ELIZQUIERDISTALASSO y ELDERECHISTAMORENO Por Atawallpa Oviedo

EL DRAMA EXISTENCIAL DE LAS IZQUIERDAS.

Marzo 29 2017

Los movimientos sociales por 100 años han luchado en el Ecuador por tener sus propias organizaciones e ir conquistando algunos espacios a la “derecha”. Son organizaciones que tienen un recorrido que refleja la lucha social de los pueblos, que con aciertos y equivocaciones son parte de la historia popular.

Así se desenvolvían e iban creciendo día a día, alcanzando paulatinamente mayor presencia e incidencia en la vida política, hasta que el “izquierdista” de Rafael Correa les comenzó a perseguir, criminalizar y extinguir. El correísmo lo tomó como algo prioritario el ataque a los movimientos populares, dedicando sus 10 años en el poder a acabar con la izquierda histórica. No así con la derecha, que siguió rebosante y que más bien veía de lejos y se complacía de que le den haciendo el trabajo que ellos no lo habían podido hacer en toda la vida política. De ahí, que hoy están más fuertes y listos para recuperar el timón.

La “izquierda tradicional” que le puso en el poder a Rafael Correa, al poco tiempo recibió el desprecio y el rechazo del “verdadero revolucionario”; como ya en una anterior ocasión lo hizo el “izquierdista” Lucio Gutiérrez. Por dos ocasiones las izquierdas han sido traicionadas por dos presidentes que se decían sus compañeros de lucha, y a quienes ayudaron a poner en el sitial mayor de la política. Traicionados por quienes se decían de izquierda, y no por la derecha que siempre se les presentó distante y recelosa.

Movimientos populares que lucharon tantos años por abrir los caminos, que creyeron haber llegado al poder con la “revolución ciudadana”, y que pensaron que era su oportunidad de erigirse como los conductores de grandes transformaciones sociales, pasaron de la noche a la mañana al último lugar y a ser los más maltratados y atacados por el gobierno “revolucionario”.

Irónicamente, ni Gutiérrez ni la derecha les había hecho tanto daño como el “izquierdista” de Rafael Correa. Todos los gobiernos les habían atacado, pero ni siquiera el gobierno más duro del derechista de Febres Cordero llegó al nivel del “izquierdista” de Correa, pues si bien también les reprimió fuerte, no llegó al extremo de acabar legalmente con algunas de sus organizaciones y con una serie de derechos conquistados con mucho esfuerzo. Eso quedará para la historia política del Ecuador.

A pesar de esta realidad, hay quienes les piden que voten por el correismo bajo el falaz argumento de que son de “izquierda”. Los movimientos sociales han recibido en carne propia el castigo y les critican por no poner la otra mejilla para seguir recibiendo más ataques. Son gente que se dicen de izquierda, pero son una izquierda cómoda y pasiva que mira de lejos y que no sabe lo que es recibir los golpes del “revolucionario”.

Empero, el “derechista” Lasso ha señalado de que les va a devolver la personería jurídica, el fondo de cesantía, indultar a todos sus presos políticos, retornar el 40% de las aportaciones al seguro social, eliminar el decreto 16 que limitan su organización, recuperar para la sociedad civil -en particular a las comunidades indígenas- las consultas previas para la explotación petrolera o minera, respetar sus bienes y patrimonios, permitir que las ONGs sigan funcionando sin limitaciones para operar, aceptar la entrada al país de Manuela Picq, esposa del presidente de la Ecuarunari, no subir el precio de gas y mantener la gratuidad de la educación y de la salud, etc.

Es decir, nos encontramos ahora, en que paradójicamente el candidato de la “derecha” le promete a la “izquierda histórica” devolverle su espacio para que puedan seguir funcionando a como lo venían haciendo hasta antes de que el gobierno de “revolucionario” les cortara sus alas. No sabemos si lo cumplirá o no, como tampoco sabemos si el gobierno de “izquierda” de Moreno cumplirá sus promesas, pues si en 10 años y con una gran bonanza económica no lo hicieron, por qué creer que lo van a cumplir ahora con un país en crisis.

