenciables se inscriben en partidos políticos de ocasión,  que no cuentan con representatividad nacional, bases sociales sólidas, programas definidos, ni muchos menos fundamentos ideológicos. Este fenómeno es un síntoma de la crisis del ejercicio de la política en nuestro país.

Uno de los elementos que salta a la luz es la ausencia de un proyecto político nacional desde los sectores de ‘oposición’ al correísmo, y al mismo tiempo la incapacidad del correísmo para renovar su proyecto político.

Evidenciamos además, la continuidad de la regionalización política, lo que se hace evidente en la elección de binomios compuestos por candidatos de Costa y Sierra, para poder conseguir mayor cantidad de votos. Pocas veces –o nunca- se piensa en candidatos de la Amazonía, pues ella solo aparece en el escenario político como proveedora de recursos naturales.

Es necesario tomar en cuenta que hay grandes temas ausentes en los debates. Por ejemplo, los jóvenes y sus problemáticas vinculadas al empleo, la educación, salud sexual y reproductiva, identidades y consumo de drogas. Así también, la cultura como pilar para la construcción de una nueva sociedad. La plurinacionalidad y las demandas de los pueblos y nacionalidades indígenas. El cuidado de los ecosistemas, la problemática ambiental y nuevas tecnologías y energías limpias. La dura situación de la población rural y la soberanía alimentaria. Finalmente, los temas relacionados con la mujer, su salud y los diversos tipos de violencia que sobre ella se ejercen.

Después de ver los debates, queda la certeza de no tener una certeza en el plano electoral. Las y los ecuatorianos iremos a las urnas el 19 de Febrero con dudas, resignación y decepciones. Excepto aquellos que han definido abiertamente su voto. Sin embargo, cabe dejar algunas interrogantes que nos permitan pensar en el escenario pos-electoral ¿Cómo podría la izquierda constituirse en una alternativa electoral para los sectores populares? ¿Qué pasaría si las nuevas elecciones son ganadas por la derecha socialcristiana o Lasso? ¿Podremos en algún momento salir de la práctica política de votar por el mal menor?

*Docente Universidad Central del Ecuador