LOS CANDIDATOS EN SU VALENTÍN Por Hugo Palacios (el búho)

Febrero 14 de 2017

No hay mejor fecha para demostrar el amor, la amistad y las buenas costumbres que en plena campaña electoral. Qué San Valentín ni qué nada. Si de amorosos se trata véanles de cuerpo entero a los candidatos a Presidente, a Vice a Asambleístas. ¡Qué risueños! ¡qué buena vibra!¡qué amables!¡qué galanes!¡qué dulzones, qué querendonas! Si hasta hacen suspirar con esa cara de 14 de febrero que ponen.

Caso 1. El amoroso del Lasso. Una cara de orgasmo mal hecho que pone cuando se abraza con los pobres. Uno se pregunta, sabrá lo que es el placer el señorito ex banquero. Como no le gustan esos ritos pecaminosos donde uno sonríe con todas las vocales, cualquiera duda de que celebre el día del amor. Ha de llevar cámaras en su trayecto para que le vean lo gentil y cariñosos que es con la pipol de a pie. Flores a la esposa, abrazos a los simpatizantes, besos a las voto todo 21. Ese señor ha de celebrar el día del amor pero con interés a largo plazo, qué creen? Ya en la nochecita se quitará sus pantalones de campaña, hará una mueca de cajero autómatico y… se dormirá como un angelito de póliza a plazo fijo. Si su esposa quiere un cariñito le dirá: ay, mujer, hoy no, me duelen los bolsillos. Debo poner toda mi energía en el millón de empleos que requieren de cálculo y no de calentura. Hasta mañana.

Caso 2. El enamoradizo del Glas. En su 14 de febrero sonreirá a más no poder. Seguro ya le duelen los músculos faciales y yamismo calambre a la quijada de tanto fingir que sabe dibujar esa mueca ganadora. No hay duda que la noche del 13 de febrero se ubicará frente al espejo durante seis horas consecutivas para ensayar cómo ser simpático frente a la gente que lo mira. Cupido, dirá, Cupido, fléchame en la nuca con una saeta hidroeléctrica; hazme dueño de un encanto que rime con matriz productiva y regálame el carisma que sólo los sobornos Odebrech incitan. Ya está harto de tanto copiar sin éxito carisma de otros. Ya no sabe cómo parecer chévere sin que las miradas lo acribillen de sospechoso y más. Ni modo, es San Valentín, a seguir riendo. Será Vicepresidente, y con la ayuda del Lenín, un Presi a todo dar, y a todos amar.

Caso 3. La simpática de la Cynthia. 14 de febrero. Hay que ser dulzona, empática, enamoradiza con los votantes. Sonreírles incluso a los muertos de hambre, porque ahí están los votos que faltan. Usar la estrategia de su jefe Jaimito: ser amable pero a la vez enérgico. Solo que no sabe cómo hacer para –en medio de la euforia-  abrirse la blusa como el Jaime sin parecer indecente. Pero debe regalar besos volados, dientes prosaicos y miradas en verso que rimen con madera de guerrero. Aprendió tanto de su jefe de mostacho, también del difunto felino que está en la obligación de ser la dama de hierro socialcristiana pero con dosis de mujer tierna y luchadora. Sin embargo, tanto amor, no le alcanza para recordar derechos humanos: dos palabritas que se peina para el lado derecho. Pero ahí va, saludando con rosas demagógicas; ofreciendo pan, techo y empleo pero en versión posmoderna.

Caso 4. El despechado del Fiscal. No es candidato pero como si lo fuera. No habrá 14 de febrero que le haga sonreír. Tiene una cara de amargueta, de lunes a las 7 de la mañana. No. El amor no le sonreirá este 14. Ya nadie le quiere, ni sus panas de partido. Escribirá un poema en la noche san valentiana: “el amor no es para fiscales, las espinas nos hieren hasta en los ventanales”. El pobre, algunos no nacieron para amar, menos si son Chiribogas, no rima con San Valentín ni forzando vocales. Hay que aceptar estoicamente el destino fiscal de los amores sin nación. A lo sumo un par de canitas al aire sin que llegue a febrero, las dos extranjeras de nombre raro: algo así como Odebrecht… Papers de no se qué. Pero ni para la clandestinidad sirvió; mejor dicho, San Valentín pasará desapercibido para él. Ya vendrán fiscales mejores para el romance febrero.