MÁS QUE UN FRAUDE ELECTORAL, UN FRAUDE HISTÓRICO Por Natalia Sierra*

Febrero 21 de 2017

Cuando se analiza cualquier proceso de la vida social, no es posible no hacerlo desde un lugar político específico, que supone intereses, demandadas, aspiraciones, valores; es decir un horizonte ideológico particular. Lo dicho no significa que el mismo carezca de objetividad, pues ésta radica en dejar claro  desde donde se habla, cual es el anclaje político de la enunciación. Es esta claridad la que permite el intercambio de ideas, no para llegar a consensos, si para debatir.

Con ésta necesaria aclaración intentaré dar mi opinión sobre el último proceso electoral del país, dejando claro que ensayo hablar desde la clara demanda de la transformación social, desde abajo y hacia la izquierda. Se entiende que el abajo corresponde una opción de y por las clases explotadas, las otredades oprimidas, las individualidades asfixiadas, la naturaleza violentada, y por lo tanto un rechazo al dominio capitalista, patriarcal, falocéntrico y antropocéntrico. Y se entiende hacia la izquierda la intención permanente de buscar justicia social y libertad humana.

La democracia liberal representativa, debilitada, arrinconada, pervertida por la expansión de la lógica capitalista, que le convierte cada  vez más en una vulgar transacción mercantil; no deja por lo mismo de ser la forma política que acompaña la reproducción del capital. Aún más, tiene la habilidad de seducir a la sociedad de que en ella radica su único ejercicio democrático.  Cada proceso electoral manipula  el azar y, con él, el deseo de un acontecimiento que transforme las condiciones de vida de las mayorías afectadas por la violencia capitalista.

En el caso del Ecuador, además del deterioro general de la democracia electoral, el proceso no cumple ni las reglas formales de su juego, menos aún las reglas no escritas de su procedimiento. Sin embargo de lo cual, en este último proceso electoral otra vez se manipuló el deseo de la sociedad y nos lanzamos creyendo neciamente poder conquistarlo. Al final, por enésima vez nos damos cuenta que es un proceso absolutamente mercantilizado, lleno de irregularidades y por último ratificamos que con el voto poco elegimos, de lo cual nada es trascendental para la vida de los pueblos; menos aun cuando los dos finalista son prácticamente lo mismo. El uno significa un regreso violento a la política neoliberal, quizá estilo Macri, y el otro el neoliberalismo a dosis cada vez más grandes que el mismo Correa ya empezó a suministrar.

La traición de la  “izquierda” correísta nos ha puesto entre dos derechas: la derecha a la que se entregaron en esta década y que ha sido la gran beneficiada de su gobierno, y la vieja derecha, que ciertamente nunca ha estado tan alejada de la primera, más allá de las broncas políticas, tienen varios negocios comunes.

Al final de la década, la utopía socialista quedó hecha trizas, trastocada en sus fundamentos y prostituida en sus símbolos. Gran parte de la población (60%) que no apoyó a Alianza País no quiere saber nada de “izquierda socialista” y han regresado de una u otra manera a poner sus esperanzas en la vieja derecha. De la población que apoya aun al gobierno, gran parte cree que lo que ha hecho A.P en estos diez años es una revolución (incluido el autoritarismo, la prepotencia, el extractivismo, el endudamiento, el clientelismo, la corrupción, el cinismo, la servidumbre a los grupos económicos nacionales, regionales y sobre todo al salvaje capital chino, etc.).

Por nuestra parte, nos queda ser honestos con nosotros mismos para poder mirar y aceptar  la absoluta precariedad política en la que nos encontramos, detenernos, pensar, y asumir nuestros errores históricos y reconocer nuestra participación en este fraude histórico. Solo desde allí podemos reinventarnos y empezar nuevamente a caminar de manera autónoma, sin arrimarnos a ningún poder que no sea el que construyamos desde abajo.

*Publicado en Mirando a través de la Fisura