MORENO TRIUNFA, LA DERECHA NO RECONOCE SU DERROTA Por Santiago Ortiz Crespo

Abril 4 de 2017

Después de un día de tensiones e incertidumbres, se cierra la jornada con el triunfo de Lenín Moreno. 51.15% frente al 48.85% de Guillermo Lasso, con el 95.47% de los votos escrutados y con doscientos veinte mil votos de diferencia.

Lenín de Alianza País subió algo más de un millón de votos desde la primera vuelta, un 12% del electorado. Triunfó en las cinco provincias de la Costa, la región más poblada del país y en tres de las diez provincias de la Sierra, pero perdió en las demás circunscripciones andinas y en cuatro de las cinco provincias de la Amazonia. Su triunfo es resultado de una fuerte campaña sustentada en la movilización popular propia, casi sin alianzas y en un ataque al “candidato banquero”, en donde su principal spot lo hizo el cantante Delfín Quishpe recordando al feriado bancario.

Con este triunfo, Alianza País vence por cuarta ocasión en comicios presidenciales, significativo para un país que tuvo un largo periodo de inestabilidad política. Este triunfo es posible por la “década ganada” y todos los beneficios que ha traído para la población, pero es ajustado por los problemas de los últimos dos años, por la crisis económica, por los hechos de corrupción y el desgaste del discurso gubernamental.

Lasso subió más que Lenín, cerca de dos millones de votos desde la primera vuelta, con triunfos en varias provincias de la Sierra y la Amazonia, pero sus sufragios no fueron suficientes para alcanzar al candidato Moreno. Este candidato reunió sorpresivamente a un vario pinto y heterogéneo conjunto de políticos y votos que estaban en contra de Correa.

Pero más allá de la victoria del oficialismo, el país amaneció el primer lunes de abril polarizado. De hecho, hasta el día siguiente la derecha no reconoce los resultados, dice que los impugnará y busca deslegitimar el triunfo. Quieren sembrar la sensación de fraude, con el apoyo de uno que otro medio privado, tal como lo hicieron en la primera vuelta. La derecha viene de una larga batalla contra hegemónica en donde su principal bandera es la defensa de la libertad de prensa y de la democracia contra “la dictadura”. Por ello la banderilla del fraude les sirve para seguir con su discurso.

En realidad, está en juego no solo un resultado electoral. La derecha busca quebrar el régimen político. Ellos no aceptan los resultados de los comicios ni al máximo tribunal electoral, pues no están de acuerdo con la institucionalidad, ni con el sistema político que se creó hace diez años en la Asamblea de Montecristi, ni con el régimen de desarrollo ni con la inversión social. En realidad, la derecha, aunque dice que es democrática, es poco democrática en sus propuestas y en su práctica. Ellos quieren desestabilizar el poder y para ello utilizaran cualquier mecanismo, desde escándalos mediáticos, quejas a la Embajada, movilizaciones callejeras, hasta propiciar un golpe blando: hoy mañana o traspasado mañana.

Pero hay que reconocer algo: Lasso es neoliberal y del Opus Dei, Páez es un sargento fascista y busca el enfrentamiento violento, pero no todos los que votaron por ellos son de derecha. CREO sumó a fuerzas de diversos signos, desde la derecha a la izquierda, aprovechando el desgaste y los errores de la Revoluciona Ciudadana. En realidad, en ese amplio arco comandado por la derecha hay de todo: desde las bandas neofascistas de Páez, “los aniñados” que no les gusta la plebe, pero también hay sectores a los que les molesta la corrupción o la intolerancia gubernamental, de la que han hecho gala muchos funcionarios de Alianza País. También hay muchos que no quieren que se mantengan los mismos de siempre, esa casta “revolucionaria” que se enrosca en los ministerios. También hay un amplio sector popular y capas medias que están asustados por la crisis económica.

Es evidente que se desgastó un estilo de gobierno que fue practicado durante los últimos años. Cuando Correa arrasó en la primera vuelta del 2013, Alianza País se sintió con las manos libres para hacer sus propias leyes, cerrar los canales de diálogo con mucha gente y construir un partido piramidal poco democrático. Pero ese estilo de subirse al Estado y mirar al pueblo desde arriba ya no funciona. Ese estilo arrogante es el que forma un caldo de cultivo donde la derecha campea desde la sociedad civil. Correa ya se va y ojalá Lenín logre construir una propuesta política democrática que cambie ese estilo vertical de conducción del poder.

Ojalá que la conducción de Alianza País se dé cuenta que con ese estilo no puede gobernar en un país donde algo menos de la mitad está en su contra. Si el gobierno no escucha a la gente, si no cambia y si no se renueva la conducción de Alianza País, seguro que en el corto o mediano plazo irán de picada.

Y esa renovación implica una agenda que comienza con tres palabras: empleo, transparencia y democratización. Es decir, algo que Lenín Moreno ha repetido en varias oportunidades pero que hay que ver si puede llevar a la práctica.

La solución al empleo implica que el famoso cambio de la matriz productiva se haga realidad: es decir, darse cuenta que extraer petróleo y minería y hacer megaproyectos no es suficiente si no se impulsa el empleo para el 40% de la población que vive en el subempleo, sobre todo jóvenes, mujeres y trabajadores del campo y la ciudad.

La solución a la corrupción implica un serio programa que reforme el Estado para que se acabe la impunidad, haya verdadero control y fiscalización, pero que también permita que la gente vigile a sus gobernantes para que estos no crean que los cargos son su propiedad privada.

La solución a la falta de democracia implica que se cree condiciones para un diálogo sustantivo con los actores de la sociedad civil y de otras tendencias políticas. Y ello implica el fin de la política de criminalización de la protesta, una amnistía a los líderes sociales, que se termine con los rasgos de intolerancia y que se haga realidad la participación de las organizaciones sociales, campesinas indígenas, urbanas y rurales.

Pero es fácil decir y es difícil hacer. Cambiar una forma de gobernar jerárquica y vertical por una propuesta democrática, descentralizadora y participativa, es no solo hacer gestos sino ceder poder, renovar las políticas, las formas de organización, buscar nuevas alianzas, de alguna manera dar la vuelta al proyecto de AP. No sabemos si lo podrán hacer. Ojalá. Pues si no la derecha vendrá con furia, con su programa neoliberal bajo el brazo y con banderas negras adelante, como ya se han mostrado en varias ocasiones.