Sin embargo, lo más probable y lógico es que Lasso lo cumpla, pues no querrá tener a una asamblea de mayoría correista encima, sino que necesitará que le ayuden a hacer contrapeso para intentar equilibrar la balanza. No querrá a millones de correistas y de izquierdas en su contra, sino que buscará o se verá obligado a hacer un gobierno moderado dadas las circunstancias políticas y por la situación económica crítica que deja en herencia el correismo. Ante ello, los correistas asustan con lo sucedido con Macri (Argentina), pero por qué no lo hacen con Kuzynsky (Perú) o Santos (Colombia).

En todo caso, el objetivo de este texto no es reflexionar si Guillermo Lasso va a conseguir crear 1 millón de empleos en 4 años, o si Lenin Moreno va a crear 250.000 empleos por cada año en sus 4 años de mandato. No estamos para ver quien ofrece más y quien cumplirá menos, sino para reflexionar sobre la práctica política y sus definiciones, para ver si hay congruencia entre la retórica y la acción. Si las palabras: “izquierda”, “revolución”, “cambio”, “socialismo”, siguen siendo lo que históricamente han representado, o si han sido folclorizadas, vaciadas, domesticadas, prostituidas. Si la “izquierda” como teoría social se ancla en su esencia o si hoy, a pretexto de “izquierda nueva” o “izquierda moderna”, se ha renunciado al cambio estructural para simplemente reformar el capitalismo. Si del socialismo esquemático y burocrático del siglo 20, hemos pasado al socialismo modernizante del capitalismo e impulsor del estado desarrollista del siglo 21. Si los socialistas del siglo 20 que planteaban la expropiación de los medios de producción y otras medidas estructurales para acabar con el capitalismo, ahora como socialistas del siglo 21 proponen desarrollar el capitalismo nacional y una serie de reformas para avanzar de reforma en reforma a la construcción del socialismo. Si el socialismo del siglo 20 fracasó por múltiples errores, el socialismo del siglo 21 ha vuelto a fracasar repitiendo algunos errores y añadiendo otros, lo que significa que no han aprendido en 100 años y que se siguen dando con la misma piedra.

Si bien este debería ser el debate y el análisis por la izquierda, los intelectuales y la academia, en la práctica se encuentran enfrascados en definir si es mejor el neo-desarrollismo y el neo-institucionalismo de derecha, o él propuesto por la “izquierda nueva”. Y no saben si el correismo es realmente de izquierda o de derecha, o nos encontramos ante dos tipos de derechas. Han caído en la trampa de la posmodernidad, en la que ya no se discute la esencia política de derecha e izquierda o de capitalismo y socialismo, sino cuál de las dos es más privatista o estatista, más liberal o conservadora, más machista o sumisa, más mercantil o pública. Es decir, solo viendo las externalidades o las envolturas para no ver el verdadero condumio que les sustenta.

En términos marxistas, lo que estamos viviendo es la disputa entre la burguesía y la pequeño-burguesía, ahora presentada como una pelea entre derecha e izquierda, una trampa en la que muchos han caído. Estar en el drama de si votar nulo o por la pequeño-burguesía es el nivel de una gran parte de la intelectualidad de izquierda, preocupada por decidir cuál es el burgués “menos malo”.

Reto a los izquierdistas, a los intelectuales, a los académicos que me digan UNA SOLA práctica de izquierda del correismo. Una experiencia de izquierda que no haga la socialdemocracia o la derecha moderada en el mundo y que la haya hecho el “revolucionario” de Correa. O, acaso ya no hay gran diferencia entre la izquierda y la derecha, o simplemente ambos hacen lo mismo pero se diferencian en lo que dicen que harán con los recursos económicos, como por ejemplo con el extractivismo. ¿A eso hemos llegado? A diferencias formales entre izquierda y derecha, en que ya no hay la demarcación clara y profunda como había en el siglo 20 entre socialismo y capitalismo.

La izquierda, la derecha, el banco mundial, el FMI, la ONU, etc. promueven la reducción de la pobreza, la disminución de la brecha entre ricos y pobres. Acaso, todos se volvieron de izquierda, o es que a la derecha y a demás organismos les interesa que haya más mano de obra calificada y mayores consumidores. Luchar por la disminución de la pobreza y no eliminar las causas que la originan, es ser cómplice y encubridor de mantener el status quo antes que un revolucionario que busca transformarlo todo. Buscar tan solo pasar de la extrema-pobreza a la pobreza, o de la pobreza a la clase-media, es tan solo afianzar el capitalismo para que éste se vuelva más dinámico y haya más ganancias para los grupos monopólicos. ¿En esto ha terminado la izquierda?