DEMOCRACIA DE LIBRE JUEGO: FLASHBACK Por Patricio Pilca

Abril 04 de 2017

El día de su posesión como nuevo Presidente de la República del Ecuador, todos coreaban su nombre en el Parlamento Nacional, como si alentasen a un equipo de fútbol en el primer partido de la temporada. Repetían su nombre con gritos ensordecedores que fueron coreados al unísono. Las cámaras no lo perdían de vista, lo enfocan en cada movimiento.

De cabello cano, en su totalidad blanqueado por la experiencia y el trajinar de una vida política y empresarial (que hacia juego con su traje formal), miraba con ojos sagaces, a través de sus lentes, al público aglomerado en el Parlamento. Era la investidura del nuevo presidente.

Nacer en la ciudad de Guayaquil fue uno de los aspectos que marco el rumbo de su vida, le entrego todo a esa ciudad. Tal fue su compromiso que uno de sus primeros cargos públicos fue el de Gobernador de la Provincia del Guayas.

La afición política la compartía con otro de sus grandes ejes vitales: la administración empresarial.

“(…) Cuando uno conoce los problemas del pueblo ecuatoriano, cuando ha administrado empresas, cuando uno ha conducido esas empresas, cuando uno ha organizado grupos humanos, cuando, simultáneamente, ha dirigido varias empresas, de las más importantes del país, uno conoce la tragedia del pueblo ecuatoriano y de su trabajador”.

Este conocimiento corporativo, mencionaba él, le favorecería al momento de reestructurar la economía del país, pues eran necesarios “Decretos económicos urgentes”:

“(…) mientras se reactive la economía del país, que está en crisis, (…) vamos a elevar el salario básico, para que el pueblo ecuatoriano no se muera de hambre. (…) Nosotros vamos a elevar los salarios, tantas veces sea necesario hasta que se nivele la economía”.

La dedicación por la actividad empresarial le llevó a ser Presidente de la Cámara de Industrias de Guayaquil.

Todo se perfilaba para que en el momento preciso muestre sus habilidades empresariales en el campo de la política. En sus primeros encuentros con los medios de comunicación, siempre sostuvo que todo lo obtenido en su vida fue a puro pulso: “Yo toda mi vida he trabajado, estas manos están encallecidas de labrar la tierra, de forjar industrias, de hacer comercio, agricultura y ganadería”.

Inicio su discurso presidencial resaltando su calidad humana ante todo el público parlamentario, tal como hubiese iniciado un personaje que quiere engordar su ego narcisista.

Luego fue al tema político. El público callado, totalmente inmutado, como si el profeta desplegara el verbo necesitado. Decidió iniciar, como casi todos los líderes de viejo cuño conservador, deslegitimando el mandato anterior a partir de la (in)moralidad: “Las inmoralidades han desestabilizado a nuestra república”.

En este punto, resalto la fuerza democrática que se encuentra en el corazón del pueblo, en los sectores populares. Manifestó que su victoria era fruto de la democracia soberana de toda la población, era la expresión de la libertad y el pueblo. Apelaba a la democracia y a las libertades como fundamento de la política, de su política. Parecía un líder salido de los arrabales guayacos que conoce todo del pueblo.

“Soy pues, producto del libre juego de la democracia. Creo en la independencia de los poderes y en la necesidad de que todos respondamos al sentir del pueblo que nos da el mandato. En este recinto cobra vida la democracia que nace de la legítima expresión popular. Se hace realidad dinámica, se agita y se concreta. Sentimos el latir del corazón de la soberanía de nuestro pueblo en esta sala”.

Su discurso era apoteósico, tal como las desventuras venideras, acogidas por fórmulas neoliberales y traducidas en políticas públicas privatizadoras.

“En la banda que me acabáis de imponer, está a más de la majestad del Estado, la responsabilidad confiado por un pueblo que creyó en una oferta honesta, que conjuga los anhelos de justicia con la dramática realidad de nuestra hora, sin recurrir jamás a fórmulas extrañas a nuestra propia idiosincrasia”.

Y volvió sobre el pueblo para resaltar su rebeldía y estirpe guerrera.

“De un pueblo que venció obstáculos que serán lacerantes estigmas para los que imaginaron que la historia puede escribirse con otra fuerza que no sea la de la legítima rebeldía popular. (…) Y que menos podríamos esperar del pueblo ecuatoriano, heredero de las más nobles tradiciones, cuna de la libertad, hidalga estirpe, inscrita en nuestra maravillosa geografía, con las virtualidades de nuestra cósmica raza”.

Con estas palabras iniciaba uno de los gobiernos más sangrientos que ha tenido el país desde el regreso a la democracia, anclándose en ésta como su fundamento principal.

Era agosto de 1984.

 

Fuentes:

https://www.youtube.com/watch?v=s2CkULCWw7M

https://www.youtube.com/watch?v=SoPqpwTSqHI&t=1576s