UNA ENCRUCIJADA PARA LAS MUJERES Por Mónica Mancero Acosta

Fotografía: Pavel Calahorrano/ El Comercio-Ecuador

Marzo 08 de 2017

Las mujeres en Ecuador estamos en medio de una encrucijada. Frecuentemente lo estamos ante decisiones acerca de nuestras vidas, hoy lo estamos ante un escenario político incierto y desalentador, especialmente para nosotras. La encrucijada electoral tiene al país en vilo y en enfrentamientos constantes, pero para nosotras parece no haber esperanzas.

Aparentemente tenemos dos alternativas: el continuismo de un régimen que desvió su rumbo y se derechizó, que en materia de derechos sexuales de las mujeres ha sido conducido por la moral conservadora cristiana retrógrada de su líder, pero que ha erigido un autoritario “feminismo estatal” para reivindicar supuestos avances en derechos de la mujer mientras las ha manipulado sin ninguna vergüenza. Y, por otro lado, el retorno de la oligarquía financiera neoliberal al poder que viene recargada de frustraciones, pero con un ideario opus dei, similar o peor al correísmo, en cuanto a derechos para las mujeres. Como vemos, nada para nosotras.

Las mujeres ya estamos acostumbradas a eso. Ha sido una década entera que arrancó con esperanzas, propuestas y algunas iniciativas interesantes, pero que en el ejercicio del poder se fue orillando a los mandatos, caprichos y moralismos de su líder en detrimento de las convicciones e iniciativas de sus propias compañeras mujeres que fueron replegándose, pero sobretodo, ha sido una década de organizaciones de mujeres de diversos espacios y tendencias, las cuales no tuvieron temor de plantarle cara al régimen. Una década en la que las cifras del embarazo adolescente crecieron exponencialmente y fue contrarrestado con una contradictoria política pública que ha terminado diluida, lo cual constituye, ese sí, un verdadero crimen. Diez años en los que el aborto ha sido nuevamente criminalizado cuando esperábamos al menos su despenalización en casos de violación. Una década en la cual la violencia contra las mujeres y los feminicidios nos enrostran cada día que estamos muy lejos de la equidad.

De forma optimista, casi ingenua, a fines de los 90 pensábamos que íbamos cerrando brechas y que todo era cuestión de tiempo más algunos acuerdos internacionales; pero las feministas nos dimos con la puerta en las narices, puesto que la penetración de la misoginia y la violencia de género no da tregua, la tenemos en la casa, en la calle, en el lugar de trabajo, en la política, en la academia, en las organizaciones. Así, supimos que el patriarcado no se derrota ni con la firma de acuerdos y menos con ofrecimientos “generosos” de candidatos en campaña.

Hoy nos hacen llamados a la cordura, a definirnos, a expresarnos por uno u otro candidato. La candidata Viteri sacó una ventaja importante de votos para las mujeres asumiendo un rol maternal, un asunto a examinar seriamente. El presidente Correa ha dicho que esos votos seguramente van para ellos, bajo el presupuesto de que las mujeres no votamos ideológicamente, que somos fáciles de convencer y que el plan ternura de su candidato capturará a estas mujeres. El candidato Lasso dice que ha nacido de una mujer y que tiene hermanas, esposa e hijas y que por ello la política pública será en favor de la mujer. Ahí tienen a las dos “propuestas” sobre derechos de las mujeres de ambos candidatos de cuerpo entero. No puede haber mejor demostración de precariedad de discurso, de propuesta y de convicciones.

A las feministas no nos pidan votar por estos “programas”. Las mujeres paramos este 8 de marzo, entre otras razones, porque sabemos que solo el camino de la resistencia, de las luchas, de las articulaciones entre mujeres diversas, nos puede dar esperanzas.