TIEMPOS DIFÍCILES Por Natalia Sierra Freire*

Marzo 09 de 2017

Mientras se expande y se profundiza la lógica de la generación y acumulación de capital, las formas simbólicas que acompañaron su nacimiento y su desarrollo se derriten y forman una espesa y viscosa masa informe de símbolos agónicos, muchos de los cuales se encuentran en claro proceso descomposición.  Esta masa desfigurada crece en la medida en que se extiende el imperio del valor mercantil; se borran límites, fronteras, códigos, acuerdos, diferencias en un inmenso mar de elementos sueltos, fragmentos, intermitencias, pedazos que  van alimentando el valor económico y la masa viscosa de símbolos en desintegración.

En lo político, la vivencia cotidiana de esta realidad-desrealizada es lo que hoy se manifiesta nítidamente en la coyuntura política del país. Una nunca antes experimentada confusión ideológica, debido al trastrocamiento y traslación arbitraria de símbolos que en su tiempo expresaban coordenadas de ubicación político-ideológica. Las nociones que constituían claros espacios ideológicos se travisten en sus prácticas opuestas, proceso  que diluye diferencias y hace estallar las ideologías en millones de pequeños fragmentos de ideas  inconexas, que se amalgaman y  tragan al sujeto político.

En esta última década, todos los símbolos que en algún momento estructuraban el campo ideológico, de lo que se conocía como la izquierda, han sido vaciados de sus contenidos políticos concretos (transformación radical de las condiciones de existencia para superar al capitalismo, el patriarcado y el colonialismo). Sin su sustancia histórico-política se convierten en valores sígnicos, que sirven de medida de intercambio “ideológico”. Ejemplos de lo dicho hay muchos: El Socialismo presta su cuerpo significante para trasladar a la población los significados (políticas concretas) de la derecha económica, es decir del capitalismo. Los significantes REVOLUCIÓN, SOBERANÍA, ANTIIMPERIALISMO, DECOLONIALIDAD, ECOLOGISMO, FEMINISMO sirven para justificar el extractivismo, el endeudamiento, la dependencia a las corporaciones transnacionales, la criminalización de la protesta social,  la depredación de la naturaleza, el machismo, el neoliberalismo encubierto,  etc., etc.

Por su parte, la vieja derecha, desplazada políticamente en ésta década por el progresismo, en su lucha por recuperar el terreno perdido, se abandera del significante CAMBIO, DEMOCRACIA, LIBERTAD para llevar adelante el retorno abierto de la política neoliberal, es decir  el continuismo económico, y con ella la restricción de derechos, esto es, de la democracia y la libertad. En muchas ocasiones la vieja derecha  ha dirigido la movilización callejera que se suponía práctica de las organizaciones sociales populares. De pronto sin saber por qué,  son los sectores más conservadores los que promulgan el cambio en las calles.

Así también, militantes-funcionarios del gobierno socialcristiano de Febres Cordero hoy son representantes “socialistas” del gobierno de la Revolución Ciudadana. Nadie sabe cómo ocurrió esta transformación tan profunda ¿Cómo es posible este cambio radical? A no ser que las ideologías se hayan convertido en simples ropajes a conveniencia del mercado político electoral. Encontramos a ex guerrilleros y comunistas acompañados de socialcristianos, todo a nombre de un proyecto político que, obviamente, carece de sustancia ideológica. La extrema derecha socialcristiana gobierna junto a la extrema izquierda comunista, a nombre de un proyecto revolucionario que se entregó a los intereses del capital nacional e internacional.

Después de los resultados electorales  -que nos colocan entre dos bloques de poder, que más allá de sus disputas políticas y económicas, son al final un mismo proyecto subsidiario de la consolidación de la mercantilización de la vida- la sociedad es obligada a escoger donde cualitativamente no hay nada que escoger.

Ciertos militantes o simpatizantes de la izquierda en oposición y algunos dirigentes sociales han mostrado un apoyo abierto al candidato de la banca, con la esperanza de que concluya la persecución, acoso y criminalización que han padecido durante la década del gobierno “revolucionario”. Es difícil saber cómo afecta, a nivel colectivo e individual,  el peso del  biopoder puesto en ejecución por Alianza País, más aún cuando se autodefinieron como gobierno de izquierda y se lanzaron a reprimir, fundamentalmente, a la izquierda y a los movimientos sociales articulados a ese campo ideológico.

Otros, al contrario, asumiendo que solo el candidato de la banca es de derecha, insinúan repetir el apoyo a A.P. de hace 10 años, en un intento de no mirar lo que ha significado esta década. Al final, como hasta Hollywood lo muestra, el poder real detrás de las “dos” opciones, más allá del ruido público, siempre arreglan sus cosas tras bastidores; mientras la sociedad, y especialmente la izquierda, se embarca en un guerra ajena (estructuralmente inexistente) defendiendo a los dos grupos de poder responsables del feriado bancario y de la obscena corrupción que han devastado el país en las últimas dos décadas.

Es importante señalar que la confusión ideológica no se remite al terreno de las ideas, sino que se manifiesta en las acciones efectivas de las personas, lo cual es mucho más grave, pues contribuye a alimentar la masa amorfa que  se extiende liquidando  todo sentido. Así, todos entramos en un torbellino confuso de prácticas  que como un vendaval termina alejándonos de nuestros propios intereses como sociedad diversa y autónoma.

Las voces distintas quedan sofocadas por el espesor mercantil de la política sin ideologías. En este escenario  tan opaco y espeso que asfixia el pensamiento político, estamos arrojados a un pantano ideológico sin sentido donde no hay puntos de referencia para poder actuar con mínima coherencia.

Toda confusión provoca en el ser humano miedo y cuando no hay salida a él, la única respuesta es la violencia verbal o física. Basta entrar a las redes sociales para darse cuenta el nivel de deterioro del intercambio de ideas, que prácticamente desaparece para dar paso a un bombardeo de opiniones casi sin argumentos. Lo que muestra la liquidación del debate  es la profunda angustia en que se encuentra la sociedad y, dentro de ella, los sectores de lo que alguna vez fue la izquierda.

Frente a este panorama, que domina la política en el mundo actual, es necesario recuperar el silencio crítico desde donde se pueda hacer la pregunta fundamental sobre nuestra caminar común: que mundo deseamos y cómo lo deseamos. Sola la pregunta sobre el sentido de nuestra existencia política tiene la capacidad de abrir un espacio en el pantano viscoso de la política sin ideologías. Desde esas pequeñas grietas quizá podremos construir otras nociones, otras ideas, otros pensamientos que se objetiven en otras prácticas emancipadoras.

Publicado en el blog Mirando a través de la fisura