¿QUÉ QUIERES, ARGENTINA O VENEZUELA? MÁS ALLA DEL JUEGO DE ESPEJOS Por Napoleón Saltos Galarza

Fuente: The Circus (película)

Marzo 14 de 2017

«No hay, pues, vicio más repugnante que la avaricia, sobre todo en la gente principal y en los que gobiernan la República. Desempeñar un cargo público para enriquecerse no es solamente vergonzoso, sino también impío contra la patria y sacrílego contra los dioses…» (Marco Tulio Cicerón, «Sobre los deberes», Editorial Tecnos, Madrid, 1989, pág. 125).

Una reunión de universitarios. ¿Qué quieres, Argentina o Venezuela? Los espejos invertidos son el referente de la elección. La estrategia del miedo, lo que no queremos ser.

En el desenlace de la primera vuelta, el triunfalismo oficial convirtió una victoria cuantitativa (más de un millón de votos de diferencia en las elecciones presidenciales, mayoría parlamentaria, mayoría en el plebiscito) en una derrota política. El candidato opositor pudo presentar la imagen de defensor de la democracia ante el fraude. Aunque nuevamente las Fuerzas Armadas actuaron como garantes de la democracia.[1]

Como dice la Carta abierta de Grietas, estamos ante una democracia de espectáculo. Se amplía el escenario. Los medios actúan como amplificadores de los dos polos de poder. Los medios oficiales hacen propaganda de la “década ganada” y el miedo de perderla en la “batalla de Stalingrado”. Los medios opositores se centran en el relato de la corrupción y el fraude. Las encuestas devienen instrumentos de marketing, la batalla del minuto final. Las redes sociales crean burbujas narcisistas de mensajes cargados de amenazas, ataques y descalificaciones.

El tiempo electoral más que un tiempo de politización, de presentación de propuestas, de programas para fundamentar las opciones, se ha convertido en tiempo de hiper-ideologización, la creación de esferas cuasi religiosas de adeptos, bajo el temor de la condena a los infiernos, el marketing del temor al otro. El sistema electoral desemboca en un campo binario que excluye la posibilidad de otras voces, parecería que no queda sino la disyuntiva del uno o del otro, el bien contra el mal, según el sitio de opción.

Por debajo de las disputas de representación emergen las luchas de la presentación, los juegos de poder. La primera dinámica es la confluencia de las dos opciones en torno al programa de austeridad; no hay diferencias de fondo en torno a las medidas impulsadas en el período de escasez por el régimen de Alianza País ante la crisis: deuda externa, privatizaciones, tratado de libre comercio con Europa, alianzas público-privadas, flexibilización laboral, disciplinamiento de la sociedad. La década de Rafael Correa ha construido una nueva hegemonía, el consenso arriba, en torno a un proyecto de modernización transnacional y a una democracia disciplinaria. Los matices se presentan en la relación con las masas, para captar el afán de cambio. El discurso de la “década ganada” y el discurso del “cambio”, un poco más de Estado o un poco más de mercado.

La segunda dinámica es la distribución de los grupos económicos y de los grupos de poder, nacionales y trasnacionales, entre los dos polos. El retorno de los imaginarios neoliberales empresariales y la reconstitución del viejo poder oligárquico en un lado; y la presencia de un nuevo bloque financiero-importador-rentista, en el otro. La disputa está en la representación: la continuidad de una representación bonapartista-populista, necesaria para superar la inestabilidad y la crisis del modelo neoliberal, una representación por encima de las fracciones y los intereses parciales para entrar en los procesos más avanzados del capital mundial; o si ya llegó el tiempo del control orgánico del poder desde una de las fracciones del capital.

La disputa no está definida. La primera vuelta deja un mapa de tendencias. Alianza País sigue siendo la primera fuerza política, pero con tendencia al declive. CREO cosecha el voto de rechazo a Rafael Correa, se trata más de un voto negativo que de un apoyo.

Resultados de elecciones presidenciales 2013 y 2017 (primera vuelta)[2]Comparación % por provincias

2013

2017

CORREA
LASSO
PE*
MORENO
Variación
LASSO
Variación
Azuay
62,27
16,83
5.04
43,93
-22,34
32,27
+15,44
Bolívar
33,70
27,71
1.29
25,08
-8,62
44,25
+16,54
Cañar
50,40
22,64
1.76
34,37
-16,03
29,32
+6,68
Carchi
52,36
30,07
1.12
38,81
-13,55
25,49
-4,58
Chimborazo
42,01
27,79
3.20
27,64
-14,47
42,13
+14,34
Cotopaxi
46,30
21,24
2.75
30,56
-14,82
32,63
+11,39
El Oro
56,86
28,28
4.07
41,85
-15,01
26,42
-1,86
Esmeraldas
55,91
24,04
3.05
40,57
-15,34
28,06
+4,02
Galápagos
64,23
24,88
0,16
32,49
-31,80
44,99
+20,11
Guayas
63,22
21,24
23.98
38,77
-24,45
21,15
-2,83
Imbabura
57,04
25,86
2,81
43,11
-13,93
25,68
-0,18
Loja
45,33
31,32
3.06
33,02
-12,31
42,00
+10,68
Los Ríos
61,02
17,76
4.97
44,13
-16,89
19,93
+2,17
Manabí
62,81
20,09
9,31
53,99
-8,82
18,13
-1,96
Morona S.
33,53
18,29
0.96
29,01
-4,52
53,76
+35,47
Napo
25,44
18,00
0.64
24,95
-0,49
55,77
+37,77
Orellana
38,89
18,44
0.85
36,01
-2,88
37,8
+19,36
Pastaza
36,30
31,34
0.54
26,44
-9,86
47,77
+16,43
Pichincha
57,97
24,18
17.59
35,29
-22,68
32,2
+8,02
Santa Elena
64,13
20,49
1.87
47,93
-16,20
27,96
+7,47
S. Domingo
57,98
24,29
2.82
40,77
-17,21
29,91
+5,62
Sucumbíos
44,29
18,73
1.07
39,46
-4,83
27,23
+8,5
Tungurahua
43,98
26,77
3.51
28,7
-15,28
37,79
+11.02
Zamora
34, 27
32,03
0.61
29,69
-4,58
46,63
+14,60
TOTAL
57,27
22,68
100
39,35
-17.92
28,10
+5,42
Fuente: Datos CNE                          *Peso Electoral.

En 2013, Correa ganó a Lasso en las 24 provincias; la diferencia final fue +34,59. En 2017, Moreno baja en las 24 provincias respecto a la votación de Correa; la variación final es -17,92. En 2017, Lasso sube en 20 provincias, menos en El Oro, Guayas, Imbabura y Manabí; la variación final es +5,42. En 2017, Moreno gana en 13 provincias, concentradas en la Costa y la Sierra Norte. Lasso gana en 11 provincias, concentradas en la Amazonía (menos Sucumbíos), Sierra Sur y Galápagos. En 2017, Moreno gana con el 39,35 sobre 28,10 de Lasso; la diferencia final es +11,25. La tendencia apunta al debilitamiento de Alianza País y al fortalecimiento de la oposición.

Para la segunda vuelta hay un reordenamiento de los alineamientos políticos. El clivaje izquierda-derecha se debilita por efectos de la disolución de las fronteras ideológicas producida en 10 años de progresismo modernizante bajo el impacto de los procesos de la modernidad líquida global; más bien tienden a consolidarse otros clivajes, continuismo-cambio, autoritarismo-liberalismo.

Hay una tendencia a la reconcentración de la derecha, el primer paso fue el apoyo expresado por el Partido Social Cristiano al candidato opositor en la noche de los resultados de la primera vuelta. AP tiene poco espacio de maniobra en las alianzas políticas y buscará moverse en acuerdos territoriales y sectoriales. No se trata de sumatorias aritméticas. La perspectiva es hacia un resultado estrecho en la segunda vuelta.

El pronunciamiento de Pachakutik, más que una directiva, expresa la tendencia manifestada en los resultados de la primera vuelta: el rechazo a la continuidad de AP y la continuación de la lucha antineoliberal. Muestra la principalización del objetivo de la salida del correísmo, los límites en una salida autónoma, mientras la mayoría se inclina por el apoyo a Lasso.

La tercera dinámica es la creación de un espacio-afuera; un espacio binario entre el gobierno y la oposición, que deja fuera la diversidad de voces que intentan caminos alternativos.  Otra vez enfrentamientos arriba, entre dos polos de poder, entre el continuismo de un régimen que ha despilfarrado la posibilidad de un cambio y ha terminado en una modernización del capitalismo, y la sombra del retorno de un neoliberalismo con arreglos asistencialistas. De un lado, el fracaso de un proyecto que utilizó el discurso de la izquierda para instaurar un régimen de populismo autoritario que administre la crisis y controle las energías transformadoras de los de abajo. Y de otro, el retorno de los intereses empresariales y bancarios.

Diez años de “progresismo” han debilitado los espacios de auto-representación y han construido dinámicas de delegación carismática y de expectativas clientelares. La cooptación de los imaginarios de transformación, para transmutarlos en legitimaciones del orden, ha desarmado ideológicamente a amplios sectores sociales. La irradiación de una forma de vida consumista, centrada en la competencia individual, fecunda el terreno para la entrada de imaginarios capitalistas más avanzados. La ideología del mal menor y de la razón cínica deja abierto el cuerpo social al contagio de las ideologías de la modernidad instrumental, la objetivación del otro y de la naturaleza.

Es un proceso estructural. En el viraje de la segunda etapa, el régimen modificó las razones del neoextractivismo; simbólicamente, en el paso del Plan A al Plan B del Yasuní-ITT se contiene los dispositivos de construcción de la nueva ideología: ya no es la justificación de la competencia del mercado, sino la explotación de los recursos naturales para enfrentar la pobreza; ya no es la política económica, sino la política social la nueva fuente de la justificación.

En estas elecciones vivimos un momento viral de esta transmutación. Ante las denuncias de la corrupción que amenazaban las puertas de los palacios de gobierno, la respuesta de la contra-propaganda oficial jugó en dos direcciones: recordar las corrupciones del otro bando, el mal de la vieja noche neoliberal, para mostrar que la corrupción ya es de todos; y generar una visión cínica – roba, pero hace obras –, la normalización del mal. El Presidente Correa, para defender a sus amigos bajo sospecha, llegó a afirmar que “las coimas no implicaron perjuicios económicos al Estado.” La vinculación de los organismos de control al poder oficial debilita el tejido institucional de la democracia representativa para contrapesos de poder y poder enfrentar la corrupción y la impunidad.

Los problemas reales retornarán con fuerza después de las elecciones. Cualquiera sea el triunfador, el peso de la crisis será trasladado hacia abajo. Arriba la perspectiva apunta a un empate político, en el marco de los nuevos ordenamientos en el Continente. No se trata de un fin de ciclo simple con el paso a la derecha, ni del triunfo del continuismo. Ni Venezuela, ni Argentina; aunque también allí el panorama es más bien el empate catastrófico dinámico.

Surgen voces todavía germinales de una posición autónoma. Allí cobra sentido la alerta de la Carta de Grietas: “Es urgente construir una alternativa que supere los juegos de poder de dominación a la que nos vemos expuestos. Esta vez no vamos a dejarnos posicionar en un callejón sin salida ante el cual nos vemos obligados a elegir entre lo menos malo de los males.” Todavía es más un llamado y un deseo. El reto es buscar cómo concretarlo. La propuesta de auto-convocatorias autónomas abre el cauce. Auto-convocarnos, sin un centro, a juntar las diversas voces en un programa, en un nuevo imaginario y compromiso, que construya desde abajo experiencias y propuestas viables de otros mundos post-capitalistas y post-patriarcal. No es sólo una salida política, sino también una alternativa ética.

Quito, 5 de marzo de 2017

[1] La remoción del General Castro de la Comandancia del Ejército y la sustitución por el General Edison Narváez aumenta la suspicacia.

[2] Con el 99.69% de actas escrutadas